Miércoles, 23 de agosto de 2017

MENU

¡Hay que elegir y ya!

La verdad es que iba a cargar las tintas contra el Sr. Kim, por más presidente del Banco Mundial que fuera. Sin embargo, el texto que lleva como ominoso mensaje ” La inteligencia artificial va a eliminar entre 50% y 65% de todos los trabajos existentes” no tiene mayor relación con el título sensacionalista.

Sin embargo, si uno observa los primeros 20 (o inclusive 30) países en los rankings de educación, competitividad (WEF) o innovación (OMPI), todos tienen bajas tasas de desempleo. ¿Casualidad? No. Dichos países invierten un porcentaje mayor de su PIB en innovación (Israel 4.8%), incentivan aquellas carreras vinculadas con la economía del conocimiento, fomentan la competitividad tecnológica y no tecnología (procesos, mercadeo, entre otros) y se insertan en grandes cadenas de valor con un elemento importante de propiedad intelectual (PI). También son quienes tienen políticas de innovación bien fundamentadas y probadas. Entonces no hay milagros. Hay coherencia y trabajo.

Asimismo, tienen más patentes. Validar este argumento que, para algunos, no tiene fundamento, solo requiera hacer un simple ejercicio matemático, ver cuantas patentes tienen los primeros 20-30 países desarrollados. Panasonic tiene 7 mil. Samsung 12 mil y un iPhone más de mil. Es decir, Panasonic tiene más patentes que toda la región. Si el vínculo desarrollo-patentes no es aceptable, por las razones académicas que sean, podemos asegurar que son los países que generan más conocimiento que es el mejor parámetro para de medir el nivel de desarrollo. El 57% de las nuevas solicitudes de patentes se concentran en China, Corea y Japón. Ahí está el conocimiento y no en los U$S25.000 per cápita que nos aseguraba el ex presidente Mujica, sin explicación racional alguna, nos transformaría automáticamente en países desarrollados.

La innovación, que está en peligro de desgastarse por el uso frívolo, es lograr transformar algo ya existente con la adición de novedad y llevarlo al mercado usando propiedad intelectual para generar riqueza. Si, riqueza. Esa palabra tan vapuleada como malinterpretada pero que todos anhelan. Todavía a esta altura del partido hay gente trasnochada que aseguran que “riqueza es sinónimo de algo “perverso”. Me tocó escucharlo en varios países. Pero la riqueza, bien entendida, es mucho más que de dólares. Es incentivar la creación, generar bienestar, trabajos bien pagos, nuevas PYMES, inversiones y reinversiones, crear productos que mejoren la calidad de vida y la extiendan, transferir tecnología y mucho más. Ciertos sectores nos dicen que solo ayuda a las multinacionales pero el 70% es generada en PYMES y, un ejemplo adicional, en México el 30% de las patentes son de inventores independientes.

En Uruguay a veces da la impresión que las patentes también son algo “negativo”, que lo correcto es publicar y subir al dominio público. Craso error y falso dilema. Se puede hacer ambas. Mi opinión en el caso de investigación financiada por el Estado debería de ser sujeta, primero a una búsqueda para determinar si existen las condiciones para su patentamiento. Si no, se publica. Individuos a título personal pueden hacer lo que quieran, pero, reitero, las financiadas por el estado tendrian que hacer una búsqueda, lo cual requiere costos y un conocimiento profundo del proceso ya que la calidad de la búsqueda y la redacción de un documento de patente hoy requiere expertise y su calidad es un factor decisivo.  Las patentes permiten no solo proteger por un plazo limitado los derechos del titular, quien invirtió, arriesgo e innovo sino capturar información que luego se divulga y ayuda al desarrollo tecnológico. Hoy la base de datos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) llamada Patentscope, contiene 65 millones de documentos de patentes que son accesibles gratuitamente en el enlace http://www.wipo.int/patentscope/es/index.html

Y no, la propiedad intelectual no es un arma del capitalismo. Quien las tiene las venera y quien no, las odia. La falta de información lleva a desconocer, por ejemplo, que Cuba patenta intensamente y los recaudado, en particular en biotecnología, son su segunda fuente de ingreso después del turismo. China y Vietnam patentan como lo hace EEUU. No hay razón ninguna para ideologizar una patente, salvo en las cabezas de algunos que se quedaron en el pasado. La PI es también una “posibilitadora” (otro término creado para traducir “enabler”) de bienestar, como decíamos anteriormente, y también de negocios. Las patentes se pueden licenciar a otro interesado y negociar un porcentaje para el titular. En lo personal, me inclino por esta última alternativa. No vender sino licenciar. Por último, quien busca invertir siempre se asegura de que el país tenga un sistema de PI fuerte y ser miembro del PCT. Da confianza. Si no es miembro del PCT para ellos quiere decir “no les importa”. O, por el contrario, si se es miembro, cambia a “Uruguay si protege”. Todavía estamos por adherir. Más cerca, pero los intereses particulares, no lo permiten cuando lo único que tendría que importar es el interés nacional.

