Lunes, 23 de noviembre de 2015

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¿Final de época o interregno progresista?

Cuando escribimos este editorial la victoria de Mauricio Macri en el ballotage argentino ya es un hecho.

A diferencia de algunas expresiones triunfalistas que se vislumbran en tiendas de centroderecha de varios países, el fenómeno debe analizarse con cautela.

Un primer punto de vista, ya encarado hasta la saciedad en los medios de allende el Plata es el de la mala estrategia del kirchnerismo.

No solo eligió un candidato sin carisma, con grandes problemas de empatía con los menos privilegiados—muchas de sus expresiones faciales al ser abrazado o besado en algunos actos así lo demuestran—sino que este nunca pudo decidirse a actuar bajo la tutela de Cristina Fernández o independizarse frontalmente. Sus protestas de independencia—si gano seré yo quien mande, llegó a decir—fueron duramente contrastadas por la realidad, en algún acto ninguneado por Cristina y en la elección de su Vice, sacado del más íntimo riñón del cristinismo.

Por supuesto, no favoreció tampoco en nada su candidatura el presentar como candidato a Gobernador de Buenos Aires a Aníbal Fernández—de pasado turbio y patotero y presente más que dudoso. La dura derrota que le propinara la emergente candidata María Eugenia Vidal fue el impulso final que necesitaba Mauricio Macri para arrimar el bochín lo suficiente y sacar del ruedo a Sergio Massa.

Luego de todo eso, ganar el ballotage fue poco menos que un trámite para Macri. Dicen los que saben que para ello ayudó también el poco deseo de la Sra. Fernández de que Daniel Scioli realmente ganara la Presidencia, dado que una posible mala gestión de Macri le alfombraría el camino para volver en 2019.

Este es un segundo aspecto muy importante para nuestro país. El peronismo ya fue responsable de hacerle la vida imposible a Presidentes radicales. Hoy el radicalismo volvió a la primera división como aliado de Macri, con lo cual el peronismo—en particular sus facciones más radicalizadas en el sindicalismo y asociaciones como La Cámpora—pretenderán sin duda sembrar el camino de este nuevo presidente de todo menos de rosas.

No debemos perder de vista que Macri tendrá que tomar decisiones penosas para encarrilar Argentina en un camino razonable de crecimiento. Deberá devaluar para impulsar las exportaciones, aliviar los impuestos al campo—lo que será mal visto por las clases bajas y medias urbanas—incrementar el precio de la energía, lo que pondrá de mal humor a la clase media alta y así con otras cuestiones problemáticas.

Todas estas acciones, que tienen sentido a mediano y largo plazo, pueden ser gruesa munición en el corto plazo para el peronismo y sectores aún más radicalizados. Con el consiguiente desgaste del macrismo, el reaprovisionamiento de combustible para el kirchnerismo u otras versiones del peronismo reformado y el eventual regreso al gobierno en 2020 o antes, si consiguen paralizarlo como a De la Rúa.

Para nuestro país, tal perspectiva es favorable al Frente Amplio y desfavorable a la oposición. Dado que nuestras próximas elecciones son en 2019, un fracaso del macrismo del otro lado del río llevará, con razón o sin ella, a una acentuación del progresismo como única salida para nuestro país.

Lo que ambientaría un posible apogeo del emepepismo populista en Uruguay.

Esta complicada perspectiva política eventual es nada comparada con la posibilidad de que en realidad Macri sea exitoso.

Claramente no es de esperar que Macri ambiente o permita agresiones como los cortes de puentes o las enormes y perjudiciales restricciones a las importaciones, que disfrutamos bajo el kirchnerismo. Por suerte para nosotros, un antiguo enemigo de Botnia en Uruguay, Alfredo De Angeli—el primero en cruzar el semirremolque para cortar el camino que conducía al puente de Fray Bentos desde Gualeguaychú—no consiguió ser electo como Gobernador de Entre Ríos.

Pero, lo que sí debe esperarse es que si las políticas de Macri tienen éxito, se cierren algunas de las ventajas que tuvimos comercialmente durante los últimos diez años. Mejores políticas hacia el campo significarán que los productores regresen desde Uruguay a la Argentina. Menos impuestos y políticas más amigables incrementarán las exportaciones, que son directa competencia de las nuestras. Y una normalización de las relaciones con los acreedores volverá a poner a la Argentina como la representante más connotada de las mismas características de que nos preciamos los uruguayos (carne, granos, tango, turismo, etc.). No sería extraño incluso que aparecieran en Argentina pasteras nuevas y grandes inversiones que otrora huyeron despavoridas de las malas políticas kirchneristas.

Uruguay—en particular la oposición y los sectores moderados del gobierno—deben ser conscientes de estos dos posibles escenarios.

Un fracaso de Macri y el resurgimiento del peronismo a mediano plazo pueden influenciarnos para mal en el aspecto político, pero posiblemente reforzarnos como el refugio para los argentinos desencantados. Con lo que socio-económicamente saldríamos ganando.

Un éxito de Macri puede tener malas consecuencias económicas en un sentido, dado la competencia de Argentina en los mismos rubros exportables que tenemos, aunque posiblemente queden compensadas con el nuevo impulso a dos sectores tradicionales de inversión de Argentina en Uruguay, decimados por el kirchnerismo: el turismo y la immobiliaria.

Lo que aparece como más sensato y racional, tanto para el Ejecutivo actual como para la oposición, es acercarse en lo que sea posible y emprender todas las acciones conjuntas posibles con el gobierno de Macri. Grandes emprendimientos como el túnel bajo el Río de la Plata, recién planteado, o una apuesta conjunta a un puerto de gran porte pueden ser obras conjuntas ambiciosas pero posibles y esperanzadoras.

Otras cuestiones hoy trancadas, como la regasificadora, el uso conjunto de los ríos limítrofes o la industria de la construcción en el eje Colonia-Carmelo, Punta del Este y Rocha, pueden verse favorecidas, en tanto nuestro gobierno busque activamente acuerdos y no se decida por una política fría y distante por las percibidas diferencias ideológicas.

En todo caso, se abre un abanico de posibilidades más interesante que el que teníamos. Esperanza de un lado y otro del Plata, pero que para realizarse necesitará de inteligencia, voluntad política y deponer algunos prejuicios decimonónicos.

Solo así tendremos un futuro mejor.

Admin Telescopio

Autor: Admin Telescopio