Viernes, 20 de julio de 2018

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¿Hacia dónde va el mundo del trabajo?

¿Qué está pasando?

En marzo de este año un robot dotado de inteligencia artificial desarrollado por la empresa iFlytek al que han llamado ‘Xiaoyi’ (下- xià, pequeño; 医- yī, doctor; pequeño doctor), comenzó a trabajar en el centro médico de Shuanggang, en la ciudad de Hefei (China). Xiaoyi había superado en noviembre del año pasado los exámenes nacionales de licencia médica de China con una alta puntuación (456 puntos, 96 puntos sobre la media) con lo que se convirtió en el primero del mundo en aprobar una prueba de este tipo[1]. Mientras esté trabajando en régimen de prácticas siempre estará acompañado por un médico humano que tendrá la responsabilidad de confirmar sus diagnósticos y los tratamientos que prescriba.

 

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Yiaoxi

 

En junio de este año el sistema de inteligencia artificial BioMind AI, desarrollado por el Hospital de Pekín y la Capital Medial University, compitió con quince médicos chinos procedentes de prestigiosos hospitales de todo el país en una competencia a dos rondas, organizada en el Tiantan Hospital de Pekín. El desafío consistía en diagnosticar tumores cerebrales y hematomas. BioMind AI ganó 2-0, es decir, ganó en las dos rondas. Realizo 225 diagnósticos en quince minutos. En el caso de tumores realizó 87 % de diagnósticos correctos, frente al 66 % que consiguió el equipo de doctores. En cuanto a la predicción de hematoma cerebral, su precisión fue del 83 %, mientras que los médicos acertaron en un 63 % de los casos[2].

 

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Imagen de la competición entre BioMind AI y los doctores

 

 

Estos casos ilustran los impresionantes progresos tecnológicos que se están produciendo y las importantes repercusiones que generarán en el mundo del trabajo. A efectos de la comprensión de lo que está sucediendo realizaremos un análisis histórico y económico que nos permita visualizar cómo se enmarca en un proceso evolutivo que comenzó hace siglos.

 

Breve historia del trabajo

Si bien el mundo del trabajo cambió mucho desde la época de las cavernas, el gran cambio cualitativo se dio con la Revolución Industrial, cuando se introducen equipos movidos por fuentes de energía distintas del esfuerzo físico para la producción de bienes. De la mano de esto surge la empresa moderna, una de cuyas características es concentración de trabajadores en un solo lugar físico. En 1768 Richard Arkwright inventó el marco giratorio movido por agua y funda en Gran Bretaña la primera factoría de algodón basada en energía hidráulica del mundo. La fábrica tuvo que ubicarse donde estaba la fuente de energía (la corriente de agua) y allí tuvieron que concentrarse los obreros. Los cambios tecnológicos subsiguientes llevaron a otras fuentes de energía, pero la necesidad de grandes equipos y la concentración de trabajadores fue algo que permaneció. Se comienzan a dar aquí pues grandes cambios en el mundo del trabajo. En primer lugar, la pérdida de relevancia de la fuerza física humana en los procesos productivos. En segundo lugar, las grandes organizaciones procuran aumentos de su productividad de múltiples formas, una de las cuales es la división del trabajo, lo que lleva a que cada trabajador pase a concentrar su actividad y su aprendizaje en una fase específica del proceso productivo.

Durante la Revolución Industrial también comienza un proceso de avance tecnológico consistente en una serie de innovaciones orientadas a “capturar” conocimientos y habilidades que antes eran privativas de los seres humanos, al mismo tiempo que las realizaban en forma más rápida y económica. La Revolución Industrial comenzó en el sector textil, y en ese sector se pueden destacar la lanzadera volante (John Kay, 1733), la máquina hiladora “Spinning Jenny” (James Hargreaves, 1764) y luego la “Mule Crompton” (Samuel Crompton, 1779) y el telar con estampación, el “Telar Jacquard” (José Jacquard, 1801). El Telar Jacquard es especialmente importante, en tanto permitió sustituir un trabajo altamente especializado por un verdadero sistema de programación a través de tarjetas perforadas. Todas estas innovaciones tienen la característica común de aumentar la productividad del trabajo humano, es decir, se puede producir lo mismo que antes con menos trabajadores, producir más con los mismos, o producir más con menos empleados. Este proceso en el sector industrial es más que compensado con un aumento del nivel de actividad, lo que lleva a que en ese sector el aumento de la productividad de los trabajadores coexista con el aumento del empleo.

