Domingo, 2 de abril de 2017

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En defensa de la mujer política (y el hombre)

“Tanto se padece por exceso de goces como por defecto. No es poca dicha atinar con el justo medio… Por el contrario, la moderación es fuente de larga vida“.
Las palabras que Shakespeare pone en boca de Nerissa en la Escena 2a. del Mercader de Venecia parecen aplicables a lo que sucedió en la sesión del Senado que aprobó la extensión de la ley de cuotas sin plazo.
Todos los presentes estábamos de acuerdo con la ley que establece la obligación de que cada tres candidatos uno sea de género distinto.
El proyecto original había sido presentado por la entonces Senadora de nuestro Partido, Martha Montaner, que falleciera hace un año.
Se aprobó por unanimidad.
Sin embargo, quizás bajo la influencia de la enorme movilización del 8 de marzo, se realizaron algunas afirmaciones que deben llamar a la reflexión.
Algunas señoras Senadores expresaron cosas como que las mujeres “aportan una mirada mucho más humana que los hombres a la política“.
También señalaron que las mujeres “dialogan de otra forma“, “creen en el consenso y no en la supremacía del ego“ como los hombres. Las mujeres “demostraron que hay otra forma de hacer y entender la política“.
A su vez se expresó que “no hay que analizar “si las mujeres tienen capacidades para la política, la resolución de problemas o para tener gobiernos eficientes y buenas gestiones“.
Ello porque “hay cosas que solo se pueden representar con el cuerpo“ puesto que las ideas las puede representar cualquiera pero “las mujeres nos representamos con el cuerpo“.
Para terminar expresaron que para los hombres “la política tiene un componente libidinal poderoso“ dado que “el poder es un objeto de deseo para los hombres y las mujeres viven todavía la política como un sacrificio“ y “no como un deseo“.
Para la mujer “no forma parte de su cálculo de felicidad ser presidente de la República“ mientras que “los hombres sufren más que las mujeres la pérdida posible de un beneficio que lo que disfrutan uno que se les agrega“.
Cabe señalar que no fueron todas las señoras Senadoras quienes se expresaron en estos términos pero si varias.
Un señor Senador les salió, con altura, al cruce.
Señaló, con acierto, que “aquí no estamos en una suerte de dicotomía entre una sociedad de mujeres versus una sociedad de hombres sino en una sociedad que contemple igualdad, equidad e inclusión, porque este no es un tema matemático“.
Es que corremos el riesgo de pasar de un sistema que pone obstáculos a la participación de la mujer en la política a uno que incurra en excesos.
Si se plantea la cuestión como un enfrentamiento entre la mujer y el hombre se cometerá, de nuevo, un error.
Existen mujeres buenas y mujeres malas, así como existen hombres buenos y hombres malos. Mujeres con más capacidad, talentos y virtudes y mujeres con menos. Hombres con más capacidad, talentos y virtudes y hombres con menos.
El tema no es si se trata de un hombre o una mujer sino que no se establezcan inhibiciones, trabas o lo que sea que lleven a que se discrimine a un ciudadano por ser mujer u hombre.
Como eso no es posible hoy, es que se vota esta ley. Si no existieran obstáculos ella no sería necesaria.
Va de suyo que se debe dar a todos, hombres y mujeres, las mismas oportunidades de competir por la preferencia del elector, de representarlo.
De ahí que plantear este tema con el fundamento de que las mujeres no sufren la supremacía del ego como los hombres, o que creen en el consenso a diferencia de estos, o que no están enamoradas del poder como los integrantes del sexo masculino es una equivocación.
Como lo es sostener que a las mujeres solo la pueden representar las mujeres o, lo que es lo mismo, que a los hombres solo los pueden representar los hombres.
A mi me representan y muy bien muchas mujeres.
Me representó la propia Martha Montaner cuando fue Secretaria General de mi Partido (la primer mujer en asumir la máxima conducción de un Partido en el país) y me representan las diputadas actuales de mi Partido (que son el 41% de la totalidad del Partido Colorado en la Cámara de Representantes).
Cuando trabajé por el proyecto de ley de extensión de la cuota y lo voté afirmativamente representé “con mi cuerpo“ a los hombres y mujeres que me pusieron en el Senado. No a los hombres solamente.
Como lo hago en cada proyecto de ley en que trabajo.
Volver a plantear el tema como un enfrentamiento entre las condiciones de la mujer y la del hombre es incurrir en el error que tratamos de subsanar hoy.
Como dice la Constitución nos deben diferenciar nuestros talentos y virtudes no ser mujer u hombre.
Plantear el tema en los términos de que unos por ser hombres tenemos más ego, estamos enamorados del poder, tenemos un componente libidinal en la política y otras son las que recurren al consenso, el diálogo, no tienen cálculos de felicidad en esta actividad, no parece ser el camino.
Tampoco lo es afirmar que hay cosas que sólo las mujeres pueden representar o que estas tienen una mirada más humana.
Ello, a mi juicio, constituye un exceso que, como decía Shakespeare no apunta al justo medio.
Ese justo medio que según Aristóteles constituía una virtud y al que todos debemos apuntar pese a que el péndulo, en su retorno al medio, se pase para el otro lado.
Pese a esto, con ecuanimidad y respeto, seguiré trabajando para que las mujeres que quieran dedicarse a la política no encuentren obstáculos por su condición de tales sino que tengan las mismas oportunidades que los hombres.
Intentando representar a todos los ciudadanos, en forma humana, tratando de dominar ese ego que todos tenemos dentro, sin enamorarme del poder y siendo consciente de mis limitaciones.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 57 años.

  • Yuly Andrea Rodriguez

    Felicitaciones SR Pedro Bordaberry de nuestro hermoso PARTIDO COLORADO yo como mujer opino igual tenemos los mismos derechos que un hombre en poder opinar y también de llevar un país adelante .VIVA EL PARTIDO COLORADO