Lunes, 7 de noviembre de 2016

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Entre la época y los ciclos

Las épocas históricas son difíciles de reconocer hasta que terminan. El Renacimiento fue identificado como tal sólo en forma retrospectiva.

Lo mismo puede decirse de los años inciertos que preceden a cada era y hasta donde tuvieron influencia temporal. La razón es simple: nadie puede conocer si los acontecimientos problemáticos o prometedores son una expresión solitaria o si van a representar una tendencia de largo plazo.

Una preocupación similar en lo relativo a las tendencias que discurren actualmente ha comenzado a surgir en nuestro tiempo y comienza a inquietar a los analistas de variadas disciplinas.

La amplitud y la aceleración de las transformaciones cruza a la mayoría de las actividades sociales, políticas, económicas y culturales mientras algunos especialistas entienden que una nueva época se nos viene encima.

El modo de producción ha cambiado y el conocimiento se ha convertido en su factor principal. La idea de la naturaleza tal como la conocíamos hasta ahora con su dosis de racionalismo y mecanicismo ha sido puesta en jaque por la biotecnología que brinda nuevas y ampliadas posibilidades de producir y reproducir la vida de acuerdo a nuestros objetivos.

Mientras los sistemas de información están creando una inteligencia artificial universal, las identidades están cambiando en forma aleatoria sin poder establecer un rumbo previsible.

No se pueden entender las múltiples transformaciones de las sociedades contemporáneas con un exclusivo enfoque disciplinario ya sea éste político, social, económico o cultural. Se imponen las visiones interdisciplinarias para poder enfrentar a la complejidad de nuestro mundo.

Si bien aún predominan ciertas orientaciones para examinar los fenómenos complejos que tienen extendido prestigio – como sucede con el economicismo – y su utilidad para abordar problemas de gran interés inmediato para las sociedades, sus recomendaciones van cediendo ante la interacción de una suma de factores azarosos y ubicuos que nos muestra la nueva realidad.

Las teorías de sesgo determinista no pueden explicar satisfactoriamente el comportamiento de las sociedades contemporáneas ni pueden dar cuenta de los fenómenos que se están produciendo, pero, a su vez, no tenemos todavía modelos alternativos satisfactorios.

Y el actual pensamiento económico padece los avatares de estos acontecimientos de alta fluidez y desconcertante sentido final.

Larry Summers profesor de Harvard y ex secretario del tesoro estadounidense nos advertía que la naturaleza de la macroeconomía había cambiado dramáticamente desde la crisis del 2008.

Sostenía que ahora en lugar de ocuparnos con pequeños ajustes para estabilizar la economía alrededor de ciertas tendencias prevalecientes debíamos dedicarnos a evitar el estancamiento secular.

Buena parte de estos dilemas son debidos al efecto sobre el largo plazo que arroja el actual desempeño de los fenómenos de corto plazo y la incapacidad de la política monetaria para lograr cambiar esta situación dado que las tasas de interés han alcanzado su mínima expresión.

Y estas consideraciones han abierto un acalorado debate entre los economistas acerca de si la naturaleza del ciclo económico sufrió un cambio fundamental en relación a lo ocurrido en la segunda mitad del siglo XX donde predominó un rápido crecimiento, pleno empleo y una cierta tendencia hacia una inflación moderada.

Por ejemplo, el Premio Nóbel Paul Krugman ha planteado que ha vuelto la denominada trampa de la liquidez que era uno de los conceptos centrales de la teoría keynesiana; la cual intentaba explicar la ineficacia de la política monetaria para sacar la economía de la recesión bajo determinadas condiciones y en consecuencia, la validez de la aplicación de la política fiscal para lograr este objetivo para lo cual Krugman utiliza el ejemplo de la reciente historia del desempeño de Japón en los últimas décadas.

Este renombrado experto abundaba en su tesis planteando que los bancos centrales ya habían logrado fijar las expectativas inflacionarias en niveles bajos, pero sin haber podido reactivar una economía que, en Europa y Estados Unidos, había vuelto al patrón de la denominada economía de la depresión exteriorizada en la época anterior a la segunda guerra mundial.

Sus rasgos predominantes eran la escasez de demanda agregada, riesgos deflacionarios, crisis financiera y trampas de liquidez.

Sin embargo, no coincidía en esa visión Kenett Rogoff un profesor de política pública en Harvard quien afirmaba que lo que Krugman describía como un retorno de largo plazo a la economía de la depresión era una situación temporal producida por deficiencias en la capacidad de regular y limitar adecuadamente la acumulación de deuda a la que identificaba como la causa principal de las turbulencias vividas.

Todas estas citas de analistas de relieve valen para reconocer que en la actualidad son poco fructíferos los modelos y enfoques desarrollados para entender el ciclo económico reciente y sus tendencias.