En el sector agrícola la Revolución Industrial también generó aumentos de la productividad. La sembradora inventada por Jethro Tull permitió ahorrar semillas y mano de obra. La segadora de Mackormirck, tirada inicialmente por caballos, realizaba el trabajo equivalente de un elevado número de personas provistas de las tradicionales hoces y guadañas. La trilladora de Turner, quitaba el trabajo a decenas de jornaleros, separando eficazmente la paja del grano. En el sector agrícola no se dio un aumento del nivel de actividad de tal magnitud que permitiera compensar las menores necesidades de mano de obra provocadas por la mejora de la productividad, lo que llevó a que las zonas rurales comenzaran a expulsar gente. Al mismo tiempo la gran actividad industrial en las zonas urbanas demandaba mano de obra y ofrecían condiciones de vida que, si bien en sus comienzos eran muy deficientes, eran un progreso respecto del pasado. Este fenómeno de expulsión-atracción provocó los grandes éxodos rurales, primero en Gran Bretaña y luego en el proceso de industrialización de los restantes países. Tenemos pues que el primer sector donde el avance tecnológico se transformó en un destructor neto de empleo fue en el sector agrícola.

En los gráficos que presentamos a continuación podemos observar el impacto que la tecnología ha tenido en los diversos sectores de actividad para el caso de Estados Unidos. En el Gráfico 1-A puede observarse para el sector de la producción agrícola un proceso similar al que describimos en Gran Bretaña. Mientras en 1840 el sector agrícola representaba cerca del 70% del empleo, en 2010 ese porcentaje ha bajado a apenas un 2%. En la Gráfica 2-B tenemos información adicional que permite explicar este proceso. Al mismo tiempo que la productividad del sector agrícola ha aumentado a lo largo del todo el período considerado su peso en la producción ha bajado dramáticamente, pasando a estar cerca del 50% de la producción total en 1840 a un 2% en 2010. Se da aquí también en fenómeno de expulsión de mano de obra al que hacíamos referencia. Como contrapartida tenemos un fenómeno paralelo de atracción de mano de obra tanto del sector servicios como del sector industrial, tal como puede observarse en el Gráfico 1-A, que para el sector industrial se corta luego de la Segunda Guerra Mundial. Durante todo ese período el sector industrial, conjuntamente con el de servicios, fueron sectores que atrajeron mano de obra, completándose así la combinación explusión-atracción que fomentaron el éxodo rural.

Puede verse en el Gráfico 1-B que desde 1950 a 1970 la producción industrial mantiene su participación en la producción total a pesar de que el peso del empleo disminuye, gracias a los aumentos de la productividad. A partir de ese momento los aumentos en la producción industrial no fueron suficientes para compensar las mejoras de productividad, llevando a que el empleo disminuyera. Un estudio de Hicks y Devaraj del 2015 llegan a la misma conclusión y afirman que casi el 88%  de los empleos perdido en las industria entre 1999 y 2013 se pueden atribuir el fuerte crecimiento de la productividad de las fábricas de Estados Unidos[3]. Pasa pues a darse el fenómeno de expulsión de mano de obra en el sector industrial que antes se había dado en el sector agrícola.  También tenemos aquí que el sector de servicios crece tanto en su participación en el empleo como en la producción total. Luego de Segunda Guerra mundial el sector de servicios pasa a atraer la mano de obra que expulsa el sector industrial. Se completa pues para el sector industrial la misma dupla expulsión-atracción que antes se había producido en el sector agrícola, y ahora lo que Estados Unidos está viviendo es similar a lo que sucede en el resto del mundo, el éxodo industrial.

