Jueves, 28 de abril de 2016

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Entre la gobernanza pública y las gabardinas

Una vez más el proceso de investigación de Ancap vuelve a levantar la polémica. No hace mucho el presidente Tabaré Vázquez expresó que las venias pendientes en organismos públicos quedaban condicionadas a un “cambio de actitud” de la oposición, llegando a acusar un “destrato” hacia el gobierno. Cuando las aguas parecían apaciguarse se produjo un nuevo hito que levantó la polémica.  El pasado 19 de abril los principales dirigentes de la oposición concurrieron a la justicia a presentar formalmente la denuncia penal por la gestión de Ancap.

Para la perplejidad de quienes analizamos los procesos de gestión pública, resulta que la nota destacada en algunos medios y redes sociales pasó a ser el “espectáculo” que se había montado para la ocasión, alcanzando incluso la vestimenta que escogieron los dirigentes.

Hace unos días Ancap cerró el balance 2015 con pérdidas por US$ 198 millones. Considerando este último dato, desde el año 2011 Ancap lleva perdidos UUS$ 800 millones.

Menudo favor le hacemos al sistema democrático si comenzamos a hacer foco en la vestimenta de un político. Estamos hablando probablemente de la coyuntura más crítica que atraviesa esta empresa en 85 años de vida. Cierto es que en todo este juego hay intereses políticos de por medio. Cuándo no! De un lado quienes pretenden demostrar que se cometieron ilícitos y de paso procuran dejar al desnudo un serio problema de gestión. Los detractores de estos acusan “porte de gabardina” y oportunismo político, acusando la publicación del libro “Informe Ancap. Desarrollismo mágico” de Pedro Bordaberry. Pero omiten que también tuvimos en el año 2003 la presentación del libro  “Desastre nacional. Los negocios de ANCAP en Argentina” escrito por Enrique Rubio y Huidobro, otro insumo a tener en cuenta en el debate, por qué no. También están quienes pretenden tapar la cuestión y blindarla en un relato idílico que desatiende los problemas que presenta Ancap, y gran parte de la administración pública en general.

Los actores tienen sus intereses particulares, y eso no debería ser una sorpresa para quienes siguen el tema. En todo caso las opacidades y penumbras que han quedado al descubierto con la gestión de Ancap deberían ser una invitación para pensar de forma crítica el modelo de gestión pública que tiene el Uruguay y el que se pretende tener en el futuro. Los dilemas de gobierno que se presentan con este y otros entes tocan a todos los partidos que han tenido responsabilidad de gobierno. No se puede establecer categorías dicotómicas entre los que tienen gabardina y los que no. Entre los que hoy posan para la foto y lo que eluden el bulto. Entre los que hoy publican un libro y quienes lo publicaron ayer. La tarea es otra para quienes pretenden analizar y problematizar estos procesos.

Quizás para muchos no resulte estimulante ni mucho menos interesante la gobernanza de las empresas públicas, o de la propia administración pública en toda su extensión. Entienden que la cosa se cocina más arriba y tiene que ver con la justicia distributiva, y en el fondo, con la ideología. Pero lo cierto es que la gobernanza es parte de ese proceso porque involucra el criterio con el cual se gestionan los recursos estatales y quiénes lo hacen.

Particularmente también creo que involucra al financiamiento de los partidos. No desde la óptica que se suele ver en cuanto al financiamiento de campañas por parte de las empresas, sino desde el uso de contratos y licitaciones como prebendas  políticas.

Por suerte el sistema político es crítico en esta materia y comienza a abrir ámbitos para el debate. El director de OPP Álvaro García ha manifestado la intención de llevar adelante un proceso de discusión en torno al tema con el apoyo del Banco Mundial y CEPAL. Gobernanza, supervisión, transparencia, contratos, proveedores del estado, entre otros serán los temas de discusión, según se anunció.

En esta línea, el pasado miércoles 27 de abril la Fundación Propuestas (vinculada al Partido Colorado) organizó un seminario sobre gobierno de las empresas públicas en el cual participaron expertos y políticos locales. Debemos rescatar que desde la oposición también hay una voluntad cierta por generar ámbito donde la sociedad pueda poner en discusión los modelos de administración pública. Más aun cuando en ese seminario ha quedado clarificado, al menos, un consenso en torno al reconocimiento de los problemas para gestionar los entes y servicios descentralizados. El camino hacia el gobierno corporativo, la coordinación y los grados de autonomía de las empresas públicas, los dilemas de agencia, entre otros forman parte de esa agenda que va tomando forma.

Una última reflexión. El título de esta columna puede parecer anodino. Pero busca reflejar que frente a la presentación de las denuncias por el tema Ancap hay dos caminos: o nos ponemos estilistas con las gabardinas o encaramos la gobernanza de las empresas públicas como problema. Deberíamos inclinarnos por lo segundo.

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.