Jueves, 9 de julio de 2015

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Elecciones argentinas 2015: ¿fin de ciclo o continuidad?

La presidenta de Argentina Cristina Kirchner. EFE-Archivo

La presidenta de Argentina Cristina Kirchner. Foto: EFE/Archivo

Un poco de historia

El kirchnerismo tiene una relación pendular con las urnas. Subió en 2003 con solo el 22% de los votos, por renuncia de Menem a presentarse en el balotaje. En 2005 cosechó cerca del 45%. En 2007 Cristina Kirchner alcanza la presidencia con el 46%. En 2009 apenas supera el 33%. En 2011 arrasa con el 54%, en 2013 nuevamente se acerca al piso, con un 34%.

Este vaivén desconcierta a todos, en especial a los políticos de la oposición que a veces parecen tocar el cielo con las manos, como en 2009 y 2013 y otras se arrastran cerca de la extinción. Los analistas sufren el mismo desconcierto. En 2009 proclamaban el fin del kirchnerismo y la frase usual en aquellos días era que el kirchnerismo sería abandonado por los caciques peronistas del interior, intendentes y gobernadores, porque “acompañarán a Kirchner al cementerio, pero no entrarán con él”.

La inteligencia del kirchnerismo le permitió resurgir de las cenizas. Cuando Kirchner perdió en la provincia de Buenos Aires frente al casi desconocido De Narváez, en 2009, renunció a la presidencia del Partido Justicialista y su primer acto fue reunirse en un parque con los intelectuales de Carta Abierta para pedirles que lo ayuden a modificar la conciencia de los argentinos. Al mejor estilo gramsciano Kirchner entendió que había que ganar la “batalla cultural” contra el liberalismo. Que había que reescribir la historia, generar un nuevo movimiento cultural en el cual los jóvenes pudieran militar como en la “vieja alegría” de los años 70.

Reconstruyó así algo casi olvidado: la prepotencia militante, la fe ciega en el Conductor, los cánticos, las consignas, el fervor revolucionario. Obviamente, todo al borde de la locura, como si aun estuviéramos en la Guerra Fría, el Muro estuviera aun firme y Cuba constituyera una esperanza. Esa “espumita” fue acompañada por el más formidable aparato de dominación político- económica que nadie, desde los tiempos de Perón, se atrevió a montar. Y todo cerró al morir, inesperadamente, Néstor Kirchner, en octubre de 2010.

Lo que sigue lo escribí en 2010, apenas sucedida esa  muerte:

“Desde que asumieron en 2003, los Kirchner armaron un relato épico, glorioso, sobre una generación idealista que luego de treinta años accede al Gobierno para cumplir sus sueños de liberación, de redención de los pobres, de dignidad contra los “poderes concentrados”. Su relato halla ahora su culminación perfecta al morir Kirchner. El capital político de esa muerte es incalculable: obviamente se nos escapa a todos los que analizamos al fenómeno peronista. Porque el peronismo es un fenómeno retórico de características teatrales: crea tramas con giros inesperados, que desconciertan  a los analistas. Es lo menos parecido a una socialdemocracia europea- previsible y burocrática-. La capacidad retórica de los Kirchner no les alcanzó, sin embargo, para frenar su caída estrepitosa desde 2008, ratificada en los magros votos del 2009.
Los K eran una especie en desaparición. Ya se hablaba de postkirchnerismo, de neokirchnerismo, de kirchnerismo sin Kirchner.
Entonces llegó, oportuna, la muerte.
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Es obvio que no estuvo planificada, pero bastó que Néstor Kirchner muriera para que alcanzara en pocas horas la estatura de un Mito. Los que hacen cola para despedir sus restos no parecen sus votantes: es la clase media porteña, sus jóvenes universitarios quienes protagonizan esta despedida. En instantes, el Kichnerismo revivió, volvió a la vida gracias a la muerte de su fundador. tweet

Atrás quedaron sus torpezas, sus excesos, sus ostentaciones, sus denuncias desde el atril, sus oscuros negocios, su incapacidad de diálogo, su personalismo cuasi dictatorial. tweet

Ahora solo es paz y justicia lo que se derrama desde el Panteón. tweet

¿Qué significa esto? Tengo el peor de los pronósticos. Creo que Cristina ganará el 2011, creo que todos: el peronismo, la izquierda- menos el ya olvidado Partido Obrero- sindicatos, empresarios, intelectuales, artistas, deportistas se han abrazado en la causa común de darle vida a Kirchner, votando a Cristina. Es cierto que ella no podrá  ser reelegida en 2015, pero 12 años en el poder le bastarán al kirchnerismo para asegurarse una sucesión “indirecta”, vía Scioli o algún otro. tweet

 Ese pronóstico fue certero y ahora nos disponemos a protagonizar el drama de la sucesión, ya decidido que será Scioli su protagonista.

El escenario electoral

El escenario electoral argentino, entonces,  está servido. Todos los actores están en sus puestos, listos para participar en las PASO – las primarias obligatorias- y disponerse, después, para la gran prueba del 28 de octubre.

Hasta no hace mucho el ganador de 2013 sobre el oficialismo de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Massa, aparecía como el enfant terrible que demolería el poder del kirchnerismo. Pero la dinámica política argentina es eso, demasiado dinámica. Y lo que ayer era la renovación, la juventud, el cambio “justo”, hoy luce desgastado, viejo, amarilleando. Su peor error consistió en no diferenciarse  demasiado a Scioli, hablando de cambio suave, no traumático y reconociendo supuestos logros del gobierno. Esto fue polarizando  a la gente, que prefirió  votar a Scioli si se trataba de mantener “lo bueno” o a Macri si preferían terminar con “lo malo”. La audacia que tuvo Massa de romper con el aparato y largarse por libre- y ganar, sorpresivamente- fue continuada por una timidez exasperante.