 

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  Fuente: https://www.minnpost.com/macro-micro-minnesota/2012/02/history-lessons-understanding-decline-manufacturing

 

A un nivel más global, podemos ver en el Gráfico 1-C que la disminución de la participación del empleo en la producción de bienes (agrícolas o industriales) ha sido una tendencia estable desde la Segunda Guerra Mundial hasta el presente. Las tendencias paralelas han sido una disminución del peso de la producción de bienes en la producción total y, como contrapartida, un aumento del peso de los servicios. Los servicios han pasado a ser, a nivel agregado, el único  generador de empleo. Para que esto sea posible, tal como hemos visto, el aumento de la producción de servicios debe ser mayor que el aumento de la productividad en el sector.  En un estudio de Ana Maria Santacreu y Heting Zhu[4] donde se analizan las tendencias en materia de producción de bienes y servicios en 24 países para el período 2000-2014 se aportan datos que son consistentes con el cumplimiento de ese extremo. Tal como puede verse en el Cuadro 1 en dicho período la productividad del sector servicio en ese grupo de países ha sido de apenas un 24,77%, frente a un 42,32% en el sector industrial y un 32,91% en el sector agrícola. Puede observarse que el peso relativo de los sectores de bienes y servicios en cuanto a empleo o producción son bastantes similares a los que surgen de los datos de Estados Unidos. A similares conclusiones arriba Johnston[5], quien sostiene que del análisis de los datos posteriores a la Segunda Guerra Mundial puede constatarse que “la productividad creció rápidamente en el sector industrial, más rápido que la demanda por productos industriales, mientras la que productividad en el sector de servicios creció en forma relativamente lenta”.

 

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Cuadro 1 – Participación en el empleo, I&D y productividad por sector, 24 países, 2000-2014

Fuente: elaborado a partir de datos de OCDE

 

 

¿Qué es lo distinto de esta nueva etapa?

Como hemos visto en el análisis previo, los grandes cambios en el mundo del trabajo han derivado de sectores donde las tasas de crecimiento pasan a ser inferiores a las tasas de mejora de la productividad derivadas de los avances tecnológicos. Como consecuencia de ello el sector puede producir cada vez más con cada vez menos recursos humanos, llevando a que el sector expulse mano de obra. También hemos visto que este proceso se da paralelamente a un aumento importante en el crecimiento de otro sector, crecimiento que es superior a los aumentos de su productividad laboral. Esto lleva a que este sector pase a ser demandante de mano de obra. Las grandes transformaciones en el mundo del trabajo se han dado pues en el contexto de un proceso de explusión/atracción donde participan más de un sector productivo. Es así que se dio el éxodo rural asociado al proceso de industrialización, siendo allí el sector agrícola el expulsor y los sectores industriales y de servicios, los atractores. Luego vino el éxodo industrial, que se produce luego de la Segunda Guerra Mundial, en donde el sector industrial crece pero al mismo tiempo necesita cada vez menos mano de obra, es decir, la productividad de la mano de obra aumenta muy por encima de los aumentos de la producción. El sector expulsor aquí es el sector industrial y el atractor el sector de los servicios. Nos enfrentamos ahora a una situación inédita. ¿Por qué? Porque no hay otro sector que pueda actuar como atractor, es decir, no hay otra opción para la generación de empleo que dentro del sector de los servicios.

El sector de los servicios tiene una particularidad, que es que concentra buena parte de la producción no transable, es decir, que no es objeto de comercio internacional y que inclusive tiene limitada la competencia dentro del territorio de un país. Esto implica que el sector tiene cierto poder para apropiarse de los aumentos de riqueza que se generan por aumentos de la productividad en los sectores industrial y agrícola. Cuando el sector industrial aumenta sus ingresos como consecuencia de los aumentos en su productividad, muchos sectores de servicios asociados aumentan sus precios en términos reales simplemente porque sus clientes domésticos industriales tienen más para pagarlos. Eso hace que el sector tenga una capacidad para generar empleo que vaya más allá de lo que los cambios en su productividad permitirían.

