Domingo, 4 de junio de 2017

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Hace 20 años…

Hace veinte años comenzaban a funcionar los dos primeros Centros Regionales de Profesores (CERP) en el interior del país. El CERP del Norte con sede en la ciudad de Rivera y el CERP del Litoral con sede en Salto, los que iniciaron sus primeros cursos el 26 y el 27 de mayo de 1997 respectivamente.

La realidad era bastante compleja, varios departamentos no tenían ningún docente titulado en disciplinas como Matemática, Lengua o Química. Las posibilidades de formación se dividían entre el tradicional Instituto de Profesores Artigas en Montevideo y los Institutos de Formación Docente del interior del país, en donde los aspirantes podían formarse de manera semi- presencial debiendo acudir a la capital a rendir sus exámenes de las áreas específicas, en carácter de libres.

Las posibilidades de formación en el interior eran muy escasas y la cantidad de docentes con título eran sorprendentes. En 1995 solamente el 31 % de los profesores tenían título, 44 % en Montevideo y 20 % en el interior, existiendo situaciones como la de Matemática en donde el 13 % de profesores eran titulados (el 21 % en Montevideo y el 7 % en el interior).

Era necesario, entonces, adoptar decisiones trascendentes que dieran un giro drástico a la situación imperante, generando nuevas y efectivas oportunidades con perspectiva descentralizadora y regional.

El CODICEN de la época, presidido por Germán Rama, creó los Centros Regionales de Profesores y estableció que los mismos tendrían los siguientes objetivos generales:

  1. Promover una formación sistemática, global y en profundidad para la docencia a nivel de educación media, que diversificara la oferta centralizada en Montevideo.
  2. Contribuir a la profesionalización del ejercicio docente, en particular en Ciencias de la Naturaleza, Ciencias Sociales, Lengua y Literatura y Matemática.
  3. Brindar una formación sistemática en Ciencias de la Educación y en particular en Sociología de la Educación.
  4. Favorecer una lectura integral del campo educativo que diera cuenta de la complejidad, articulando una visión que combinara aproximaciones didácticas, pedagógicas, psicopedagógicas y sociológicas, entre otras.
  5. Estimular por medio de currículas innovadoras una renovación de la práctica profesional, superadora de las modalidades tradicionales dominantes, abierta e indagadora que incorporara funciones de investigación de la propia práctica.
  6. Realzar el rol de la investigación educativa como ingrediente clave de la formación de profesores, priorizando un modelo de investigación abocado al diagnóstico y a la intervención a nivel de los problemas existentes.
  7. Actuar como agente dinamizador en la región de cada centro regional a través de acciones de información, de actualización, de difusión, de orientación y de asesoramiento.
  8. Alentar en los profesores una actitud inclinada a la exploración crítica y creativa, favoreciendo el intercambio entre los mismos de manera de superar la fragmentación del conocimiento y el aislamiento docente imperante. [i]

Los CERPs, entonces, fueron concebidos como entidades educativas innovadoras y descentralizadas que llegaron para generar nuevas oportunidades en el interior del país. Centros altamente profesionales, con cargos y no horas docentes, con espacios destinados para la producción de conocimiento (investigación educativa), para la planificación, transformadores de las prácticas profesionales (a través de centros de práctica de referencia de secundaria y de utu), con nuevos recursos materiales, humanos y didácticos. Llegaron con una visión regional, también novedosa que se fue construyendo desde las propias comunidades en las que se insertaron, para potenciar la oferta educativa terciaria de la ANEP ya existente en el interior del Uruguay a través de los Institutos de Formación Docente.

Germán Rama al concurrir a la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Senadores en 1995 expresaba: “…la ANEP tiene la suerte de contar con un servicio de educación superior de enorme volumen e importancia. Siempre repito que la segunda Universidad del Uruguay se llama Administración Nacional de Educación Pública (…) En materia de matrícula, sólo nos gana la Universidad de la República, y además la nuestra es una matrícula efectiva, ya que se trata de personas que acuden a los establecimientos de educación de todo el país…”[ii]

Además de la creación de los centros, cuestión para nada menor, se establecieron tres beneficios adicionales y de vital importancia para la concreción de un efectivo proceso de descentralización y generador de oportunidades. A los alumnos que lo requerían se asignó, lo que permanece a la fecha, becas de alimentación total y de alojamiento en la ciudad de radicación del centro. A ello se sumó, locomoción para que cada quince días, los alumnos volvieran a sus respectivos lugares de origen con el propósito de que cada uno mantuviera el contacto con “sus afectos”. Todo ello con el firme propósito de que los estudiantes al egresar, se transformaran en un foco de formación y desarrollo profesional en sus lugares de origen, al que se pretendía volvieran.

En definitiva, este proceso – trabajoso y arduo – determinó con el transcurso del tiempo la creación de seis centros regionales de profesores en el interior del país (Rivera, Salto, Colonia, Maldonado, Atlántida y Florida) los que, a partir de su accionar, lograron cambiar la realidad de la formación de profesores, a pesar de las resistencias generadas por diversos actores motivados – en la mayoría de los casos – por mantener el statu quo imperante.

Resistencias que en cierta medida triunfaron en el año 2008, cuando se aprobó un plan único para la formación de docentes que desde una perspectiva centralista impactó fuertemente la naturaleza misma de los centros regionales. Estos se vieron afectadas en varias de las cuestiones innovadoras que habían implementado desde sus orígenes, las que tristemente dejaron de estar presentes en la formación de los profesores del Uruguay a partir de dicho momento.

Variadas propuestas felizmente concretados a través de los centros regionales vuelven, en las actuales circunstancias, a estar sobre la mesa y ser el sustento de la transformación que se quiere llevar adelante hoy por hoy. De no haber mediado algunas decisiones adoptadas podrían estar consolidadas no solo en los centros regionales, sino también en otros centros formadores de docentes en todo el país.

Pero la realidad es única y respecto de la misma se debe actuar. Sin perjuicio de lamentarlo, es necesario avanzar para concretar cambios impostergables y para ello, sin dudas, el accionar decidido de comunidades educativas que impulsaron estas transformaciones en todo el país deben ser fuente de inspiración.

A veinte años de los primeros Centros Regionales de Profesores, celebramos y recordamos su creación como un admirable ejemplo de transformación y cambio. Como un ejemplo a seguir y considerar para la efectivización de una política nacional que atienda las diversas necesidades que los docentes experimentan a la fecha, sabedores de que el desarrollo máximo de un sistema educativo está estrechamente ligado al desarrollo profesional de los docentes que lo integran.

 


 

 [i] Una visión integral del proceso de reforma educativa en el URUGUAY 1995 – 1999 – página 271 y ss. – ANEP – CODICEN – febrero de 2000

[ii] Obra citada – página  267

Robert Silva García

Autor: Robert Silva García

Doctor en Derecho y Ciencias Sociales egresado de la Universidad de la República, Profesor de Administración y Servicios egresado del Instituto Normal de Enseñanza Técnica. Cuenta con formación a nivel de postgrado en educación y recursos humanos. Fue Consejero de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, Secretario General del Consejo de Educación Secundaria y Secretario General del CODICEN de la ANEP. Actualmente es docente efectivo de UTU, Coordinador del Observatorio de Educación de la Fundación Propuestas (FUNDAPRO) Fue integrante la Comisión Directiva del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd). Actualmente es consejero del Consejo Directivo Central (CODICEN) de la ANEP