Domingo, 28 de agosto de 2016

MENU

Impositivismo Mágico

El Realismo Mágico es un movimiento o corriente literaria que tiene sus máximos, aunque no únicos, exponentes en Latinoamérica.

Tuvo su auge en el Siglo XX. Dentro de esta corriente se encuentran Alejo Carpentier, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, algunas obras de Jorge Luis Borges, Gnter Grass, Salman Rushdie, Milan Kundera y, sobre todo, Gabriel García Márquez. En el cine puede incluirse dentro de este género a algunas obras de Woody Allen como “Zellig“.

Para definir el Realismo Mágico en primer lugar hay que distinguirlo de lo fantástico.

El Realismo mágico parte de la realidad introduciendo en ella elementos mágicos (irreales, fantásticos o surrealistas). Estos elementos son percibidos por los personajes como algo normal, natural. Es decir, se trata de algo aparentemente real con fragmentos o partes de irrealidad.

Exponente clásico de esta corriente es “Cien años de soledad“ de Gabriel García Márquez. En esa obra se traza la vida de siete generaciones de la familia Buendía. En el pueblo de Macondo llueven flores amarillas y se hacen presentes mariposas amarillas antes que aparezca Mauricio Babilonia. Vargas Llosa dijo de esta novela que es total, puesto que contiene cosas que se creían antinómicas: tradicional y moderna, localista y universal, imaginaria y realista.

“Zellig“ de Woody Allen va en un sentido parecido. En ella el personaje se adapta a quienes lo rodean de una forma casi mágica. Si está con gordos, engorda. Si esta con indios, la piel se le pone del mismo color que la de estos. Si se codea con gángsters, se viste como ellos, habla como ellos y adopta sus mismas poses. Todo dentro de una narración que es presentada como real.

Recordé el realismo mágico esta semana mientras discutíamos la ley de Rendición de Cuentas en la Comisión de Presupuesto integrada con Hacienda del Senado.

Entre las múltiples malas noticias que nos trae el ajuste fiscal que está aprobando el gobierno, existe una que parece formar parte de ese mundo realista con elementos mágicos. Se trata de la que establece el IRPF (Impuesto a la rentas de las personas físicas) sobre dividendos y utilidades fictas.

Antes que el lector me diga que voy camino de convertirme en otro Alonso Quijano de tanto leer novelas voy a explicarme. Este nuevo impuesto presenta dentro de la realidad de un impuesto cosas que no sucedieron (fictas) y que, además, hacen viajar en el tiempo hacia atrás.

Es decir podemos concluir que estamos ante un impositivismo mágico.

En primer lugar, la realidad: se pone un impuesto. Esto, lamentablemente, es algo constante en nuestra realidad. El gobierno lo pone porque necesita dinero. El problema es que lo hace creando, en su base, elementos fictos.

Todo impuesto necesita un hecho cuya ocurrencia hace nacer la obligación de pagarlo. Por ejemplo, el IRPF grava los sueldos y las jubilaciones. Quien percibe un sueldo o una jubilación debe pagar el impuesto.

En el caso de dividendos o utilidades, la ley vigente dice que cuando estos se retiran se debe pagar de impuesto 7% sobre ellos. En el caso de rentas, las empresas que las generan deben pagar el 25% sobre ellas.

Hasta aquí el tema parece claro y sencillo. Ocurre un hecho descripto en la ley (percepción de un sueldo o una jubilación, retiro de dividendos o utilidades, o verificación de rentas en una empresa) y se paga el impuesto.

Pero llegó el año 2007. Ese fatídico año en que desde el Frente Amplio inventaron el impuesto a los sueldos y las jubilaciones mientras nos decían que con eso iban a bajar otros impuestos como el IVA.

En esa reforma tributaria, además de poner más impuestos, aprobaron una modificación. Hasta ese año se pagaba por Impuesto a la Renta en las empresas el 30% y lo bajaron al 25%. Esta rebaja vino acompañada por la creación de un impuesto a las utilidades y los dividendos de un 7%.

Es decir, las empresas pasaron a pagar 5% menos de impuesto a la renta (de 30 a 25%), pero si los dueños (accionistas, etc) retiraban utilidades y dividendos, pagarían el 7%.

¿El motivo de esto?

Según explicaron desde el gobierno, ello era porque querían incentivar que no se retiraran utilidades y dividendos, sino que estos quedaran en las empresas. Al bajar el impuesto que pagaban las empresas de 30 a 25% y poner un impuesto al retiro del 7%, querían que esa ganancia extra de pagar 5% menos no se la metieran los propietarios en el bolsillo, por lo que si lo hacían le pusieron un impuesto del 7%.

¿Qué hicieron muchas personas?

No retiraron las utilidades y dividendos respondiendo al explícito incentivo fiscal de no hacerlo. Algunos las reinvirtieron, otros las dejaron a la espera de hacerlo o como respaldo para tiempos difíciles.

Es la economía (o los incentivos tributarios) diría un ex presidente de Estados Unidos.

Ahora, necesitados de dinero, desde el gobierno se olvidaron (o se niegan a recordar) que ellos mismos fueron los que alentaron el no retiro de utilidades y dividendos. Arrepentidos de lo que decidieron en el 2007, quieren ir para atrás y borrar con el codo lo que escribieron con la mano.

Echan mano entonces a elementos mágicos y creativos que aplican a esa realidad viajando en el tiempo al pasado.

Crean un impuesto “ficto“ sobre utilidades o dividendos que será aplicable sobre los resultados acumulados al 31 de diciembre del 2016. En los hechos, se grava lo que no se retiró y se acumuló desde el año 2007 (menos inversiones en activos fijos y acciones y distribuciones gravadas).

Esto debe ser algo único en el mundo: ponen un impuesto sobre algo que no ocurrió (distribución de utilidades o dividendos) y además lo hacen viajar en el tiempo, ingeniosamente, hacia atrás. Agravado por el hecho de que fueron ellos mismos los que alentaron el no retiro en el año 2007.

Impositivismo mágico que es inconstitucional, no sólo por ser retroactivo sino, sobre todo, por afectar principios básicos como el de seguridad.

Impositivismo mágico que es otro paso con el que se socava la confianza en el estado de derecho en nuestro país y que se agrega a la eliminación, en los hechos, del ajuste por inflación.

Impositivismo mágico por el que crean una distribución ficticia de las utilidades o dividendos que alentaron a no distribuir desde el 2007.

En cualquier momento llueven flores o aparecen mariposas amarillas.

No preceden a Mauricio Babilonia sino al Ministro de Economía y su voracidad tributaria.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 55 años.