¿Cuáles son los cambios que se están dando ahora?  Los cambios tecnológicos nunca habían permitido cambios muy dramáticos en la productividad en el sector servicios. Eso ya no es así. Como vimos en uno de los ejemplos que analizamos en el comienzo: 225 diagnósticos en 15 minutos, con un porcentaje de aciertos 20% superior a los mejores profesionales de China… Este tipo de avances tecnológicos no van a sustituir a los médicos humanos, pero incrementarán exponencialmente su productividad. Casos más dramáticos son aquellos en que la sustitución completa es factible, como es el caso, por ejemplo, del impacto que los vehículos autónomos tendrán sobre los empleos de los conductores profesionales o sistemas como Amazon Go sobre los cajeros de los comercios[6].

Otro cambio que se está dando –si bien todavía en forma incipiente- es que los avances tecnológicos están transformando servicios no transables en transables. A vía de ejemplo, para la realización de diagnósticos del tipo que realiza el sistema de Inteligencia Artificial BioMind no es necesaria la presencia física cercana al paciente –cosa que antes sí era necesaria-, lo que implica que en el futuro la competencia en este tipo de servicios puede ser a nivel mundial, lo que implicará una fuerte limitación al aumento de precios por poder de mercado al que están acostumbrados tantos sectores de servicios.

¿Qué consecuencias tendrán saltos ascendentes en la productividad de la mano de obra del sector servicios, eventualmente acompañados de aumentos en la transabilidad? Los saltos en la productividad en sectores de servicios maduros difícilmente podrán ser compensados en saltos de igual magnitud del nivel de producción del sector y la pérdida de poder de mercado impedirá compensar la diferencia con aumentos de los precios (inclusive estos puede que tengan que bajar). A vía de ejemplo, si aumenta la productividad de los médicos un 40% en un período relativamente corto sin aumento real de precios, sería necesario que el nivel de actividad del sector aumentara en un rango similar para que el nuevo nivel de producción requiriera igual cantidad de médicos. Eso es factible en países que tienen un déficit en la cantidad de estos profesionales –es el caso, por ejemplo, de China-, pero no lo es donde la dotación de estos profesionales es adecuada. En este último caso el aumento de la productividad actuará como un factor de expulsión.

¿Qué pasará entonces? Existen varias opciones. Una de ellas es un aumento del desempleo crónico o la reducción del horario de trabajo. Otra es el aumento del empleo público, que en estas circunstancias en realidad pasa a ser una variante del desempleo crónico. Otra opción es que surjan nuevas actividades dentro del sector de servicios o que crezca el peso relativo de algunas ya existentes. En este último caso estos sectores pasarían a cumplir el papel que antes tenía el “sector atractor” en la dinámica del mundo laboral.

 


 

[1] http://cadenaser.com/ser/2018/03/05/ciencia/1520247520_390063.html
[2] https://www.latercera.com/tendencias/noticia/robot-chino-vence-15-medicos-diagnostico-tumores-cerebrales/227558/
[3] Hicks, M. J., & Devaraj, S. (2015). The myth and the reality of manufacturing in America. Center for Business and Economic Research, Ball State University, 6.
[4] Santacreu, A. M., & Zhu, H. (2018). Manufacturing and Service Sector Roles in the Evolution of Innovation and Productivity. Economic Synopses, (2), 1-3.
[5] Johnston, L. D. (2012). History lessons: Understanding the decline of manufacturing. Minnpost.
[6] https://www.youtube.com/watch?v=NrmMk1Myrxc

Leonardo Veiga

Autor: Leonardo Veiga

Contador Público, Universidad de la República; Licenciado en Administración, Universidad de la República; Master en Dirección y Administración de Empresas, IEEM; CPCL, Harvard Business School, EE.UU., PhD Universidad de Navarra. Es profesor de Gestión de la Innovación y de Economía Política (IEEM/UM) y de Prácticas Desleales de Comercio y Defensa Comercial (CEA/ADAU). Es miembro del directorio del Centro de Innovación Tecnológica SEPÉ. Fue consultor del Programa Nacional de Desburocratización (PRONADE), del Plan de Desregulación del Comercio Exterior y las Inversiones (PLADES), miembro del Board del Global Entrepreneurship Monitor, Director del MBA del IEEM/UM y Coordinador de la carrera de Contador Público en la FCCEE/UM.

  • Cdmazal

    Excelente Leonardo.