Los desacuerdos reflejan no tanto el estado de la economía sino la interrogante de si las políticas macroeconómicas pueden ofrecer remedios eficaces y se percibe que no es el optimismo el que prima en la visión de las corrientes principales de la disciplina.

Desde el punto de vista político el panorama no parece más halagüeño: la ausencia de un consenso internacional, la declinación del liderazgo de la principal economía mundial que ningún otro país está en condiciones de reemplazar y la recomposición de esta situación a través de un multipolarismo que llevará a una transición de largo plazo no vaticinan un universo mas ordenado.

Por primera vez en décadas – según los analistas políticos – no existe un poder único o una alianza de poderes que esté en condiciones de afrontar los desafíos de un liderazgo global.

Una generación atrás podíamos observar a EE.UU., Europa y Japón que ejercían ese liderazgo. Actualmente todos ellos y nuevos países como China luchan por encontrar una posición que les permita establecer un rol medianamente conveniente a sus aspiraciones en el panorama internacional.

La estructura del poder global nos muestra el crecimiento de un proceso de debilitamiento de liderazgos que requerirá un denodado esfuerzo a lo largo del tiempo para poder recomponer las relaciones básicas que generen una trama de intereses mutuamente beneficiosa.

Lo que es ostensible es que a pesar de la necesidad urgente de coordinación entre los estados nacionales derivada de la crisis financiera comenzada en el 2008, pero aún no resuelta, las diversas acciones del grupo de los 20 – que potencialmente podía ejercer ese liderazgo – lo único que han producido hasta ahora es una paralización de las decisiones que no abona las pretensiones de liderazgo político de este colectivo.

En un mundo en que la gran cantidad de desafíos trasciende las fronteras nacionales – desde la estabilidad de la economía global al cambio climático, pasando por la inseguridad provenientes del terrorismo y la necesidad de asegurar la provisión de alimentación y agua para los 7000 millones de habitantes del planeta – nos encontramos que esa falta de liderazgo provoca alta incertidumbre, volatilidad, competición negativa que puede originar múltiples conflictos.

En ese contexto la estrategia que adopte cada uno de los países a partir de los recientes hechos políticos manifestados cobra un gran relieve.

Como ejemplo cabe mencionar una reciente carta del gobierno japonés dirigida a la Unión Europea y a Gran Bretaña la cual nos muestra como han comenzado a moverse las piezas en el tablero internacional.

La administración del primer ministro Shinzo Abe les hace saber a los destinatarios de su mensaje del interés de compartir con ellos la responsabilidad el sistema de libre comercio.

Sin embargo reconoce que la incertidumbre actual es el mayor desafío de la economía y expresa la necesidad de asegurar la predictibilidad de los integrantes de todo el sistema y no sólo de las partes negociantes – o sea Gran Bretaña y la Unión Europea – en el proceso del BREXIT.

Señala la misiva que un considerable número de empresas japonesas que operan en la Unión Europea se concentran en Inglaterra y el gobierno japonés ha recibido una serie de inquietudes por parte de las mismas acerca del efecto que tendrá el BREXIT en su accionar en lo relativo al mantenimiento del comercio de bienes que se pretende prosiga sin requerimientos aduaneros y de procedimientos que limiten el actual relacionamiento.

Veladamente los japoneses sugieren que ambas contrapartes mantengan el clima de negocios preexistente y puedan responderle a las empresas radicadas en su territorio para que se mantengan las mismas condiciones que sirvieron para su localización en ambos territorios.

Como se ve la política y la economía siguen teniendo muy estrecha relación y los grandes jugadores del escenario internacional lo saben por lo cual no dejan de utilizar esos ceñidos lazos.

Por suerte no tienen que esperar ninguna resolución de una mesa política partidaria.

Isaac Umansky

Autor: Isaac Umansky

Contador Público y Economista (UdelaR). Desempeñó el cargo de Contador General de la Nación y Director de la Comisión Nacional de Informática en el período 1985-1990. Profesor Economía, Finanzas Públicas y Administración en la F.C.C.E.E. (Udelar). (1969-1984). Consultor nacional e internacional en proyectos de Administración Financiera Pública y Gestión Pública (BM, BID, CEPAL, Agencia de Cooperación Sueca y la Unión Europea en Chile, Costa Rica, México, Bolivia y Cuba (Desde 1990 hasta la actualidad). Ex Presidente de la Asociación Uruguaya de Contabilidad y Presupuesto (ASUCYP) durante varios períodos. EX Vicepresidente de la Asociación Internacional de Presupuesto Público (ASIP) 2 períodos. Miembro del Consejo Internacional que emite las Normas y Estándares del Sector Público (IPSASB) de la Federación Internacional de Contadores (IFAC). Período 2010-2012.