Miércoles, 30 de marzo de 2016

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Estados Unidos. Decisión 2016

Estados Unidos se encuentra inmerso en el que sin dudas será el proceso de elecciones primarias más interesante de los últimos tiempos. Luego de los turbulentos años de George W. Bush, han transcurrido las dos administraciones de Barack Obama, quién puede adjudicarse un moderado interés en diversas áreas, no exento de algunos detalles estructurales como el aumento del déficit fiscal, pero claro, el hecho destacado fue, es y será el abatimiento de Osama Bin Laden por parte de los Navy Seals (fuerza de elite del ejército).

Por un lado se encuentra la interna del Partido Demócrata que originalmente tenía 5 candidatos en carrera, número que hoy se ha visto reducido a dos, la ex Secretaria de Estado, Senadora y Primera Dama Hilary Clinton y el veterano Senador Bernie Sanders, hombre que para los parámetros habituales de la política estadounidense resulta controversial al declararse abiertamente como socialista, palabra que en el país del norte ha sido históricamente asociada con el comunismo.

Sanders reviste particular interés para el electorado y los medios. Su mensaje es revolucionario, directo, frontal, habla de un sistema de salud universal en un país en donde priman los altos precios y los seguros médicos en dicha área, un sistema educativo regulado por el gobierno federal, de los corruptos de Wall Street y de que las corporaciones son quienes deben pagar altos impuestos para financiar lo antedicho. Es por ello que cuando le profundizan en sus convicciones el Senador Sanders dice que él no es comunista, sino socialdemócrata al estilo de los países nórdicos. Esto es algo que en general es mal visto en los Estados Unidos, un país que históricamente ha hecho culto del esfuerzo individual y de que el estado como entidad se mantenga lo más alejado posible de la vida de los ciudadanos.

Al comienzo de la carrera era visualizado como un candidato que virtualmente no tenía oportunidad alguna de pelear por la nominación del Partido Demócrata. La amplia favorita fue, es y probablemente será la señora Clinton, aunque con el paso del tiempo y de las primarias en los distintos estados, Bernie Sanders ha dado su pelea, y hoy la contienda no está ampliamente definida como los estrategas del partido pensaban hasta hace no mucho tiempo atrás.

Sin embargo los números son claros, y Estados Unidos se encamina a tener a la primera mujer nominada por uno de los dos partidos políticos más importantes para ocupar tan alto cargo. Aunque podemos mantener el beneficio de la duda a la luz del antecedente inmediato. En su momento el actual presidente Obama no era el favorito, sin embargo, pudo hacerse de la nominación demócrata. Un hombre tan controversial como el Senador Sanders sin ser favorito, también da su pelea. Los elementos que tiene para dar esa batalla son varios. A continuación voy a hacer el ejercicio de desmenuzar los que, según mi análisis, pueden ser los tres puntos de vulnerabilidad en la gestión de Clinton, a ser empleados por Sanders.

 

  • El atentado a la Embajada de los Estados Unidos en Libia, con la muerte del Embajador y varios funcionarios diplomáticos es una pesada carga en su haber como Secretaria de Estado que diversos sectores del Partido Republicano y medios de prensa han procurado utilizar en su favor.
  • Es considerada en muchas mediciones como una persona resistida, por su escaso carisma, algunas salidas de tono y por sobre todo el enorme contraste que produce por la imagen de su esposo el presidente Bill Clinton.
  • Sus contradicciones entre posturas del pasado y del presente son constantemente destacadas por sus rivales para presentarla como una mujer inconsistente en su discurso.

 

Pero para entender el rol que puede jugar Hillary en una eventual elección presidencial como cabeza del ticket demócrata es necesario hablar del Partido Republicano y de su primaria, la cual por momentos ha tomado ribetes bufonescos.

A mediados del año pasado el bando republicano tenía aproximadamente quince candidatos, muchos de los cuales ni siquiera alcanzaron a competir en la primaria de Iowa  (la que inaugura el ciclo electoral en el país del norte). En el último tiempo la contienda ha ido bajando en número pero no en intensidad, para ello me limitare a hacer referencia a quienes quedan aún en carrera para obtener la nominación.

John Kasich es el actual gobernador de Ohio y es por lejos el más moderado de los candidatos, sus visiones son fuertemente conservadoras pero están impregnadas de una alta dosis de pragmatismo que le permite suavizar sus ideas. Temas como inmigración ilegal en dónde favorece un camino a la legalización para quienes no han cometido delitos y han cumplido con la ley como ciudadanos de bien, una mayor presencia del gobierno federal en el nivel educativo y una retórica mucho más suave y tolerante con el legado de los 8 años del presidente Obama. En general los conservadores más duros entienden que la educación debe ser un tema de los estados ya que la constitución no establece claramente que es materia del gobierno federal, y en acuerdo a la décima enmienda todo lo que no cumple este requisito queda liberado al arbitrio estatal. Es por lejos el candidato que cuenta con menos delegados y muy probablemente se le puede dificultar obtener la cantidad suficiente para ser nominado en la convención de mitad de año como candidato presidencial.

Ted Cruz por otro lado corre al momento como el único capaz de arrebatarle el primer lugar al hasta ahora favorito Donald Trump. Senador por Texas desde hace pocos años es una de las recientes estrellas del movimiento ultraconservador en los Estados Unidos. Maneja ideas muy claras y una retórica en extremo divergente con el actual presidente. Cree que el gobierno federal debe recortar el déficit, bajar impuestos, brindar más competencias a los estados y por sobre todo eliminar la reforma de salud de Obama a la cuál considera poco más que “la culpable de todos los males”. Pero los focos continúan centrados en la vedette de esta contienda electoral, el empresario Donald Trump.

Fue desde comienzos de su carrera presidencial el año pasado tomado casi que en tono burlón por sus adversarios. Su enfoque es netamente populista, probablemente fruto de un gran trabajo de investigación de campo por parte de sus asesores para observar que quizá existía un nicho con cierto electorado básicamente blanco y de clase baja que se encontraba totalmente desconforme con su situación personal. Trump ha logrado muy hábilmente explotar ese espacio y transformarse en una suerte de candidato que viene a quebrar con todo lo que está mal en Estados Unidos. Sus ataques con tintes xenófobos, misóginos y excesivamente directos no han mermado en absoluto su respaldo electoral en la carrera primaria. Por el contrario, ha ido creciendo de manera sostenida y nos llevan a pensar que probablemente será quien se quede con la nominación republicana, y efectivamente competir con la probable candidata demócrata  Hillary Clinton.

Ambos (Hillary Clinton y Donald Trump) tienen números de aceptación popular relativamente bajos, lo que pone en perspectiva una elección compleja. Más aún en un país donde el voto no es obligatorio y una minoría organizada puede conducir a un candidato a ganar la elección. Según la información que manejo al día de hoy Hillary le vencería sin problemas, pero con franqueza no me animo a pensar que podría pasar en noviembre.

Eduardo Cuña

Autor: Eduardo Cuña

Analista político. Estudiante avanzado de Ciencia Política.