Miércoles, 5 de abril de 2017

MENU

Empleo público 2: en las intendencias dos de cada tres nuevos empleos fueron por designación directa

Cuando hablamos de empleo público casi siempre ponemos el foco en el estado central. Poco se habla del empleo público en las intendencias, siendo que en este ámbito donde frentistas, blancos y colorados tienen responsabilidades de gobierno.

En una reciente disertación en el seminario Estado y Gestión Pública, organizado por la Cooperación Andina de Fomento, la profesora Merilee Grindle de la Harvard Kennedy School hizo referencia a la importancia en la modalidad de ingreso a la función pública. Presentó una escala con valores que van de 0 a 5, donde 0 equivale a la existencia de un modelo discrecional para el nombramiento de funcionarios y 5 a un modelo meritocrático. En esa escala ubicó a Uruguay en el nivel 2, junto a Venezuela, México, Argentina y Colombia. Esta breve mención sirve para dar cuenta de la importancia que tiene el servicio civil, en tanto dimensión que afecta directamente la calidad de la burocracia pública. Por lo general los estados patrimonialistas, suelen aplicar mecanismos sumamente discrecionales, ya que los partidos hacen del empleo público un botín a repartir a cambio de los votos. En criollo los partidos se transforman en una agencia de colocación. En cambio, los estados burocráticos, más weberianos, establecen estructuras de servicio civil que inhiben este tipo de comportamientos, porque justamente aspiran a profesionalizar la gestión.

 

Intendencias y empleo público

En el año 1995, según registros de la Oficina Nacional de Servicio Civil, existían 39.180 puestos de trabajo en las intendencias. El 98% de esos puestos eran de función pública (presupuestados, contratos permanentes, zafrales, eventuales), en tanto el otro 2% otros tipos de contrato (becarios, arrendamientos de obra, pasantes). Durante los cinco años posteriores se da un proceso de crecimiento de los empleos en las intendencias. Esta dinámica iba a contrapelo de lo que sucedía en el estado central, donde en la mitad de los 90’ se manifestaba una reducción del empleo público[1]. Pero hacia el año 2003 se aprecia una caída considerable en la cantidad de vínculos laborales de las intendencias. Posteriormente, vemos un crecimiento sostenido tanto de los vínculos de función pública, como de otros tipos de vínculo. Hacia el año 2015 vemos un leve descenso en la evolución (Gráfico 1).

grafica empleo 1

Fuente: Oficina Nacional de Servicio Civil.

 

Las modalidades de contratación

En la pasada columna de opinión daba cuenta que, a nivel de administración central, entes y servicios descentralizados, se había llegado para 2015 a un 50,8% de nombramientos por concurso. En 2010 ese guarismo era del 45%. La realidad a nivel departamental es muy distinta. Como puede apreciarse en el Gráfico 2 la modalidad predominante en el acceso al empleo público se da en su gran mayoría por “designación directa”. En los años 2014 y 2015 prácticamente dos de cada tres vínculos fueron por esta modalidad. Pero incluso hay departamentos donde el ingreso por designación directa tiende a superar el 90% del total al año 2015. Son los casos de Artigas, Cerro Largo, Durazno, Lavalleja, Rivera, Soriano y Treinta y Tres.

En tanto, la modalidad de concurso ha sido mayoritaria en algunos años, pero sin imponerse como una norma. Los departamentos que presentan una mayor proporción por esta modalidad son: Montevideo, Colonia, Florida, Maldonado y San José.

grafica empleo 2

Fuente: Oficina Nacional de Servicio Civil. *Otro En esta categoría se agrupan reincorporados de las Fuerzas Armadas, excedentarios reincorporados, entre otros

 

Volviendo al gráfico 2, resulta llamativo que la designación directa tiende a prevalecer próximo a los años electorales departamentales (2010,2014 y 2015). No obstante, no tenemos una serie de datos  lo suficientemente larga como para corroborar la existencia de un patrón.

A menudo escuchamos hablar de que la pauta por el cual las personas ingresan a la función pública ha cambiado y se ha profesionalizado. Sin embargo ese parece ser un diagnóstico a medias. Este paneo es muy general, pero ofrece indicios que indican lo contrario. Persisten ciertos vicios clientelares y patrimoniales que pautan la competencia política en el nivel sub nacional. Difícilmente se pueda extirpar una práctica tan naturalizada en la política uruguaya. Pero podríamos asumir que estamos bastante lejos del modelo meritocrático, y quizás de ese modo, sumar voluntades para establecer una legislación más robusta.

 

 


 

[1] Puede verse mi anterior columna donde se analizó el empleo público en estado central, entes autónomos y servicios descentralizados. http://eltelescopio.com.uy/fuerte-crecimiento-del-empleo-publico/

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.

  • Gladys Echegaray

    Es una verguenza que siga pasando esto en Uruguay. Hay que establecer el concurso obligatorio para el ingreso en todos los cargos.Hay que mejorar el nivel de todos los empleados y mantener los eficientes y eficaces en su gestión. La gente está cansada de ver funcionarios incompetentes en diferentes reparticiones del Estado. Hay lentos que trabajan a medio ritmo, conversan con sus compañeros, mientras hay una cola de gente esperando, se equivocan, dan mala informacion, etc y no se hacen responsables de nada. Tampoco hay supervisión. Siga el baile, siga el baile.

  • Heber Melgar

    Pero cuando aguien es capacitado y bueno en lo que hace, es tentado por los mejores salarios de otros empleadores. Y se va. Y los que se mantienen son aquellos generalmente de mediana capacidad. No sirve el concurso para el ingreso, sin un adecuado salario que pueda competir con otros empleadores. Y el Estado siempre paga mal, salvo en cargos de confianza. La reforma pasa por limitar drásticamente la designación de cargos de confianza, mejorar salarios públicos y restablecer una verdadera carrera administrativa en todo el Estado.