Miércoles, 28 de septiembre de 2016

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Fuego amigo…

Pasaron unos días luego de los discursos en el acto de clausura de la Expo Prado y viene bien un poco de perspectiva a efectos de un mejor análisis.

Sabido es que la Tribuna de la Asociación Rural es referencia y se manifiesta allí el sentir del sector más importante de nuestra economía, considerando la cadena productiva agroindustrial y comercial, por su dinamismo, participación en las exportaciones, en el empleo, la inversión, en la formación del producto interno bruto y en nuestra propia identidad. El gobierno también tiene allí la oportunidad de manifestar sus políticas sectoriales, defender su gestión o anunciar medidas en la búsqueda de respaldar el desarrollo agropecuario y  las condiciones de vida de la gente en el medio rural.

De antemano se conocía que el clima no sería tan amigable como en el pasado, debido al fuerte deterioro de la rentabilidad de casi todos los subsectores agropecuarios,  causado por una fuerte caída de los precios de venta, altos costos de producción que evolucionan en forma estructural, determinando la pérdida de capacidad de competencia, generando un panorama de incertidumbre que amenaza reiterar situaciones de crisis padecidas no hace tanto tiempo.

No es menor el hecho de que luego de más de una década de crecimiento y mejoras productivas, se generaliza el estancamiento y, en algún caso, verificamos el retroceso de los índices de producción, encendiendo el alerta en toda la agropecuaria.

Caso especial el de la lechería, reciente líder de crecimiento y pujante rubro que registra una profunda crisis, pues combina una prolongada pérdida del valor de las exportaciones, un clima poco favorable en los últimos años que incrementó los costos productivos, al punto de generar endeudamiento, cierres de tambos y un marcado incremento del envío de vacas a faena.

En agricultura, pasados los años de expansión de los cultivos de verano de la mano de la soja, aún persisten los efectos de las profundas pérdidas que sobre el fin de ciclo ocasionó el exceso hídrico en la última campaña, determinando una reducción de productividad que se llevó el margen del negocio.

La ganadería no escapa a esta generalidad y verifica como se deterioran los valores de la carne en el mercado internacional, al tiempo que se incrementa la competencia de nuestros vecinos que disputan mercados que antes deponíamos con cierta exclusividad.

En materia de costos, por un lado tenemos el efecto del dólar que ha revertido una tendencia de valorización verificada hasta el mes de marzo pasado, retornando a un proceso de inflación en dólares, encareciendo los costos relativos de producción, afectando  severamente la competitividad. Está claro que la pérdida de valor del dólar es un fenómeno internacional, de la mano de una política expansiva por parte de la Reserva Federal, pero también causas internas lo deprimen.

No obstante, una vez más, la autoridad monetaria a través de diversos instrumentos utiliza al tipo de cambio como principal herramienta de combate a la inflación, estableciendo un impuesto solapado, que genera en consecuencia una pesada transferencia desde los sectores productivos de transables al resto de la economía.

Por otra parte, la política de tarifas públicas y en especial la de la energía no se compadece con la realidad que vivimos en tiempos de precios deprimidos.

Está clara y manifiesta la voluntad del gobierno en recuperar las cuentas de Ancap, casi fundida por la incapacidad de gestión de la anterior administración.  Al analizar los primeros números positivos, no se ruboriza al anunciar que la prioridad es la empresa y no reducirá las tarifas como correspondería según las indicaciones de la elástica paramétrica, mientras cada uno de los usuarios paga en el tanque de su auto, y al contado, el sobreprecio de cada carga sin otra alternativa que la resignación.

En momentos de recesión agropecuaria, en que todos nos apretamos el cinturón, se insiste en mantener por más de una década el subsidio cruzado a los usuarios de gasoil, encareciéndolo en más de 8%, a efectos de apoyar el transporte urbano de Montevideo, sin que ello represente el abaratamiento del boleto para sus usuarios.

En lo que se refiere a los impuestos, se sigue contrariando el espíritu de la reforma tributaria del 2007 que establecía la prioridad de la tributación a la renta, dejando los impuestos ciegos a la tierra que son aquellos que no se compadecen con el resultado económico de las empresas.

Una actividad de tanto riesgo, a cielo abierto, en la que un fenómeno climático condiciona el resultado económico más allá de otras variables, debe tener una carga impositiva vinculada al resultado. Si hay ganancia, se paga, si no la hay, no se debe tributar, pues compromete la capacidad empresarial de reinversión y desarrollo.

Una agropecuaria deprimida como la actual, con algún subsector sumergido en la crisis y sin rentabilidad,  ve como se incrementan los impuestos ciegos a la tierra que ya conforman más del 50% de los tributos del agro en una recaudación que se ha duplicado en la última década.

