Miércoles, 16 de septiembre de 2015

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Flexibilidad laboral y actitud hacia el trabajo

Acabo de regresar de un viaje por los Estados Unidos y un par de cosas fueron las que más me llamaron la atención. En primer lugar el efecto tipo de cambio. Lo más rápido para hacer las conversiones y comparar con los precios en Uruguay era multiplicar por 30. A esa cotización Estados Unidos ya no está barato. Es cierto que estuve en Nueva York que es la ciudad más cara del país, pero unos años atrás era más accesible para los uruguayos. La fiesta del dólar barato y del nuevo uruguayo, como mencionó una celebrada publicidad al reciente boom de consumo, ha llegado a su fin.

El otro tema que llamó mi atención es más de fondo y refiere a cambios estructurales que se están procesando en esa economía y que tarde o temprano llegarán por acá. Es cada vez mayor la sustitución de trabajo humano directo por máquinas en determinadas actividades.

Ya no es sólo la estación de servicio, donde no hay pisteros y el combustible se lo surte el consumidor. En una importante cadena de farmacias ya no hay más cajeros y se paga directamente a una máquina parecida a las que existen en los cajeros automáticos de nuestro país. Ni que hablar de los aeropuertos, donde todos los trámites son de ese tipo. El check in y check out en propio hotel en el que me alojé y el otorgamiento de las llaves (tarjetas) de la habitación fue ante computadoras. Y hasta la propia migración en el aeropuerto. Si bien tuve que hacer la clásica cola y pasar ante un funcionario que me revisó el pasaporte, los ciudadanos chilenos y europeos evitan ese trámite registrándose ellos mismos directamente a través de mecanismos electrónicos.

Varias de estas tareas son poco calificadas y de baja productividad, lo que justifica los cambios. En otros casos son el resultado de avances tecnológicos, que van desplazando ciertas habilidades por otras. En todo caso refiere a una tendencia cada vez mayor que se está dando a nivel mundial.

Pero lo interesante del tema, es que pese a esos cambios, el mercado laboral estadounidense se ha recuperado tras la crisis financiera de 2008 y la tasa actual de desempleo se sitúa en el 5,1%, guarismo que ni en el mejor momento del pasado boom de las materias primas y financiamiento barato alcanzó la economía uruguaya.

Es decir que mientras se pierden puestos en determinadas actividades, crecen en otras. Y ahí radica una de las tantas fortalezas de la economía estadounidense, la flexibilidad. La comparación con Europa es muy clara. Si bien en el viejo mundo todavía no dejaran atrás la crisis, los niveles de desempleo históricamente fueron más altos.

Y esa flexibilidad va acompañada de una actitud diferente hacia el trabajo, tal vez como resultado de la misma. En el taxi que me llevó del hotel al aeropuerto cuando regresaba a Uruguay, fui conversando con el chofer y le pregunté cómo veía la situación económica. Su respuesta también me sorprendió, ya que me dijo que en ese país todo es business, que el que quería un empleo, si buscaba lo encontraba. Dejó traslucir un espíritu emprendedor.

Todo ello me ha hecho reflexionar respecto al mercado laboral uruguayo y la propia actitud que tenemos hacia el trabajo. El sistema educativo tiene una preparación orientada hacia el trabajo dependiente. No se fomenta la iniciativa privada ni la colectiva.

Asimismo los distintos programas de estímulo existentes para la contratación de nuevos trabajadores presentan rigideces en cuanto a los plazos, requisitos burocráticos  y condiciones de empleo que se deben cumplir, lo que determina que no tengan un gran impacto.

Si bien el espíritu que los anima es compartido, la rigidez los hace poco atractivos para contratar potenciales trabajadores provenientes de los estratos más vulnerables de la sociedad, que son aquellos con menor capacitación y un menor apego al trabajo.

La flexibilidad bien entendida (no se trata de la desprotección del trabajador, sino del mecanismo que iguala la oferta de trabajo con la demanda de las empresas) no sólo es importante para ayudar a solucionar los problemas de empleo de los estratos más vulnerables de la sociedad, sino también para los más capacitados, aunque estos cuentan con otras defensas.

El desarrollo de las nuevas tecnologías está generando cambios profundos en el mercado laboral. Las nuevas generaciones, los millenials tal como se les denomina, tienen hábitos distintos a los de las anteriores. Las preferencias por actividades inmediatas las lleva a cambiar frecuentemente de empleo, al tiempo que demandan mayor flexibilidad de horario y de días de trabajo.

Los desafíos que enfrenta Uruguay en materia laboral son muy grandes. No solo es imperiosa una transformación profunda del sistema educativo, sino que debe apuntarse a una mayor flexibilidad que permita adaptarse a las vertiginosas transformaciones que se suceden en la sociedad.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.