Viernes, 16 de diciembre de 2016

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¿Hay un primer ministro en nuestra Constitución?

Desde hace demasiados años en el Poder Ejecutivo se ha planteado la existencia de un primer ministro que es el Ministro de Economía y Finanzas y a cuya música deben de bailar todos los demás ministros.

El cumplimiento de las metas económicas es el objetivo principal de un Ministerio de Economía, aunque para ello sea necesario aumentar el endeudamiento, subir los impuestos, perder el patrimonio del país, limitar la inversión y estar facultado para cambiar el libreto cada vez que la especulación del futuro no coincide con las previsiones del propio Ministerio.

Si esta es la situación, habría que reformar la Constitución y consagrar la dependencia de todo el gabinete Presidencial de la política económica y de la orientación del Ministro de Economía de turno.

Pero mientras tengamos esta Constitución, no se reconocen diferencias entre Ministerios, son todos Ministerios del Poder Ejecutivo y cada uno tiene o debería de tener los planes para el desarrollo sectorial e integrado de las diversas áreas de intervención del Estado.

Y no resulta razonable que el cumplimiento de las metas de uno se base en el no cumplimiento de las metas del otro.

Cuando se formula el Presupuesto en la interna del Poder Ejecutivo, debería de hacerse con el Presidente de la República y no en negociación de los ministerios sectoriales con el Ministro de Economía o al menos, debería de hacerse con el Presidente en acuerdo con el/los ministerios sectoriales y el Ministerio de Economía.

Hecha esta negociación presupuestal en el ámbito del Poder Ejecutivo, se establece un libreto de actuación de todos los Ministerios y se somete a consideración de la representación popular en el Parlamento de la República.

La presentación al Parlamento debería ser muy clara y muy explicativa de las razones por las cuales se han determinado unas políticas y no otras, debería ser documentado en un cuerpo racional donde la política económica guardara relación con las políticas sectoriales y unas y otras se complementaran en armonía.

En esta instancia deberían de hacerse los ajustes que los representantes del pueblo consideren que son necesarios para atender las necesidades de la Nación. Y ser de verdad y no estar desde el oficialismo condicionados al proyecto del Ejecutivo, ni la oposición condicionada a contrariar el presupuesto remitido y abrir instancias de negociación, sobre las bases de superar diferencias u omisiones entre la propuesta del Ejecutivo y lo que consideran los representantes del pueblo.

Sería, una vez superada la discusión, una forma más armónica de convivencia de los poderes del Estado y más prestigiante de todos los Poderes del Estado.

Y así no tendríamos los despliegues de militancia corporativa disputándose la movilización y el protagonismo y la presión para conseguir sus reivindicaciones estableciendo la “ley de la prebenda del militante”, uno más de los embriones descontrolados de la violencia en la sociedad.

Pero lo que se plantea dista de la realidad procesal del presupuesto (presupuesto bajo la égida del Ministerio de Economía, artículados que se preocupan más de las internas de los ministerios que de las necesidades o visiones del país y manos enyesadas que votan a tapas cerradas el mensaje del Ejecutivo, para pasar después a reconsiderar en función de las presiones corporativas y hasta hacer recular al propio Presidente)

Aprobado el presupuesto, viene la segunda parte de la gestión. Los que piden recursos no los ejecutan  al finalizar el año, nuevamente el Primer Ministro de Economía pasa la pala de croupier y con lo que se “ahorra” busca mejorar su performance o alternativamente satisfacer a algún grupo de presión que ahora se beneficia de este privilegio que no estaba al momento de hacer el arbitraje presupuestal.

Y cuando viene una crisis, las tijeras del Ministro de Economía siempre están afiladas para un recorte. Que siempre viene en primer lugar por el lado de la inversión, aunque pueda parecer absurdo recortar la inversión y no limitar el gasto. Esfuerzos por recortar la inversión he visto en forma recurrente en todos los Gobiernos, a pesar que la inversión es la única forma de poder hacer crecer una economía. Esfuerzos por recortar el gasto los he visto en los programas de cara a las elecciones, todos los partidos lo han prometido y en muy pocos y honrosos casos, más por conciencia ciudadana de las personas que ocupan los cargos, que por lineamiento partidario, lo han cumplido.

Me tocó sufrirlo en carne propia. Fue con gran indignación que las razones que se daban para no otorgar recursos o recortar los disponibles, eran un galimatías de numerología, que aspiraba a justificar la decisión de Economía (que la devaluación del Brasil, que el Tequila, que la Rusa, que la de la Argentina). Y así ha seguido siendo, hasta llegar a la lamentable situación actual, en particular de la restricción de la inversión en Vivienda y en Obras Públicas.

Y en las instancias de Rendición de Cuentas donde se deberían fundamentar las modificaciones o restricciones que la Economía ha impuesto a los sectores, es prácticamente una materia de trámite, donde algún estudioso puede ser que por casualidad haga algún cuestionamiento a las modificaciones al presupuesto, a sus causas y a sus efectos.

Cuando se avecinan las elecciones, el Ministro de Economía, entonces, suelta la bolsa, tanto más si es un ministro con aspiración electoral, y permite nuevamente que se desvirtúe el arbitraje parlamentario del Presupuesto y se fomente, ya no el gasto o la inversión planificada, sino el gasto y la inversión improvisada. Y salen las bolsas de Portland y las chapas de zinc y la “obra social” de los Ministerios.

Así es que todos los Gobiernos marchan al son del Ministro de Economía, el Primer Ministro de la República de hecho.

Lucio Cáceres

Autor: Lucio Cáceres

Ing. Civil, egresado de la Universidad de la República. Vicepresidente de la Academia Nacional de Ingeniería Asesor de empresas de construcción privada y de mantenimiento a partir de 2005. Asesor Regional en Infraestructura (ingeniería de infraestructuras, ingeniería del transporte, evaluación de proyectos, asociaciones público-privadas y concesiones). Realiza Evaluación económica de proyectos de inversión para OEA. Ha trabajado junto a UNOPS en proyectos de infraestructura (aeropuertos , puertos y carreteras), asesorando a gobiernos y los inversores institucionales. -Ministro de Transporte y Obras Públicas entre 1995-2005 -Director Nacional de Vialidad entre 1985-1989 -Profesor de la Universidad de la República , 1975-2010 , UM ( 2011 ) Y -Profesor del curso Máster de la Universidad de Piura, Perú ( 2012-2013 ) , -Consultor para el Banco Mundial, el BID , la CAF y los gobiernos de China, -Paraguay , Panamá , Argentina , Chile, Perú, El Salvador, Honduras y Colombia