Martes, 26 de septiembre de 2017

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Es imperativo cambiar

Hace muchos años, un amigo argentino después de expresar su cariño al Uruguay y a sus virtudes hizo referencia al carácter conservador de los uruguayos y para respaldar su opinión al respecto, me hizo el siguiente relato: “En oportunidad de un importante congreso de astrofísicos, luego del análisis de múltiples estudios e investigaciones se llegó a la conclusión de que un enorme asteroide iba a chocar contra la tierra produciendo efectos absolutamente catastróficos. Cuando se difundió, en ese congreso, la terrible noticia, cundió en casi todos una enorme angustia y una profunda desesperación. Pero, para la sorpresa de la mayoría de los científicos allí presentes, una docena de ellos, que se habían reunido separados de los demás, mantenían la calma y manifestaban una particular tranquilidad. Frente a ese panorama el Presidente de la Conferencia, increpándolos, les preguntó: ¿Cómo es posible que ustedes no estén preocupados, no estén llamando a sus respectivas familias y mantengan una sorprendente calma frente al cataclismo que se nos avecina?”. La respuesta que recibió fue aún más sorprendente:”Nosotros encontramos un solución satisfactoria. Nos vamos al Uruguay donde todo pasa 15 o 20 años después…”.

Y la verdad es que, al margen de ese relato jocoso, la sociedad de la que formamos parte es muy renuente a cambiar. Sería muy larga la lista de las cosas y las ideas que han permanecido demasiado tiempo y que fueron rápidamente olvidadas en otros países. Nuestro Código Penal tiene más de  80 años de vigente y si bien se le hicieron algunas enmiendas y se agregaron otras tipificaciones penales, es claro que sufre de obsolescencia. El Código del Proceso Penal aparentemente será puesto en funcionamiento en breve plazo pero hace mucho tiempo que debió estar operativo, En el plano tecnológico, cuando en Estados Unidos y Europa existía televisión desde fines de la década de los 40, aquí comenzó, en forma casi experimental, con Saeta T.V, en el antiguo predio de la exposición, en diciembre de 1956. Lo mismo con la T.V. a color, cuando en los años 70 muchos países disponían de esa tecnología y en la Argentina se difundió en el año 1978, aquí demoró cuatro años más. La T.V. cable, existía en el vecino país  desde principios de los 80. En el Uruguay, se autorizó su utilización a partir del año 1993. Y lo mismo podemos decir de las ideologías, hace más de un cuarto de siglo cayó el muro de Berlín y se produjo la implosión del sistema comunista de la Unión Soviética y, simultáneamente, la República Popular de China, que fue durante mucho tiempo un paradigma del sistema comunista, se iba transformando en un formidable  país de economía capitalista demostrando de ese modo el fracaso que esa ideología experimentaba en el mundo.  A pesar de ello, en el Uruguay, todavía hay miles de personas que siguen abrazados a la bandera roja con la hoz y el martillo, que tienen al Capital de Karl Marx  como guía y que predican  la lucha de clases y la dictadura del proletariado.

Hace aproximadamente 2500 años, Heráclito, para explicitar el mecanismo de los cambios,  dijo “nunca nos bañamos en el mismo río” y lo dijo porque el río cambia constantemente y nosotros también cambiamos. Por su parte, a mediados del siglo XIX, Charles Darwin, desarrolló una teoría que tiene su base fundamental en el cambio, porque evolución, significa cambio y sostuvo que “las especies que sobreviven no son las más inteligentes ni las más fuertes, son aquellas que tienen la mayor capacidad de adaptarse a los cambios”.  El cambio pues, como dijo Napoleón Bonaparte, es lo único constante y es imprescindible, parafraseando a Darwin, adaptarse, para sobrevivir, a esa circunstancia fatal e ineluctable.