Si todavía subsisten dudas, basta con observar, analizar y aprender cual fue el camino que tomaron aquellos países que alcanzaron una mejor calidad de vida, la mejor distribución del ingreso, tasas bajas de desempleo y lideran la economía mundial. No hay ningún país desarrollado que haya llegado a ese nivel sin priorizar la tecnología, la competitividad, el ambiente de negocios y la innovación, entre otras políticas. Es verdad que tampoco hay país desarrollado que después de haber sufrido guerras, conflictos bélicos, desastres naturales o le toque vivir en ambientes hostiles, que no haya incentivado el desencadenar procesos de innovación seriales. Bastaría con mencionar a los perdedores y ganadores de la Segunda Guerra Mundial, Corea, la invasión soviética a Finlandia. Las crisis gatillan la creatividad y generan innovación. También lo tendría que hacer el razonamiento, pero parece que, por ahora, solo la ANII, El Institut Pasteur, el Polo Tecnológico de Pando, algo en el Ministerio de Industria, el Instituto de Investigación Agrícola, Facultades como la de Química, los propios abogados de PI, el PEDECIBA y el sector privado apoyan con la excepción de los laboratorios farmacéuticos nacionales. L PCT hoy cuenta con 152 miembros. Uruguay está afuera junto con Burundi, Myanmar y Venezuela, entre otros.

Uruguay puede, pero no termina de despegar y en el 2015 se otorgaron 21 patentes de invención a residentes. Hay sectores individuales que trabajan muy bien en el ecosistema de innovación como, por ejemplo, los que lideran la tecnología de la información que hacen de Uruguay el primer exportador de software de América Latina, energías renovables (aún con algunos problemas)

Para Uruguay, si no cambia, las predicciones de presidente del BM siguen siendo exageradas, pero puede volverse más reales. El secreto es escuchar el mensaje implícito. El subyacente. Si seguimos así, entonces veremos nuevamente un éxodo de proporciones similares a las que comenzó a mediados de los 60s. El “así” es con una debacle en la educación y una universidad pública querida y que supo dar grandes valores para la sociedad pero que hoy está sin rumbo fijo y a la PI la ve de lejos. Y, encima, poniendo la autonomía por delante de los intereses del país.

Hay que prepararnos para insertarnos en la economía basada en el conocimiento, la cual ya llegó pero que tendrá su máxima expresión en un par de décadas. El Estado el sector privado y académico deben de trabajar coherentemente en la llamada “Triple Hélice” sin la cual el proceso será difícil que arranque. Por ahora ni se pudo llegar a cumplir la promesa electoral de llevar al 1% el PIB para Ciencia, Tecnología e Innovación, lo cual todavía sería bajo a no ser que el sector productivo aporte, al menos, otro 1%. Hoy estamos en 0.40% o quizás un poco menos. Eso nos pone al mismo nivel que Malta, la cual, que yo sepa, no innova.

El sector privado no se queda afuera de la responsabilidad que afectará a las próximas generaciones. Su zona de confort es mínima. No arriesga, no invierte, todavía vive a las sombras de un estado que lo opaca y no en el mundo donde las sumas de fracasos son consideradas un éxito. Solo hay que mirar a nuestros vecinos chilenos, peruanos, costarricenses o colombianos. Son empresarios agresivos y tienen una visión-país.

Y, para terminar, están los sindicatos. Los nuestros a pesar del discurso progresista parecería que no quieren el “progreso” salvo en términos ideológicos ya perimidos. El verdadero progresismo incluye pragmatismo, reformismo y un rol para el estado de generar oportunidades. No a través de asistencialismo sino educación, formación técnica y profesional, becas, pasantías y todo un rango de alternativas. No quiere competir y de ahí su rechazo a seguir en el TiSA, firmar TLCs o adherirse al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (conocido por sus siglas en Inglés PCT) o firmar un simple TLC con Chile que, bajo todo concepto, presento una oferta razonable. No se puede vivir negando la realidad o viviendo en otra época. Es muy nuestro refugiarnos en el pasado. El presidente del BM, Kim, se dirige a nosotros y nos dice que vivamos en el futuro. Es cuestión de escuchar y no perder más trenes.

Hay que elegir y ya. No hay tiempo para debatir que Uruguay queremos en el 2030. Por supuesto que se puede hacer, pero ya hay suficiente información en el Plan Estratégico de Ciencia, Tecnología e Innovación (PENCTI) del 2010 el cual deberá de ser actualizado y transformado de una Visión-País a un marco estratégico para los próximos 15 años. Dicho marco estratégico resultaría en un Programa-País donde se fijen objetivos realistas, plazos razonables, recursos humanos y financieros suficientes, resultados deseado, evaluaciones y auditorias permanentes, considerar riesgos y medidas de mitigación y, muy en especial, tener una gobernanza y gestión de primer nivel. Debe de existir un proceso de toma de decisiones con términos de referencia claros donde la autoridad que se designe tenga el mandato de actuar transversalmente. Muy someramente, el ejecutor debe de ser la ANII con un PENCTI como marco rector en substancia y las políticas públicas tendrían que venir de un proceso de consulta dirigido por la OPP, junto con Economía e Industria.

De cualquier debate responsable que se dé, la respuesta es que no tenemos muchas opciones. Casi diría que no tenemos opciones. Abrirse al mundo y competir. Sin satanizar ningún sector, pero sin dádivas, empresas sin fines de lucro y asistencialismo y siendo extremadamente cautelosos con los subsidios. Necesitamos general riqueza para poder distribuirla, pero no en nuevos empleos públicos. En innovación y productividad.

Carlos Mazal

Autor: Carlos Mazal

Politólogo de la University of the Pacific con una Maestría en Estudios Latinoamericanos y del Caribe de la New York University. Es Consultor Internacional en temas de Propiedad Intelectual, Innovación y Desarrollo y ex Director para América Latina y el Caribe de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Miembro Fundador del Centro de Estudios de Propiedad Intelectual (CEPI) de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Republica. Miembro de Número de la Academia Nacional de Economía. Miembro Consejero del Consejo Uruguayo de Relaciones Internacionales (CURI)