Miércoles, 4 de abril de 2018

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Enredados

En lo que va del año, una serie de robos, asaltos y asesinatos han venido a confirmar que vivimos en una sociedad cada vez más violenta.

Algunos se conforman con que no lo es tanto comparada con otras, cuando es evidente que estamos indudablemente peor si nos comparamos con nosotros mismos.

No importa el lugar, la hora ni las precauciones que se tomen, todos somos potenciales víctimas de delincuentes que obran con una creciente actitud de impunidad.

Muchas son las causas de una situación que a todos nos preocupa. Diagnósticos sobran.

Pero el problema se acrecienta, por lo que cabe preguntarse si se está haciendo todo lo necesario para revertirlo. Porque es claro que cualquier solución pasa por la implementación de políticas públicas consistentes y persistentes.

Pero al mismo tiempo, muchos de quienes con razón se sienten víctimas de esa situación de violencia, se comportan y conducen con intolerancia en el relacionamiento con los demás.

No son pocos los que interaccionan y reaccionan con violencia verbal, gestual y aún física ante situaciones cotidianas y nimias.

Esa falta de empatía que caracteriza al comportamiento intolerante, la vemos reflejada en el tránsito y en el espacio público pero también y fundamentalmente en las redes sociales, medio de expresión por excelencia dada su accesibilidad y alcance.

Basta leer los comentarios a una notica de cualquier medio o a un posteo de un particular, para calibrar hasta qué punto parece que hemos perdido nuestra capacidad de debatir con respeto, de opinar sin descalificar y sobretodo de reflexionar antes de escribir, publicar o reenviar algo.

Es como si en las redes, cualquiera de ellas, nos permitiéramos hacer y decir lo que no nos atrevemos a decir y hacer en otros ámbitos, sin advertir que lo que publicamos en ellas dice mucho más de nosotros que lo que podamos describir o decir sobre nosotros.

Y lo más grave es que muchas veces parece que no somos conscientes de ello e incurrimos en conductas que cual círculo vicioso contribuyen a mantener cuando no a acrecentar y profundizar el problema.

No es fácil establecer una relación directa entre estas actitudes reñidas con la convivencia social y los actos de violencia de carácter delictivo, pero no es descabellado pensar que la violencia verbal y más aún la física pueden derivar en ellos.

Por todo esto, es necesario que en tanto seres racionales tomemos conciencia del problema y actuemos en consecuencia, asumiendo una actitud que contribuya a revertir la situación planteada.

No hay excusas por asumir conductas reñidas con los principios y valores que toda sociedad humanista y democrática, como la uruguaya, transmite y promueve.

A diferencia de la violencia delictiva, cuya solución depende de las medidas que adopten las autoridades de gobierno, revertir el clima de intolerancia social pasa fundamentalmente por la actitud que asuma cada uno de los integrantes de la sociedad.

Pasa por cosas tan sencillas como no incurrir en descalificaciones o en agravios personales, no reenviar o retuitear contenidos sin examen crítico alguno, no hacernos eco de cadenas de mensajes cuya única finalidad es probar nuestra falta de criterio o no desnaturalizar grupos de whatsapp.

Ninguna de esas prácticas implica debatir, ni contribuye a generar opinión.

Ninguna de esas prácticas se corresponde con la conducta que se espera de las buenas personas y de los buenos ciudadanos.

Convencido como estoy, que en materia de expresión del pensamiento la libertad siempre será preferible al mejor intencionado de los controles o cortapisas, parece claro que la solución a esta “pandemia” solo podrá venir a partir de un cambio de actitud que nos lleve a asumir que además de tener el derecho de expresarnos y opinar, tenemos la obligación de hacerlo con respeto y responsabilidad.