Pero esa necesidad, ahora, tiene un nuevo aditivo: el de la velocidad en los cambios. El hombre más rico del mundo y poseedor de un talento excepcional, me refiero a Bill Gates, en su libro “Los negocios en la era digital”, (ed. Sudamericana, Buenos Aires 1999, p. 13) vaticinaba lo que iba acontecer a nivel empresarial en el presente milenio, al afirmar “Si los años ochenta fueron el decenio de la calidad y los noventa el de la reingeniería de procesos, el primero de los 2000, será el de la velocidad. De la rapidez con que cambiará la naturaleza de las empresa. De la rapidez con que se desarrollarán las transacciones. De cómo, el acceso a la información cambiará el estilo de vida de los consumidores y las expectativas planteadas a las empresas”. Y esa velocidad, en los cambios,  en la segunda década de este milenio, se ha incrementado en casi todas las actividades humanas, a veces generando verdaderos contrasentidos, así, en nuestro querido país, hay personas que se aferran a fórmulas perimidas, sin perjuicio de que utilicen un smart phone, que en su casa además de TV cable, reciban Netflix, que dispongan de una laptop y estén en Twiter, Facebook, Linkedin, envíen mails, mensajes de texto y se comuniquen, por Skype, WhatsApp o por cualquier otro adelanto tecnológico. Curiosamente, muchas de esas personas son acólitas de fórmulas perimidas y rechazan los cambios que nuestra sociedad necesita. No aprecian que los cambios son inevitables y que tenemos que adaptarnos a esos cambios porque si no lo hacemos vamos a perder, una vez más, el tren de la historia para quedarnos enganchados en el pasado. Y cuando digo cambios lo digo tanto a nivel privado como a nivel del gobierno.

A nivel del gobierno, es indispensable el cambio, pero un cambio dinámico y rápido. No podemos seguir pasivamente esperando para concretar tratados de libre comercio. El Señor Presidente de la República Dr. Tabaré Vázquez, en su primera Presidencia, dejó pasar un TLC con Estados Unidos y son cientos de millones de dólares que se han debido pagar por las exportaciones uruguayas a ese país por ese error. Ahora es una primera prioridad que el país se proyecte con energía a abrir nuevos mercados a nuestros productos, porque si no somos competitivos, con los enormes impuestos y altas tarifas vigentes, perderemos competitividad y el trabajo uruguayo será cada vez menos rentable con las graves consecuencias que ello va a acarrear.  El Presidente, mantiene a un Ministro del Interior que no ha generado los cambios que se requieren y que después de siete años de gestión ha alcanzado magros resultados y a una Ministra de Educación y Cultura que tenía por objetivo principal el cambiar el ADN de la educación y lo primero que hizo fue defenestrar a aquellos que estaban capacitados para lograr ese resultado. Y se trata de dos secretarías de Estado fundamentales en la conducción de la cosa pública que refieren, nada menos que a la seguridad y a la educación. El Ministerio de Salud Pública y ASSE, con su administración caótica darían para un largo análisis que es imposible realizar en esta nota y no hay señas de que se analice el adoptar los cambios necesarios para reencaminar esos organismos estatales. De ANCAP, como en el truco, está todo dicho…

Las encuestas lo indican de manera enfática: la mayoría de la población del país no está conforme con lo que se está haciendo por el gobierno y cuando eso sucede, parece propio de una lógica incontestable, que cuando algo no funciona, hay que cambiarlo. Por eso apostamos a la razón, aún a sabiendas que, con este gobierno, si se procede así es probable que uno se equivoque.

Sin cambios, con los graves impuestos que ha determinado la reciente Rendición de Cuentas, todo parece indicar que el panorama económico y social del Uruguay continuará complicándose. Para muchos opositores eso es bueno porque incentiva el descontento. No lo es para el Partido Colorado y no lo es para el suscrito, porque para el partido de Rivera y Batlle y Ordoñez y, también para mí, lo primero es el país.

Edison González Lapeyre

Autor: Edison González Lapeyre

• Catedrático de Derecho Internacional Privado, Derecho Internacional Público y Derecho Diplomático en la UDELAR • Profesor de Derecho Internacional Marítimo de la Academia de Derecho Internacional de La Haya. • Asesor Letrado, Director del Instituto Artigas del Servicio Exterior, Director de Asuntos Culturales, Director de la Consultoría Jurídico - Diplomática • Embajador ante los gobiernos de República Dominicana, Barbados, Haití y Granada y representante Permanente ante la OEA. • Negociador en el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, el Estatuto del Río Uruguay, el Tratado para el desarrollo de la Cuenca Hidrográfica del Río Cuareim y el Acuerdo de Extradición y Cooperación Judicial con EEUU. • Integró el equipo legal del Uruguay en el juicio ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya en una primera etapa. • Autor de más de 150 publicaciones de su especialidad.