Jueves, 5 de abril de 2018

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Entre la tarjeta corporativa y el control político

¿Qué es más grave? ¿Financiar una campaña con recursos públicos, financiar al partido o comprarse un colchón? La pregunta no es antojadiza. Es parte del esfuerzo intelectual al que nos someten los políticos día a día. Lo llamativo es que son muy pocos partidos para tanta falta de escrúpulos. En este contexto, no deberían extrañarle a nadie medianamente informado la gran desafección política que marcan las encuestas.

La cuestión se viene arrastrando desde abril de 2013 (por ponerle una referencia temporal). En ese entonces el senador Pedro Bordaberry interpelaba al entonces Ministro Fernando Lorenzo. Cuestionó, entre otras cosas, la gestión en Ancap. A posteriori vino la comisión investigadora. De allí surgieron varias denuncias de irregularidades en el ente. Luego, vino el affaire de la tarjeta corporativa que precipitó la elegante salida de Sendic, por motivos personales. En paralelo fuimos conociendo las denuncias de irregularidades en los hospitales públicos, las cuales llegaban una a una a la comisión investigadora por ASSE. Eso fue una constante del 2017. Por otro lado, el intendente Bascou quebrantó varias normas en el conocido episodio de la compra de combustible. Y en la temporada estival, aparecieron los casos de nepotismo en Artigas, Lavalleja y en la mismísima Presidencia de la República.

Tras un pedido de informes del diputado del MPP Daniel Placeres se dio a conocer los gastos que habían realizado con la tarjeta corporativa los directores del Banco República durante el período 2000-2005. Dejó a la oposición en falsa escuadra. Y como si fuera poco todos quedamos de boca abierta cuando tranquilamente uno de los exjerarcas reconocía que utilizaba la tarjeta para financiar al Partido Nacional. Rápidamente el diputado Placeres pronunció a los medios que “el problema lo tienen todos. Y sería bueno que todos empezáramos a reconocerlo”. ¡Hábil declarante! Parecía que se venía una suerte de catarsis del diputado que oficiaba de cara visible en los negocios con Venezuela, pero no. Todo lo que se busca era colocar al adversario como carne de portada en los medios.

 

Una guerra no declarada

Como se podrá advertir, la clase política está repeliendo fuego con más fuego. Ese es el estado actual de la situación política nacional. Las redes sociales se han transformado en un ágora para las diatribas de los bandos.

Por ahí hemos escuchado distintos análisis que ponen el foco en la relación dinero y política, en la falta de ética o la falta de controles. Esos son problemas realmente graves. Pero si se quiere dar una señal distinta, previamente deberían considerar tratar a los ciudadanos como mayores de edad, hablando con la verdad, con responsabilidad. Uno de los grandes problemas es la flaqueza con la que llevan adelante la comunicación política. Los discursos de manual, las etiquetas y clichés les ganan a los argumentos. Se estira la distancia entre la verdad y el discurso público.

La ciudadanía no es ingenua y lo percibe. Entonces se genera desafecto hacia la elite política. No es casual que un 40% de la ciudadanía se considere indecisa o con intenciones de votar en blanco o anulado. Acaso, ¿deberíamos esperar otra cosa?

El ejemplo más claro es el que ofrece esta suerte de guerra no declarada entre partidos (y también entre sectores). Es cada vez más recurrente la aparición de casos de corrupción o de “desviaciones éticas” donde todos quedamos atónitos frente a las denuncias. Todos menos los propios protagonistas. ¿Por qué?

Porque es sabido que el poder, a menudo, corrompe. En la medida que se delega poder en una persona, esta tiene más margen para llevar adelante acciones que van en su propio beneficio, y en contra del interés público. El Estado se vuelve un blanco atractivo para oportunistas. Por ese mismo motivo, hay un diseño institucional destinado a favorecer el control. Llámese organismos de contralor, coparticipación en directorios de los entes, marcos normativos de la administración pública, Poder Judicial independiente, pedidos de acceso a la información pública y un Parlamento con potestades como la posibilidad de crear comisiones investigadoras, llamado a sala de los ministros o pedidos de información. Incluso las propias tarjetas corporativas son un mecanismo de control, en tanto ofrecen trazabilidad de su uso.

Está todo inventado. Sin embargo, el uso que se le da tiene mucho de artillería y muy poco de control político. A la larga eso no le sirve a nadie, más que a eventuales líderes y corporaciones antisistema. Al fin y al cabo, es tan aparatosa la corrupción, que el discurso de “gestión”, a secas, termina sonando atractivo, siendo que en realidad equivale al fin de las convicciones que nutren la política. Por ende, quizás es momento de establecer un diálogo sincero. Dejar a un lado el pase de facturas, y asumir que hay mucho para mejorar en cuanto a las garantías que debe dar el sistema democrático a la población.

 

Foto: Alberto Ruggieri

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.

  • Walter Maggio

    DEBO RECONOCER LA SORPRESA DE ESTA AFIRMACION: “bordaberry interpelaba al entonces Ministro Fernando Lorenzo. Cuestionó, entre otras cosas, la gestión en Ancap”, CUANDO AQUEL NADA TUVO QUE VER CON EL ENTE QUE MENCIONA. MAS ADELANTE: “Tras un pedido de informes del diputado del mpp daniel placeres se dio a conocer los gastos que habían realizado con la tarjeta corporativa los directores del Banco República durante el período 2000-2005” Y CONCUERDO EXACTAMENTE CON: “Todo lo que se busca era colocar al adversario como carne de portada en los medios”, BUSCANDO LA JUSTIFICACION DE SUS LATROCINIOS. Y SERIA BUENO: “Dejar a un lado el pase de facturas, y asumir que hay mucho para mejorar en cuanto a las garantías que debe dar el sistema democrático a la población”, ALGO QUE DE NINGUNA MANERA SE PUEDE ESPERAR DE TITERES DE DERECHA COMO LOS SECUACES DEL mpp, QUE DESDE SIEMPRE TIENEN: “Un maridaje degradante, inmoral e indignante” – “Los actuales dirigentes del mln-t u p a m a r o s y los tenientes de Artigas”. ETC.