Sábado, 21 de mayo de 2016

MENU

“Herramientas”. No armas!

El Comandante en Jefe del Ejército, General Guido Manini Ríos, anunció que esa institución castrense presentaría a la Mesa de Diálogo Social, convocada por la Presidencia de la República, una propuesta formativa para jóvenes que: … “no tienen caminos a seguir, no tienen esperanzas, no tienen trabajo, no están estudiando… como que les llegó la noche”. En tal sentido expresó: ” Nosotros pretendemos poder educarlos, formarlos, introducirlos en oficios, de manera tal que aparezca una luz en su horizonte y puedan transitar en la vida con alguna herramienta que les permita vivir honestamente como es deseable para todos los ciudadanos” [1]

En similar sentido expresó que, la intención es que los jóvenes puedan “transitar por la vida con ciertas herramientas que hoy, en su estado de marginalización, no tienen” [2] Proporcionarles “educación cívica, prepararlos en valores, darles cierta disciplina, normas de higiene, primeros auxilios y enseñarles oficios”[3]

Aún antes de conocer ningún detalle de la propuesta, por lo tanto no basado en lo que se podría proponer sino en quien lo formuló, el anuncio ha despertado rechazo solapado en diversos sectores.

Bueno sería tener presente que las FF.AA, además de sus cometidos esenciales, han cumplido acciones en la administración de recursos no militares: sanitarios (Sanidad Militar); previsionales (Servicios de Pensiones y Retiros); científicos (Instituto Antártico), entre otros. Actúan en la administración de parques nacionales, guardia perimetral de cárceles, policía del aire y marítima, fluvial, costera y lacustre. Y ello sin mencionar los servicios de atención de emergencias y catástrofes, operando como sustento logístico y de personal del Sistema Nacional de Emergencia, así como de los Comité de Emergencia Departamentales. Cooperan con los Bomberos en incendios forestales y con el MIDES en el Plan de Apoyo a la Emergencia Social. Más aún, ayudan efectivamente en la labor de las Naciones Unidas en el mantenimiento de la paz en lugares hiperconflictivos.

Todo ello sin mencionar que son las primeras en ser llamadas por el Sistema Nacional de Emergencia en situaciones como la acontecida el 15 de abril próximo pasado en la ciudad de Dolores o ante las grandes inundaciones sufridas recientemente, en diversas zonas del territorio nacional (primeros en llegar y últimos en irse), cosechando el reconocimiento de la población afectada.

Se trata de los mismos soldados que los vecinos aplaudieron cuando, decretado el riesgo sanitario en la ciudad de Montevideo, salieron a recoger los residuos que invadieron sus calles y veredas.

Entonces, ¿por qué tener tanto resquemor en discutir su propuesta? ¿No sería mucho más positivo para todos valorarla, sin preconceptos ni apasionamientos?

Hasta el momento lo anunciado es sólo es eso: una idea. Breves líneas pronunciadas por el Comandante en Jefe, sin duda con conocimiento y aprobación de sus superiores: el Ministro de Defensa y el Presidente de la República. Pero para valorarla realmente deberíamos conocer su desarrollo y planificación, partiendo de la base que se trata de brindar -a través del estudio, del trabajo y generando una genuina autoestima-  una mejor chance a jóvenes sin horizontes a la vista.

El Ejército cuenta con el conocimiento, la experiencia y la metodología en la formación de jóvenes provenientes de contexto crítico. Incluso si es necesario para la formación de sus fuerzas, complementa la educación básica, inculca un sentido de disciplina, responsabilidad y camaradería y refuerza valores tradicionales de honestidad y respeto.

Cosa similar hacen muchas veces otras entidades como las organizaciones religiosas, sindicales y ONGs, llevando adelante programas de ayuda, de formación y de inserción al mundo laboral. En ellos lo asumimos con normalidad.

Posiblemente sea necesario dotarlo del marco legal que abarque estas otras situaciones de marginalidad sin salida, pero partamos de las normas que ya existen y en tal sentido me permito destacar sólo una que ha sido sistemáticamente ignorada por quienes hoy rechazan, sin conocerla, la propuesta del Ejército. El Código de la Niñez y Adolescencia en su artículo 17 establece “Todo niño y adolescente tiene el deber de mantener una actitud de respeto en la vida de relación familiar, educativa y social, así como de emplear sus energías físicas e intelectuales en la adquisición de conocimientos y desarrollo de sus habilidades y aptitudes”. 

¿Por qué no ayudar a esos adolescentes y jóvenes a cumplir con su deber constitucional y legal, más cuando las políticas sociales y educativas no están dando los resultados deseados y requeridos? ¿Por qué no tenderles una mano que les ayudaría a enfrentar su futuro con mayores posibilidades de éxito?

Iniciativas como ésta, tampoco son desconocidas en el mundo. Ya fueron instrumentadas y con éxito.