Mientras tanto, Scioli se dispuso a dormir la siesta esperando que el fruto cayera directamente a su canasta, creyendo que él podía encarnar el Cristinismo sin Cristina.

Pero, insisto, nada es lo que parece en Argentina. Lejos de apostar todo a una PASO entre Scioli y Randazzo- el precandidato  cristinista-, la “Jefa” pateó el tablero y envió a su Escriba Mayor, Zannini, como Candidato a Vicepresidente, en tándem con Scioli.

Rápidamente aprendió Scioli que no existe el Cristinismo sin Cristina. Ella está siempre.

Entre las diversas interpretaciones de esta jugada de la “Jefa” recojo las que me parecen más cercanas a la verdad.

  • Poner a Zannini de Vice, más que un acto de poder es un reconocimiento de que su odiado Scioli- a quien no le reconoce méritos Kirchneristas suficientes- es el candidato imbatible. Que Randazzo no le llegaba ni a la cintura. Ante esta realidad poner a Zannini de Comisario Político de Scioli, además de ser un acto de grosera factura, es una forma de controlar a quien, si bien aparece como fiel perrito faldero, es sospechado de tener un cuchillo bajo en poncho. ¿Scioli es el Cámpora de Cristina? No, por la sencilla razón que Cámpora fue un fusible que se fundió cuando Perón se decidió a romper la baraja y forzar una nueva elección, ahora con él de candidato a Presidente, sin intermediarios. Pero Cristina, simplemente no puede presentarse para un tercer período presidencial.
  • La jugada no terminó bien porque implicaba que Randazzo bajara a la Provincia, a pelear por la Gobernación. El Ministro dijo que no- un extraño acto viniendo de un kirchnerista, quizás para jugar al futuro- lo que puso más que nerviosa a la “Jefa”.
  • Tampoco es bueno el panorama para el Cristinismo en el parlamento, donde difícilmente el bloque oficialista alcance a 100 diputados, lejos del quorum, que requiere 129.
  • Y no es una buena noticia para Cristina que en los principales distritos del país – Capital, Santa Fé, Córdoba y Mendoza- no gobernará ningún peronista cristinista, sino opositores de diversas fuerzas.
  • La renuncia del General Milani parece incluirse en este módico fin de ciclo (que no es tan apabullante como la prensa opositora pintaba hace unos meses, pero que tampoco es inexistente, como insisten los oficialistas). Su prontuario no es aconsejable en épocas electorales.

La Argentina de 2016 en adelante, entonces,  no será una estancia manejada por la patrona y su capataz. Habrá que negociar en el Congreso, con gobernadores de otro palo y con jueces con ganas de revancha.

Números

Se insiste, en diversas encuestas, en que Scioli no termina de alejarse: unos seis puntos lo separan de Macri, por lo cual una segunda vuelta parece ser inevitable. Ni Cristina ni Zannini parecen haberle provisto de lo esencial en estas cuestiones: votos. Él es el proveedor de votos, los otros le proveen sustento político.

Pero para ganar parece ser inevitable que  Scioli muestra un atisbo de “independencia”, de “peronización”, de afirmación de lo peronista frente a lo kirchnerista. Nadie imagina a Scioli pegando un golpe en la mesa y poniendo condiciones. Pero si quiere ganar necesita ampliar la base de sustentación, alejarse del núcleo duro que no le aporta votos, ensayar ciertos gestos. Como el que protagonizó en La Rioja. Dijo allí que saludaba  cariñosamente a Carlos Menem (el diablo, para el kirchnerismo) quien fue su padrino en el ingreso a la política. Ese pequeño gesto de independencia es seguramente un guiño para el 25% de menemistas que aún perduran, con su sueño de privatizaciones y desregulaciones.

La característica plurideológica del peronismo renace con Scioli. Con Cristina el “modelo” se había hecho ferozmente chavista, de izquierda, antiimperialista. Con Scioli pareciera que comienza un leve giro a la derecha. La inefable fórmula Scioli (el menemista) – Zannini (el maoísta) intenta cubrir, entonces, desde los neoliberales privatistas hasta los seguidores de Maduro y las FARC.

Cabe tan solo averiguar si el electorado argentino es lo suficientemente esquizofrénico como para aprobar esa unión contra natura.

Esteban Lijalad

Autor: Esteban Lijalad

Sociólogo (UBA, 1972). Investigador de Opinión Pública, procesos de mercado y Comunicación Social. Experto en investigación social mediante el uso de encuestas. Titular de las consultoras Aresco (1984-87), Equas (1987-1991), Sofres Ibope (1991-1993) Consultora Tesis (1993-2003). Asesor del Ministerio de Educación de la Nación (Argentina), Área de Evaluación de Calidad Educativa (1996-1999). Consultor PNUD ARG 97/025 (2002-2004). Docente de la Universidad Nacional Tres de Febrero, en la Maestría en Generación y Análisis de Información Estadística (2003-2004). Actualmente Director del GOP, Grupo de Opinión Pública de Comunicaciones Sudamericanas S.A. (http://consultoracs.com/cs/gop/)