Viernes, 9 de diciembre de 2016

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Evaluaciones externas en educación: perdiendo el miedo

Las siglas PISA y OCDE comienzan a estar en el vocabulario habitual de las autoridades educativas, el sistema político y crecientemente en el de los ciudadanos. Los medios de prensa recogen sus informes con mayor detalle y alimentan el debate público. Es un ejemplo que las evaluaciones externas en educación han llegado para quedarse.

Existen muchos tipos de evaluaciones externas. De sistemas en su conjunto, como fue la realizada por la OCDE en su estudio recientemente publicado Uruguay: Revisión de Recursos Educativos, de instituciones o de programas académicos como son habituales en la educación superior, de aprendizajes con metodologías estandarizadas como son las pruebas PISA, o de funciones como pueden ser las evaluaciones externas en investigación.

Lo interesante es que esta constelación de evaluaciones tan habitual en los sistemas educativos a nivel internacional, comienza a ser aceptado en Uruguay, es decir, les vamos perdiendo el miedo a ser evaluados. No fue hace tanto tiempo que escuchamos a un integrante del Consejo de Educación Secundaria decir que no se podían comparar los niños uruguayos con los de Finlandia y proponiendo hacer nuevas pruebas a la medida de los países de la región. Comentarios similares se escuchaban de algunos académicos universitarios cuestionando la posibilidad que pares externos vinieran a evaluar sus carreras, bajo una inadecuada interpretación de la autonomía universitaria o la libertad de enseñanza. Afortunadamente los tiempos han cambiado y existe una nueva apertura a ser mirados “desde afuera” aunque nos traigan malas noticias.

Fuertes noticias trajo el informe de la OCDE titulado Uruguay: Revisión de Recursos Educativos. Cuestiona cómo se gobierna la educación en el país y en particular realiza una afirmación que da para pensar “No está claro quién es responsable de definir la política educativa y quién es, en definitiva, responsable de sus implementación y los resultados de aprendizaje dentro del sistema educativo.” Aborda los problemas de financiamiento y destaca la falta de transparencia en la asignación de los recursos a los diversos centros educativos. Es muy interesante de analizar la versión completa del informe (disponible en inglés) en lo relativo a su estudio de los recursos docentes del sistema. Es muy crítico respecto de los sistemas de reclutamiento y asignación de los docentes a los diversos centros educativos, identificando desigualdades e ineficiencias.

Esta semana se conocieron los resultados de las evaluaciones PISA 2015. Más allá de anécdotas menores como el título equivocado de un matutino o la ausencia de autoridades de Educación Secundaria en la presentación de resultados por “problemas de agenda”, las autoridades, los expertos y los actores políticos comienzan a analizar los resultados con detalle. El debate se hace más sofisticado y más interesante, con preguntas, como ¿qué factores influyen sobre los resultados?, ¿cómo se dan los desempeños teniendo en cuenta información de los estudiantes, como su situación económica, ubicación territorial, o centro educativo del que proviene? Y la pregunta central, ¿efectivamente mejoramos? Sobre este punto conviene tener algunas cosas claras que se irán despejando mejor en los próximos días cuando la polvareda vaya disminuyendo. Hay tres factores relevantes que impactan sobre los resultados. Uno es el crecimiento del número de estudiantes totales que se mantienen en el sistema educativo con 15 años; un segundo factor es la relación entre la posible mejora en los resultados educativos con el aumento significativo de la inversión pública en educación; y el tercero, señalado por algunos especialistas, es cierto cambios metodológicos en los puntajes procesados por OCDE, factores todos que impactan en la interpretación de los resultados. Lo que sí se puede decir con certeza es que seguimos más o menos igual, y que a pesar de una posible cierta mejoría, “el paciente sigue hospitalizado y en riesgo.”

Algunos escépticos pueden sostener que estos informes e investigaciones son más “diagnóstico” y lo que precisamos es acción. Pueden tener algo de razón, pero debemos tener claro que buenos diagnósticos son imprescindibles para saber qué cambios realizar. Y siguiendo las metáforas de la salud, para aplicar el tratamiento tenemos que tener claro que el paciente está enfermo y qué tipo de enfermedad tiene.

A esta altura se debe hacer un reconocimiento y es el importante papel que está desempeñando el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd) en este escenario. El INEEd fue tal vez la única buena noticia de la muy mala Ley General de Educación aprobada en el año 2008. Muchos de los promotores de la Ley no lo querían, en el texto legal sus competencias fueron reducidas en los sucesivos borradores, y a las autoridades les llevó varios años instalarlo. Pero en la actualidad viene promoviendo y realizando estudios que producen insumos de evaluación valiosos. Por otra parte, en la educación superior, primero a nivel experimental y ya instaurada formalmente de forma coincidente en el año 2008, existe la Comisión de Acreditación, que gestiona procesos que incluyen evaluaciones externas de carreras universitarias de todas las instituciones, lo que abona también al florecimiento de una cultura de la evaluación en el país.

El gran desafío es cómo, de estos primeros pasos de utilización de procesos de evaluación externa, avanzamos hacia la consolidación de múltiples procesos de evaluación en varios ámbitos críticos de nuestra educación. Un ejemplo podría ser la instauración de procesos de evaluación institucional en los diversos niveles. La evaluación de centros educativos sería un aporte significativo para la mejora de los mismos, como empezó a fomentarlo el programa ProMejora, desgraciadamente aniquilado en esta administración. Algo similar se podría hacer con las instituciones universitarias, práctica corriente hoy en muchos países de la región.

Otro ejemplo, podría ser realizar procesos de evaluación externa de órganos relevantes de nuestro sistema educativo. Muchas sorpresas nos llevaríamos si se hiciera una evaluación independiente del funcionamiento del Consejo Consultivo de la Enseñanza Terciaria Privada, órgano responsable de la autorización y reconocimiento de instituciones y carreras universitarias del sector no estatal, y muchos veces un gran freno al desarrollo de este sector.

Seamos claros, a nadie le gusta que le traigan malas noticias. Pero las evaluaciones externas, si están bien hechas, son como los espejos. Pueden mostrarnos realidades que no nos gustaría ver, pero sin duda nos ayudan a conocernos mejor, y nos permiten, si somos honestos con nosotros mismos y tenemos la voluntad suficiente, hacer esfuerzos por mejorar.

Pablo Landoni

Autor: Pablo Landoni

Master en Administración y Políticas Públicas por Cornell University (Estados Unidos). Doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de la República (Uruguay). Profesor de Ciencia Política e Investigador del Programa de Estudios en Educación Superior en la Universidad Católica del Uruguay.