Citemos al respecto el Cuerpo Civil de Conservación (Civilian Conservation Corps o CCC) creado por el Presidente Franklin D. Roosevelt y diseñado para proporcionar oportunidades de trabajo constructivo a los cientos de miles de jóvenes que estaban desempleados durante la Gran Depresión. La institución formó y empleó a hombres jóvenes, integrantes de familias que calificaran para recibir ayuda social, solteros, de entre los 17 y 24 años los cuales, que -entre otras tareas de utilidad pública-  trabajaron en el desarrollo de parques nacionales y de caminería rural, en la prevención de incendios forestales y en la conservación de los suelos y de las corrientes de agua. El período de contratación de los voluntarios abarcaba seis meses, renovable hasta un máximo de tres oportunidades permaneciendo algunos más de dos años por su propia determinación, en tareas organizativas y de liderazgo. El programa CCC llegó a abarcar unos 3.4 millones de jóvenes en un período de 9 años (1933 a 1942). Se ejecutó en campamentos militares (fuera de los cuarteles y de las ciudades) y el trabajo se cumplía en régimen de 8 horas, cinco días a la semana. El pago del voluntario era de 30 dólares al mes, de los cuales 25 dólares se enviaban directamente a su familia.

No formó soldados, formó seres humanos útiles y valorados, por sí mismos y por la sociedad que, hasta hoy día los considera en forma especial al final de sus vidas.

También España ha demostrado interés en el análisis del vínculo entre lo civil y lo militar, particularmente en Misiones Operativas de Paz, cumplidas por sus fuerzas en el extranjero (ONU, OTAN, etc.). El análisis pone el acento en la complementación de ambos aportes (civil y militar) para lograr el éxito, lo cual puede compararse a la actuación conjunta de lo militar y lo civil en nuestro país en los casos de desastres naturales o emergencias.

Recientemente Perú, ha ido más allá y ha desarrollado otra experiencia: el “Servicio Militar Voluntario” preparando reservistas durante doce meses, que quedan luego a disponibilidad para cuando el país los necesite. Fundamentalmente son llamados en situaciones de emergencias. Aunque con una finalidad en cierta forma similar, el programa peruano se diferencia sustancialmente de la propuesta del Ejercito Nacional, ya que aquella incluye el manejo de armas así como la instrucción en temas estratégicos y tácticos, lo que está expresamente excluido de la propuesta esbozada por el Comandante en Jefe de las FF.AA.

Antes de descalificar deberíamos, por ejemplo, conocer más en detalle el diseño de este plan de transformación cultural: cuál sería el régimen disciplinario durante la participación, que incentivos intermedios y finales (terminada la formación) se ofrecería a los participantes; cuál sería el seguimiento y apoyo laboral posterior.

En ningún momento escuchamos que la propuesta hablara de un ingreso obligatorio, que implicara el manejo de armas, que se brindara instrucción militar, ni nada parecido para despertar acaloradas críticas en tal sentido.

Al contrario, lo esbozado hasta el momento habla de impartir disciplina, normas, valores, desarrollar un componente educativo práctico, coordinado con las instituciones educativas y otros Ministerios. Entonces, por qué desaprovechar la instancia de discusión del tema en el marco del Diálogo Social, tal cual lo propuso el Comandante en Jefe, con el espíritu de valorar la propuesta de brindar a muchos jóvenes otra opción para zafar de su desesperada condición.

Seguramente todos estaremos de acuerdo en que queremos que mejoren y progresen en la vida, en base al resultado de su esfuerzo producto de las herramientas adquiridas voluntariamente.

Tal vez la solución sea tan simple como darles conocimientos, actitudes y prácticas imprescindibles para el desarrollo de una tarea u obra de bien común, de la cual los participantes se sientan orgullosos, y que a su vez, represente un valor agregado tangible para la sociedad. Para ello se requiere por parte del Ejército elaborar y compartir los detalles de la propuesta, la finalidad buscada y los caminos para alcanzarla. Luego es necesario un tiempo de análisis y diálogo, con transparencia y sin prejuicios, que permita avanzar con este grupo de compatriotas que merecen trabajar con sus propias herramientas para producir bienestar para ellos, sus familias y la comunidad.

 


 

[1] Fuente: http://www.elpais.com.uy/informacion/ejercitodicequeeducarni.

HTML

[2] Fuente: ttp://www.elpais.com.uy/informacion/quedicecodicenpropuestaniniejercito.

[3] Fuente: http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/4/manini/

 

Irene R. Cavallini

Autor: Irene R. Cavallini

Doctora en Derecho y Ciencias Sociales, egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República. Profesora Técnica Área de Administración y Servicios, egresada del Instituto Normal de Enseñanza Técnica. Diplomada en Gestión Humana . Curso de Altos Estudios Nacionales y de Estrategia Nacional, del Centro de Altos Estudios Nacionales. Fue Asesora Letrada del Ministerio de Salud Pública y de ASSE. Docente de INAU y CETP.

  • Dependiente

    Muy buen articulo, las catastrofes climaticas, solo muestran la institucion pero entre los que la sufren estan los miembros de las ffaa q tb son vecinos. Son los mismos brazos que ofrecen la mano para con aquellos marginados del sistema y subirlos al tren de la vida del trabajo y de vivir de los frutos del mismo. Las misiones al ext son el camino publico de superacion q se conoce (con decenas de muertos en el sueno y el servicio) pero tambien estan las menos publicas las de oficios y profesiones donde las ffaa han sido el puente de muchos q el sistema formal no soluciono.