El mayor absurdo tributario sigue siendo el 1% municipal que grava la venta de los semovientes, impuesto que se buscó derogar por su injusticia, pero a pedido de algunos Intendentes, en medio de negociaciones con Mujica por la ley de patentes, temiendo perder un ingreso genuino de caja, solicitaron su mantenimiento, estableciendo un mecanismo de devolución tan engorroso como incierto que perjudica una vez más al sufrido contribuyente. Inventaron algo insólito, cobrar un impuesto para devolverlo después (si le va bien), sin contar que en el medio está la burocracia.

Si le agregamos a todo este panorama, el deterioro general de la infraestructura, las pésimas condiciones en la educación gobernada por y para los gremios, la salud, la inseguridad, los problemas de inserción internacional al pertenecer a un Mercosur inoperante, las dificultades económicas que acarrea un déficit fiscal poco entendible luego de más de una década de fuerte crecimiento, sin que hayamos hecho las reformas necesarias para sostener ese ritmo, tenemos que coincidir que el discurso del presidente de ARU tenía muchos elementos de fuerte tono crítico hacia el gobierno que molestaron al Ministro Tabaré Aguerre.

Fuerte contraste desde el clima de intercambio de elogios del año anterior, cuando Aguerre calificó al pronunciamiento de Reilly como “el mejor discurso de un presidente de ARU que había escuchado”, alterando  el esquema de su alocución, pasando a contestarle con indisimulada molestia, luego de tomar apuntes mientras arreciaban las críticas al gobierno,  haciendo uso de su reconocida capacidad oratoria.

Lo hizo molesto pero con serenidad, llamando al diálogo, defendiendo la gestión de gobierno pero seguramente coincidiendo desde su óptica de productor con buena parte de las criticas manifestadas por al gremialismo, muchas de ellas no atribuibles a su cartera pero que apuntan directamente al negocio y a la vida de del poblador rural.

Hay que reconocer en Aguerre su gran conocimiento del sector y el difícil rol de articulación que le cabe como integrante del gobierno de un partido que muchas veces prioriza aspectos ideológicos que han redundado en políticas poco amigables para el sector agropecuario.

Visiblemente, Aguerre se mueve con mayor soltura en esta administración si comparamos con la gestión anterior, cuando veía limitada su capacidad tanto afuera como adentro de su cartera, hasta tenía un subsecretario que le puso Mujica “para vigilarlo”, como decía del propio presidente.

Ilustra claramente esta situación el cambio en la política aplicada actualmente por Ganadería en relación a la exportación de ganado en pie, liberando la venta al Medio Oriente, generando el sostenimiento del precio del ternero en muy buenos niveles, beneficiando al sector criador en momentos de caída generalizada de los precios de los demás rubros.

Esto opera como verdadero estímulo a la producción, respaldo necesario para el incremento de la inversión que asegure mayor número de terneros en el futuro, ahuyentando los fantasmas de escasez que llevaron al gobierno Mujica a limitar esta genuina salida, dando lugar a preocupaciones infundadas del gremio de la carne, por creer que regulando el mercado y tornándolo cautivo se logra mayor provisión de materia prima.

Todo lo contrario, como les recalcó bien el Ministro Aguerre durante su discurso en el Prado a aquellos que discrepaban con la exportación en pie, al recordarles que nada pasó en relación a la disponibilidad de ganado para faena, pérdida de fuentes de trabajo y otros presagios apocalípticos que se le pretendió asociar a la medida.

Otra cocarda se ganó Aguerre, al presentar el decreto definiendo la operación industrial del “dressing” de la res, definiendo y actualizando cuales son los elementos que se pueden o no retirar en esta operación industrial necesaria pero tan sensible al determinarse luego de ella buena parte del precio de la carne y del ganado.

Ante el insistente reclamo de ciertos sectores de la producción, a nuestro entender equivocada y peligrosa, el Ministro manifestó con acierto que mientras estuviera al frente de la cartera, no habría ninguna determinación del gobierno obligando a comercializar un producto de tal o cual manera, primando el fundamental principio de libertad comercial entre los agentes privados, sin intervención alguna del Estado.

Estas definiciones son básicas, debiéndose trabajar en la generación de una mayor confianza entre los integrantes de la cadena, rol que debería ser debatido incansablemente en la mesa de INAC donde se reúnen todos los actores involucrados.

Acallados los ecos de los pronunciamientos, es hora del diálogo que contribuya a impulsar un sector agropecuario pujante, buscando encontrar en conjunto las salidas a los problemas que hoy circunstancialmente lo aquejan para el beneficio de la producción y de la sociedad.

Fernando Mattos

Autor: Fernando Mattos

Ingeniero Agrónomo egresado de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul- Brasil . Ex presidente de la Sociedad Criadores de Braford y Cebu del Uruguay. Ex miembro de ISEF International Stocksman Educational Foundation-Houston. Ex presidente de la Asociación Rural del Uruguay. Ex miembro de la Junta Directiva del INAC. Ex presidente de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur. Ex Presidente de la Fundación Pro Cría Oriental de apoyo a pequeños productores. Productor rural en los departamentos de Tacuarembó y de Cerro Largo.