Jueves, 6 de agosto de 2015

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Grecia y el dilema de la(s) democracia(s)

Santorini. Foto: grosz3city under CC BY License

Santorini. Foto: grosz3city under CC BY License

La crisis griega puso de manifiesto una verdadera encrucijada para la democracia. ¿Cómo conviven los estados nacionales en un entorno cada vez más global? En qué medida un estado tiene soberanía sobre diversos temas si las exigencias de la globalización se traducen en fuertes directrices políticas? ¿Llegaremos al punto de ver a los gobiernos nacionales como meros ejecutores de las rectorías supranacionales? Sin ánimo de ofrecer una visión alarmista sobre el futuro de los sistemas democráticos tal como los conocemos, es necesaria una reflexión algo díscola y en clave teórica.

No estamos hablando de ninguna novedad. Los actores internacionales acumulan protagonismo y poder creciente desde la segunda guerra mundial. Los primeros antecedentes surgen al menos desde la creación de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1945 a partir de la cual se crea en 1948 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Hoy en día nadie duda de la trascendencia política de actores globales como el Banco Mundial (BM), Fondo Monetario Internacional (FMI), Organización Mundial del Comercio (OMC) o la Organización Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El menú es amplio y ordena cada vez más sobre la base de los mercados y el sistema financiero. Sin ir más lejos hoy en nuestro país se está discutiendo las posibilidades de ingresar al TISA. También se están haciendo enormes esfuerzos diplomáticos para concretar un acuerdo entre los bloques Mercosur y Unión Europea, a efectos de no quedar aislados de los canales comerciales. En otras palabras, la globalización impone una nueva configuración del sistema internacional. En este escenario los actores protagónicos ya no son los estados nacionales (o al menos la gran mayoría de ellos). En su lugar, las organizaciones internacionales no gubernamentales, las grandes corporaciones  y organismos multinacionales se constituyen en los nuevos actores globales. A priori, podría pensarse que esto no es ni bueno ni malo, sino que es parte de un proceso de cambio. Sin embargo la concentración creciente de poder que ostentan estos organismos y dentro de ellos, determinadas corporaciones, al menos debería llamar la atención. Como escribiera el célebre politólogo Adam Przeworski en el libro Democracia sustentable (1995), “El poder es un monopolio natural y sus dividendos proporcionales a su magnitud”. Con esta sentencia el autor argumenta en favor de las instituciones que pueden desarrollar los estados como elemento que limita y redistribuye el poder. Sin embargo, en la  lógica transnacional ya no hay estado que limite. Se desdibuja y redefine la soberanía, generalmente en detrimento del estado nación. Y como contracara, parte de esa redefinición termina depositando soberanía en otras entidades internacionales. En el fondo el problema es cómo concebimos la democracia.

Lo que se hizo con Grecia es un ejemplo claro de las transgresiones de un capitalismo sin límites. Partiendo de una concepción instrumental de la democracia es razonable que los altos ejecutivos de la llamada “troika” (Comisión Europea, Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) tomen decisiones políticas sobre Grecia como si se tratara de gestiones administrativas. En esta lógica la economía está sobre la política. Amparados en la dependencia financiera no solo han desconocido un referéndum sino que como diría el sociólogo eslovaco Slajov Zizek “han humillado a Grecia” con un plan de austeridad y privatizaciones más profundo que el inicial y líneas de financiamiento más preocupadas en salvar la plaza financiera que en atender a la propia población.

Pero qué pasa cuando se adopta una defensa normativa de la democracia. Ese es el punto que se soslaya permanentemente, porque puede atentar contra los intereses financieros. No es necesario ser de izquierda para sostener esta perspectiva. Alcanza con compartir cierta sensibilidad de pluralismo democrático. Las decisiones políticas no pueden ser meras gestiones administrativas. Conllevan ideología y para un lado o para otro cuentan con la legitimidad de un gobierno electo. Sin embargo, no es casualidad que este tipo de decisiones tiende cada vez más a estar en manos de organismos supranacionales, ajenos a todo control democrático.

A modo de cierre, en un escenario distópico (o en Grecia) alguien podría preguntarse para qué tiene que votar políticos si en verdad quienes gobiernan son directores gerentes y ejecutivos de entidades supranacionales. O se podrían preguntar cuál es el sentido de tener ideología, cuando en realidad los grandes temas son problemas de gestión y por lo tanto se resuelven en un directorio y no en un Parlamento.

 

 

 

 

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.

