Lunes, 14 de marzo de 2016

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Elecciones en BPS

Ayer, último domingo de marzo, tal como indica la ley, se realizaron las elecciones de los directores sociales del Banco de Previsión Social.

Pese a que el Poder Ejecutivo remitió un proyecto para evitar elecciones en el BPS cuando no hubiere multiplicidad de candidatos, ese proyecto no fue aprobado y, consecuentemente, las elecciones se realizaron a la forma antigua.

So pena de una multa que probablemente sea–como lo fue en el pasado–exonerada a posteriori, activos, pasivos y empresarios fuimos convocados obligatoriamente a una instancia con poco atractivo. Esta vez sí había competencia tanto en activos como en empresarios, pero el resultado no difiere en gran medida del observado en las anteriores.

Cuando escribimos este editorial, con un 85% escrutado aproximadamente, los votos en blanco y anulado superan a los de la lista ganadora. Eso muestra la falta de credibilidad que tienen estas elecciones. Un número de votos anulados y en blanco más de diez veces superior al que se registró en las últimas elecciones nacionales demuestra la apatía de la población respecto a este acto eleccionario en concreto.

Al existir competencia electoral, especialmente en activos, se registraron perturbaciones similares a los de las elecciones nacionales. Los más notorios fueron la inexistencia de listas de la oposición al candidato oficialista del PIT-CNT en muchos circuitos y la destrucción de muchas listas de esta misma opción en otros.

Los uruguayos supimos ser muy respetuosos de la elección de nuestros conciudadanos. Ya no lo somos. Existen grupos activos y organizados que buscan torcer la voluntad del votante, haciendo que la lista por la que prefiere optar no esté presente en el cuarto secreto (hoy convertido en mostrador más o menos protegido). Asimismo, la falta de organización de la lista alternativa, carencia de delegados para reponer las listas y, en general, un ambiente de improvisación hicieron que la opción opositora tuviera mucho menos votos de los que hubiera podido cosechar en otras circunstancias.

Nuestro sistema electoral es muy bueno, como en su momento lo fueron el uso de tinta china en pergamino, pero igual de obsoleto. Eso alienta a los proponentes del voto electrónico que olvidan el desastre que fue cuando se empleó en elecciones pasadas. Más importante, olvidan que todo lo que se registre y transmita por vía electrónica es controlable y modificable por personajes nefastos con intenciones aviesas y conocimientos informáticos adecuados.

No sería difícil introducir modificaciones simples en el proceso, que permitan respetar el voto del ciudadano sin caer en los errores registrados ayer.

El voto no obligatorio, como ha sido presentado en un proyecto por el Senador Pablo Mieres, es ya una necesidad imperiosa. Ni que hablar que es ridículo no hacerlo cuando hay candidatos únicos. Pero es también necesario cuando hay más de un candidato, ya que ello les llevará a tomar en serio el proceso, generar una infraestructura apropiada para competir, o directamente abstenerse de hacerlo. Cientos de miles de uruguayos desinteresados verán tal modificación con agrado.

La simplificación del proceso, permitiendo marcar con una cruz la lista o candidato por el que se vota, sería también un avance. Máquinas como las que hay en los bancos, que permiten al usuario navegar por una serie de opciones y finalmente imprimen un ticket con la opción preferida, pueden reemplazar a las listas impresas en papel en el circuito. Al no ser posible destruir las opciones del adversario, impediríamos uno de los defectos constatados ayer. Asimismo, no habría necesidad de infraestructura importante para las listas, el correcto funcionamiento de las máquinas podría chequearse a priori y en situ si fuera necesario y conservaríamos todas las garantías previas–identificación correcta del votante único–y posteriores–anonimidad del voto, seguridad del resultado–que caracterizan a nuestros actos eleccionarios.

Lo esencial es que debemos tener ideas mínimamente innovadoras, que corrijan los errores y absurdos ya constatados, sin internarnos en un territorio ignoto de voto electrónico, donde una de nuestras señas de identidad puede irse al garete.

Y, mientras tanto, tres nuevos directores sociales, con aproximadamente el mismo poder de decisión en el BPS que un niño de cinco años en un hogar, volverán a desempeñar las desconocidas tareas para las que fueron nombrados por un poco más de la mitad de los votantes.

Admin Telescopio

Autor: Admin Telescopio

  • Graciela

    Excelente idea la de imprimir el voto en el momento