Viernes, 14 de octubre de 2016

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¿Es acaso la desesperación la que lleva a la tergiversacion?

Un año atrás, en mi columna en “El Telescopio” titulada “La Batalla por la historia”, hacía un análisis sobre cómo se ha venido produciendo una tendenciosa tergiversación de la historia más o menos reciente de nuestro país.

En los últimos días hemos sido testigos de cómo dicha tergiversación ha alcanzado en forma flagrante a la coyuntura política del momento y a las intenciones de distintos actores políticos. Mientras tanto, la población se ve inmersa en la mayor de las inseguridades, temerosa de su integridad y con su vida peligrando a la vuelta de cada esquina.

Los sucesos que desencadenaron una intensa trama de enfrentamientos políticos se iniciaron con una verdadera semana negra en cuanto al nivel de seguridad de nuestro país. Como bien describe el periodista Leonardo Haberkorn en su columna “Siete días de sangre, dolor, muerte, cacerolas y piojos” del portal Ecos, entre el 24 de setiembre y el 1º de octubre, en nuestro país cuatro personas murieron en manos de delincuentes, dos cuerpos fueron encontrados sin vida y seis personas fueron heridas de arma. Macabro inventario.

La inseguridad hace mucho que dejó de ser una sensación térmica. No se necesitan encuestas para darse cuenta que ésta pasó a ser una de las principales preocupaciones –si no la mayor- de la ciudadanía.

Si las condiciones de nuestro país fueran distintas, con un gobierno que no cuente con mayorías regimentadas y que posea la mínima sensibilidad ante las preocupaciones de la población, los responsables de velar por la seguridad de todos ya deberían haber abandonado sus cargos hace mucho tiempo.

En política hay un valor supremo: la responsabilidad. Si quien la posee en determinada área recibe un traspié tras otro, la hora de dar un paso al costado se impone. No es por ser buena o mala persona, buen o mal ministro. Es simplemente porque se debe ser responsable y transmitir a la ciudadanía que desde el poder que los cargos ofrecen existe la sensibilidad suficiente para comprender y solidarizarse con los problemas que la aquejan y aceptar los fracasos.

Como esa sensibilidad no parece encontrarse en el horizonte del Ministro del Interior, ni en el de su mandante, el Presidente de la República, desde la oposición se inició el tránsito habitual para cumplir con las obligaciones que la calidad de la misma  impone. Se planteó la intención de interpelar al Ministro y estar dispuesto a llegar a las últimas consecuencias: el pedido de censura del mismo.

Tal planteo y el comentario al pasar de cómo prevé la Constitución de la República en sus artículos 147 y 148 dirimir los aspectos relacionados a estos acontecimientos vinculados a las relaciones entre el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo desencadenaron la ira del “Olimpo” frenteamplista. Un virulento ataque se desencadenó sobre los líderes de la oposición. En particular, sobre Pedro Bordaberry.

Por supuesto, que la polémica e incluso las acusaciones pueden ser parte del habitual juego de la política. Lo que es inadmisible es la tergiversación mal intencionada, la mentira rampante, la utilización irresponsable de estereotipos inescrupulosos. Todo ello se vio en los últimos días. La democracia uruguaya no se merece tanta insensatez.

Hemos visto en estos días como jóvenes diputados lanzaban a diestra y siniestra acusaciones de buscar la inestabilidad institucional. También para nuestro asombro, vimos como alguna experimentada senadora intimaba a un colega a retirarse de la política, en una demostración inédita de intolerancia, falseamiento y soberbia. Leímos titulares de diarios con caracteres de catástrofe proclamando que se buscaba la disolución de las cámaras.

¿Qué es lo que lleva a actores políticos a tener tan poco apego al valor de la convivencia democrática para lanzar sin prurito alguno todo tipo de acusaciones sin fundamento violando todos los códigos vigentes, mintiendo descaradamente y agitando irresponsablemente fantasmas contra aquellos que sólo buscan defender con pasión y en el marco del orden constitucional sus planteos y su visión de cómo deben atenderse las necesidades de la ciudadanía?

¿Por qué era válido el reclamo de censura del actual Presidente de la República a un ministro en el 2002 y es un ataque al orden institucional si se realiza en el 2016?

¿Por qué desestabiliza Pedro Bordaberry si plantea que ante la eventualidad de un voto de censura al ministro, el Presidente deberá en caso de no querer acatar la decisión del Parlamento dirimir su enfrentamiento con el mismo por medio de elecciones parlamentarias como está previsto en la Constitución?

¿Acaso las nueve mociones de censura que se presentaron desde la vuelta a la democracia buscaban desestabilizar? ¿Piensan eso los jóvenes diputados frenteamplistas con respecto a lo que sus mayores correligionarios hacían en anteriores legislaturas?

Se ha planteado para vituperar los dichos de Bordaberry que sus planteos son desestabilizadores porque sabía que no se alcanzarían los votos para censurar al ministro y por lo tanto las acciones posteriores no tendría andamiento.

Si este razonamiento tuviera sustento, nada quedaría por hacer por parte de la oposición en virtud de las mayorías con que cuenta el partido de gobierno. ¿Es ese el concepto de democracia que reina en el Frente Amplio? ¿Así es como deben comportarse las minorías, descartando toda acción y planteo porque la mayoría las hará sucumbir en sus intentos?

Los sucesos de los últimos días fueron realmente graves. Fueron graves para la convivencia política que fue herida por la irresponsable tergiversación de los planteos y graves para la búsqueda de soluciones a los duros problemas que nos aquejan. Desde el oficialismo se optó por las acusaciones basadas en la mentira para distraer la atención de los verdaderos problemas de la gente.

Parece que la desesperación ha ganado las filas de los integrantes del partido de gobierno. Desesperación por los logros no alcanzados y por el deterioro de algunos aspectos vitales de la vida de la sociedad, tales como la seguridad y la educación.

Parece que esa desesperación es la que lleva a la tergiversación de los hechos y el ataque furibundo a los que piensan distinto.

Dijo Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”

Max Sapolinski

Autor: Max Sapolinski

Es Contador Público egresado de la Universidad de la República, integró la Asesoría Económico Financiera del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Director General de Secretaría del Ministerio de Turismo, Subsecretario del Ministerio de Economía y Finanzas y del Ministerio de Turismo. Entre 2006 y 2008 fue Presidente de la Comunidad Israelita del Uruguay. Gerente del Seguro del CASMU y entre 2010 y 2012 fue Director de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (URSEA).

  • Hugo Hernández Serena

    El miedo…ese amigo que siempre te dice lo que estás haciendo mal…LES HACE MENTIR…ENGAÑAR…Y CREER QUE ES VERDAD. pero no es cierto…HAN REPETIDO MÁS DE 100 VECES LA MENTIRA (buscando aquello de que “una mentira repetida 100 veces se vuelve verdad”) Y COMO DECÍA MI ABUELA “se les hizo la torta un pan” PORQUE SIGUEN MINTIENDO Y…¡LA MENTIRA SIGUE SIENDO MENTIRA! La seguridad NO EXISTE…Alguien me dijo: “YO NUNCA PONDRÍA A LOS RATONES A CUIDAR EL QUESO…(estos “nenes” ya sabemos quienes fueron…y lo que HICIERON)