Miércoles, 23 de marzo de 2016

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En las puertas del “que se vayan todos”

Las crisis de institucionalidad suelen venir acompañadas de un problema de legitimidad, esto sucede cuando el electorado quita confianza al gobierno que eligió. Un gobierno es elegido por un mayoría, lo que no quiere decir que es elegido por unanimidad. Por tanto si una parte del electorado no eligió al gobierno por considerar que no era el adecuado y además una parte de los que si lo eligieron están descontentos, obtenemos una nueva mayoría pero de desconformes, que se traduce en perdida de confianza y deriva en la falta de legitimidad del gobierno.

Nueva Mayoría fue parte del nombre del Frente Amplio en 2004 cuando se alzo con la victoria del gobierno y no hacia más que reflejar una mayoría desconforme con un gobierno agotado por una gran crisis y un estado de crisis. La crisis en si deriva en síntomas visibles como lo son la inflación, el desempleo y el aumento de la pobreza; pero el estado de crisis es un clima creado y reproducido por actores interesados en que este estado de crisis alimente a una crisis es como crear los síntomas y por tenerlos creer que se tiene la enfermedad. El primer concepto es objetivo y el segundo subjetivo.

En Argentina se dio el fenómeno del “que se vayan todos” aludiendo a los políticos y a algo más grande que se le da el nombre de clase política, como si de una casta se hablara. En Uruguay en la misma época no prendió con efecto esta frase porque había una alternativa, entonces el Frente Amplio alimento la crisis económica con un estado de crisis, sin medir las consecuencias institucionales que podía tener pero dejando margen para mostrar que todavía quedaba una esperanza, la del gobierno frenteamplista.

Hoy a poco más de 11 años de aquel hito que dio ganador al Encuentro Progresista, Frente Amplio, Nueva Mayoría en primera vuelta se reabre el debate de la crisis versus el estado de crisis y como este fenómeno puede derivar en un problema institucional por falta de legitimidad de un gobierno.

En 2004 había una alternativa, pero al día de hoy las alternativas están agotadas y en un sistema político tan partidocrático valga la redundancia donde los partidos son tradicionales, muy arraigados y el centro del sistema se ve difícil el surgimiento de un nuevo partido que compita con chances reales de ser una alternativa y triunfar, por lo menos en el futuro mediato.

Si es posible el surgimiento de sectores dentro de los partidos fundacionales que logren canalizar el descontento que pueda generarse a partir de una crisis y sobre todo de un estado de crisis. Porque la historia da muestra que los sectores tienen más peso que los partidos y que estos son meros lemas históricos que cobijan dentro de si un abanico ideológico bastante amplio.

Si pensamos en temas como seguridad y educación es claro que transitamos una crisis, pero si esta no se asocia con el poder adquisitivo de los ciudadanos no es tan sentida. Los constantes aumentos de precio, entre los que se destaca la suba desproporcionada de tarifas publicas para intentar sanear el déficit fiscal, las perdidas millonarias de negocios como PLUNA y ANCAP, los nuevos precios del boleto capitalino y los boletos interdepartamentales, estos últimos que afectan la vida diaria del ciudadano; sumado al deterioro económico regional donde Brasil no da signos de recuperación mediata, configuran un estado de crisis que puede alimentar el fantasma de la misma.

Si las condiciones sociales están desgastadas y la economía da señales negativas lo esperable es que el gobierno intente mantener un orden que evite mostrar que el estado de crisis llego a las filas de la administración. El caso constatado es otro, donde antes tenían el manual para alimentar el estado de crisis, hoy no tienen el manual para internamente taparla u ocultarla, es como si por efecto bumerang la bomba hubiese explotado donde salió.

La polémica por el titulo que no existe del vicepresidente deja en jaque a un gobierno que, paso a paso, pierde legitimidad. Si esta se traduce en niveles de aprobación la realidad ya esta constatada por mediciones recientes. La responsabilidad de evitar los problemas institucionales radica en el gobierno, es este quien debe censurar las conductas inadecuadas y dar el ejemplo. Dar el ejemplo reordenando las empresas publicas a partir de constatar graves errores de administración. Y es responsabilidad del gobierno transparentar y mostrar que se tiene el control. Hoy los hechos por si solos alimentan el estado de crisis y son caldo de cultivo para quien hábilmente decida aprovechar y capitalizar el descontento.

Christian Nieves

Autor: Christian Nieves

Politólogo (FCS-UdelaR) y Técnico en informática. Consultor en política 2.0, diseñador de sitios web políticos y empresariales. Ha participado en diversos seminarios nacionales e internacionales de acceso a la información pública, gobierno abierto, software libre y código abierto. Actualmente investigando y trabajando sobre información pública, transparencia, gobierno abierto y gobierno electrónico. Socio fundador de Uruguay ATP una organización que tiene la transparencia y la participación como ejes fundamentales para aportar a la toma de decisiones informadas.