Miércoles, 20 de diciembre de 2017

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Estereotipos

Edward Koch fue un congresista estadounidense y alcalde de Nueva York por tres períodos. Aparte de ser recordado por ser el autor de la Enmienda que prohibió la colaboración militar norteamericana a la dictadura uruguaya, es recordado por haber sido objeto, en la campaña que lo llevó por primera vez a la alcaldía de Nueva York, de un fuerte hostigamiento basado en el estereotipo generado por su soltería.

Se le atribuye la siguiente frase: “Estereotipos pierden su poder cuando el mundo se encuentra que es más complejo que el estereotipo podría sugerir. Cuando nos enteramos de que los individuos que no encajan en el estereotipo de grupo, empieza a desmoronarse”.

Traigo a colación estas menciones debido a que desde hace un buen tiempo la discusión sobre todo tipo de temas, ya sean políticos, culturales, sociales o de cualquier otra índole está basada en el ingrediente adicional que el manejo de todo tipo de estereotipos genera deformando cualquier línea argumental basada en un análisis profundo de la realidad.

En tiempos en que gran parte de la discusión se canaliza por medio de las redes sociales, con los tiempos acelerados que ellas propician, parece ser suficiente un breve epíteto para definir características, ideologías y trayectorias. “Facho”, “bolche”, “oligarca”, “neoliberal” son términos que pueden llegar a hundir una carrera política.

Cada vez se presta menos atención a programas, propuestas y conductas. Se juzga por un preconcepto muchas veces generado con la intención de perjudicar al objeto del mismo. Un parentesco puede constituirse en razón para emitir juicios definitivos sobre toda una concepción de vida.

Ya habituados lamentablemente, a la existencia de estas anomalías, hemos observado una utilización distinta del estereotipo. Es el caso en que no se lo usa para atacar a los demás sino para posicionarse al margen de los merecimientos que correspondan.

Fue el caso tan sonado de la breve pero notoria trayectoria de la Dra. Michelle Suárez como senadora.

En este suceso, se procura utilizar el estereotipo de forma positiva, no para denigrar, sino para obtener beneficio para el personaje en cuestión y para su fuerza política.

Sin lugar a dudas que todos aquellos que creemos en los conceptos de inclusión y respeto al prójimo, no podíamos dejar de ver con simpatía el logro de una persona, transexual ella, víctima de todo tipo de discriminación por su físico, su género y el medio que la rodea, que alcanzaba tan notorio posicionamiento luego de haberse esforzado en completar una carrera universitaria plagada de dificultades.

Todo cerraba adecuadamente con la búsqueda del estereotipo adecuado para su beneficio y el de su sector político.

La búsqueda de la persona indicada, una vez más, no pasó por el análisis profundo de las características, conocimientos y virtudes que debían adornar al beneficiario de ocupar tan distinguido lugar. Por el contrario, una vez más, sólo era suficiente la forma que se convirtiera en un acierto “políticamente correcto”.

Le tocó en suerte a un sector político (que justo es decirlo conocidos los hechos de público conocimiento actuó con impecable justeza) como le pudo haber tocado a cualquier otro.

Porque los tiempos presentes, parece que priorizan la forma, la conveniencia y el beneficio corporativo que genera abrir las posibilidades a miembros de una minoría sólo por el hecho de pertenecer a ella.

Sabia es la Constitución de la República cuando en su artículo 8º establece que “todas las personas son iguales ante la ley no reconociéndose  otra distinción entre ellas sino la de los talentos y virtudes”. Me animaría a sostener que este artículo constituye la piedra fundamental de nuestra Carta Magna y de la sociedad toda.

Los acontecimientos vividos deberían dejar sus enseñanzas. La sociedad debiera estar más atenta a los contenidos, a las propuestas, a la profundidad de los conceptos y menos a las formas sin sustancia que piensan que la inclusión se constituye en un merecimiento en sí mismo. Cometido el error es la propia inclusión la perjudicada.

Las equivocaciones en estos aspectos nos terminan perjudicando a todos y en particular a quienes apostamos efectivamente a construir una sociedad más justa, solidaria e inclusiva de verdad y no aquella que abarque como horizonte exclusivo el discurso fácil sin contenido.

Max Sapolinski

Autor: Max Sapolinski

Es Contador Público egresado de la Universidad de la República, integró la Asesoría Económico Financiera del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Director General de Secretaría del Ministerio de Turismo, Subsecretario del Ministerio de Economía y Finanzas y del Ministerio de Turismo. Entre 2006 y 2008 fue Presidente de la Comunidad Israelita del Uruguay. Gerente del Seguro del CASMU y entre 2010 y 2012 fue Director de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (URSEA).