  • dependiente

    Grecia votó unirse a la UE, unirse al euro (mintiendo), es un problema de legitimidad de los políticos griegos plebiscitar cosas q no cumplen, “negociar” desde lo irracional etc, etc. Cuando te asocias evalúas y te sales si quieres. A Uruguay le avisaron q solito no negocia con nadie sin permiso, ¡en el Mercosur!, q no llegó ni a los mas basicos compromisos. Hasta aquí casi comparto sus dudas sobre quien debe mandar, pero mire q si se distraen de su mandato democrático otra vez, los van a colgar en plaza Omonia o en la Sintagma (están jugando con fuego los Tsipras).
    Sr. Guedes, en el capitalismo, ud va para adelante y para atrás si no le gusta, es honesto!!, pero como en la vida, los mentirosos se pialan, siempre es así. No se olvide que acá la Ley de Caducidad fue avalada por dos pueblos uruguayos (porque murieron y nacieron uruguayos en el medio) y se cumplen nuestras leyes de origen “latinoamericanos” o “mundiales”, así que esto de someterse a los gerentes y los jueces del lugar al que te asocias, es más extendido q en la pobre Europa germánica.
    Agrego q en Grecia, la formalidad económica no existe, los ricos no pagan impuestos comparado con Europa, y un Estado Nacional son los ricos pagando impuestos “como Dios manda”, para q el resto reciba algo del Estado distribuidor. A Grecia se le terminó la viveza criolla, pero como está en Europa, nos estremece, en los otros continentes estamos otros que debemos ser mas exigentes cuando vienen acá de esos organismos q usted menciona a decirnos q hacer (en Uruguay no los seguimos en el tema del default en 2002) y en Grecia estos gerentes estaban distraídos y negligentes.
    Hasta con la geografía defender al nacionalismo en Grecia o la vigencia de la democracia no es compartido. Son unos atorrantes, que no se les cae una lágrima por nuestro presente.

  • Juan F. Mancebo

    Nadie obligó a Grecia a ingresar a la zona euro ni a pedir miles de millones prestados. Responsablilidad es lo que deben tener los gobernantes, allá y acá. Y si, prefiero gerentes y no políticos, toda la vida.

  • dependiente

    leí mi comentario, vi otros y me preocupe, Sr Guedes, en el error o en lo cierto, la democracia y la libertad son lo único que ponen freno a los excesos, así que confiemos en el pueblo griego, que si no le gusta la sarna, le picará.

  • Alejandro Guedes

    Sin lugar a dudas que hay responsabilidad del gobierno cuando se debe 358.000 millones de dólares, crecimiento desmedido del gasto público y una deuda que esta en el entorno del 177% del PIB (hay anécdotas muy pintorescas al respecto). Pero la reflexión va más allá de eso. Cuando Grecia ingresa a la eurozona logra un abaratamiento del costo de los crédito y los ávidos acreedores no demoran en aparecer. La información sobre su economía era conocida (o alguien cree en la inflación oficial de Argentina??). A lo que voy es que todas las partes tienen responsabilidad y posiblemente las consecuencias ya forman parte del cálculo. Es ahí cuando las líneas de crédito implican decisiones que van más allá de los ajustes. Privatizar un servicio no es una gestión en búsqueda del equilibrio fiscal, o puede serlo, pero también es la apertura de un nuevo nicho del mercado financiero. Y ese es el punto. Independientemente de la vieja discusión entre la eficiencia pública y privada, al menos hay que reconocer que esas decisiones son políticas y como tal, es un gobierno soberano el que legítimamente puede tomar una decisión. Si este tipo de decisiones son de gestión y no de política como mínimo habría que decirle a los ciudadanos que se dediquen a votar en los consejos barriales porque en la política nacional no tienen nada que hacer. Pero en caso contrario, habría que comenzar por establecer reglas más claras que no pongan a una democracia a la cola de las decisiones corporativas.

  • dependiente

    Lo derecho es derecho, lo torcido no se endereza, parece q valoró lo de Grecia, igual q yo, pero le siguen molestando los gerentes. Nombra a Argentina q no tiene crédito y está paseando de juzgado en juzgado en EEUU, aceptando el camino espinoso q eligió (ganando tiempo) y saqueando recursos a sus vecinos pequeños para aguantar ( bloqueo a los puertos uruguayos). Locke dijo q los pueblos tienen el derecho de rebelarse contra los gobiernos injustos, el problema q usted ve, es como se exige por un acreedor a un deudor moroso el crédito. Bienvenido al capitalismo, es lo más normal, no me gustaría tenerlo de acreedor, vea la historia política reciente de Grecia y Argentina y el tema no es la privatización, sino otros, muy mundanos y Locke le abrió los ojos a la humanidad, para que si las soluciones no las da el representante (para él el Rey), entonces el representado está en su derecho de tomar la posta y cambiarlo en la primera oportunidad. Espero q su sigte artículo no sea invitarme a reflexionar sobre el acogotamiento a la petrolera Venezuela bolivariana.