José Garchitorena

Autor: José Garchitorena

Abogado y funcionario. Actualmente es Ministro de la Corte Electoral. Integró el directorio de UTE entre 2010 y 2012. Miembro electo de la Junta Electoral de Montevideo (2000-2005). Integrante de la Asamblea del Claustro de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de la República entre 1987 y 1989. Afiliado al Partido Colorado desde 1983, fue Prosecretario General del mismo. Es miembro de diversas instituciones culturales y sociales. Colaborador de diversas publicaciones periodísticas. Es autor de los libros Manual Práctico de Derecho Electoral Uruguayo y de Historia de un mito, las elecciones de 1971 y la denuncia del Partido Nacional.

  • Walter Maggio

    CONCUERDO CON LO QUE LEEMOS Y UTILIZO EL FINAL: “Convencido como estoy, que en materia de expresión del pensamiento la libertad siempre será preferible al mejor intencionado de los controles o cortapisas, parece claro que la solución a esta “pandemia” solo podrá venir a partir de un cambio de actitud que nos lleve a asumir que además de tener el derecho de expresarnos y opinar, tenemos la obligación de hacerlo con respeto y responsabilidad”, QUE PUEDO ACHICARLA POR LO QUE HA DICHO: ““Lo más atroz de las cosas malas, de la gente mala, es el silencio de la gente buena. Gandhi, Y CREO QUE LA EXPLICACION A: “.En lo que va del año, una serie de robos, asaltos y asesinatos han venido a confirmar que vivimos en una sociedad cada vez más violenta”, ESTA EN EL FRACASO DEL REGRERO DE LA dea AMERICANA AL URUGUAY, DESPUES DE 15 AÑOS DE AUSENCIA PARA EL CONTROL DE LAS BANDAS DE NARCOS, EN EL AÑO 2012 EN EL DESGOBIERNO DEL TUPA mujica.

  • Manuel Patrón Mederos

    Empatía con el delito

    Los gobernantes de ahora—y también los de antes—me agreden a diario con violencia verbal de todo tipo y color.Y no en las redes sino paseándose por cuanto medio de comunicación que les abra las puertas.

    Reaccionan con violencia cuando publican mis datos personales a través de un medio público que lee todo el país y luego amplifican los demás medios privados.Alguno de ellos,es más realista que el rey y me califica de “sujeto” afirmando que tengo un “prontuario”.

    Me agravian cuando me espetan que yo,que soy la víctima,soy el culpable de ser robado o de estar muerto.
    Me vuelven a agraviar cuando me dan cursos para entregar el fruto de mi trabajo a los delincuentes en vez de enseñarme a defenderme de ellos.

    Me toman el pelo cuando en un juzgado no me permiten durante dos años leer un expediente y me lo entregan luego de ser archivado.Me vuelven a insultar cuando constato que lo archivaron sin cumplir con las diligencias ordenadas por la propia sede.Y como la sopa está rica y es nutritiva,me vuelven a agraviar cuando también constato que la sede tachó los números de las fojas del expediente escribiendo en su lugar otros números que no coinciden con los primigenios.No se sabe si para escamotear alguna foja o para agregarle alguna “trucha”.

    Ahora y también antes,acomodan parientes,dilapidan con jolgorio los dineros públicos y dan préstamos millonarios a los amigos sin garantías suficientes.Pero resulta que cuando necesito un medicamento que cuesta 156 mil pesos y con él me va la vida me lo niegan porque,dicen,sale caro.

    Me faltan el respeto y se mofan de mí cuando una Seccional Policial “cajonea” una denuncia.Como soy tolerante ni se me ocurre pensar que se hizo por estar en connivencia con el delito.Seguro que se traspapeló,pienso.El juzgado debe haber pensado lo mismo que yo porque no realizó ninguna investigación.Ni se me pasa por la cabeza que el juzgado actuó con negligencia y desidia,en la mejor de las hipótesis.

    Pero como soy un gobernado y los gobernados deben dar el ejemplo a sus gobernantes y no al revés,reflexiono mucho antes de escribir y opino sin descalificar.
    Incluso,para que no queden dudas de la responsabilidad con la cual escribo,lo hago con mi nombre y no me escondo detrás de ningún seudónimo.◘