Jueves, 13 de julio de 2017

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Indignación y dolor

En pocas horas ocurrieron una rapiña en un supermercado con toma de rehenes (que de milagro terminó sin víctimas mortales); un secuestro express de una mujer embarazada; el copamiento de una vivienda donde los delincuentes mataron brutalmente a golpes a un anciano frente a su esposa que también resultó gravemente herida; un recluso asesinado en su celda a cuchillazos, y como triste corolario, durante el robo en una pizzería fue asesinado un agente policial que recibió por parte del delincuente dos disparos a quemarropa, uno de ellos impactó en la cabeza.

Clara radiografía de la realidad, del auge delictivo, de la violencia con que operan los delincuentes, y del rotundo fracaso de las autoridades en brindarle seguridad a la gente.

Hasta se podría decir que si no puede controlar lo que ocurre dentro de las cárceles y evitar asesinatos, mucho menos puede esperarse de que lo hagan fuera de ellas.

Pero vamos a detenernos, en este último cobarde crimen, del policía asesinado en la pizzería.

El funcionario abatido es un notorio indicador de la inseguridad que desborda y del legítimo temor ciudadano.

Varias razones llevan a explicar la tragedia ocurrida. Primero está el preguntarse ¿porque estaba ahí el policía? La respuesta está en parte en la inseguridad que tiene que soportar la ciudadanía. Hoy predomina el miedo y la violencia delictual, pero parecería que las autoridades viven de espaldas a esa realidad. Como la delincuencia está cada vez más presente y agresiva, a lo que se suma que sienten que el estado no les brinda seguridad, la gente, los trabajadores, los comerciantes tienen justificado miedo y ello los obliga como en este caso, a tener que contratar a alguien. Segundo, que el funcionario policial no estaba en ese lugar a medianoche, por capricho, ni porque le divertía, sino simplemente porque el sueldo lamentablemente no le alcanzaba para mantener a su familia, estaba en definitiva tratando de mejorar sus ingresos. Tercero, que el delincuente dispara a sangre fría porque no solo le han perdido el respeto a la policía, porque no le importa quitar una vida, sino porque también siente impunidad, lo que lo alienta a cometer el crimen.

Debe destacarse que el policía es un funcionario público, pero tiene como gran peculiaridad que es el único empleado que tiene como deber trabajar arriesgando en todo momento su propia vida. Existe una unicidad de la tarea policial, que conlleva el deber del policía de intervenir siempre frente al delito, en cualquier ocasión y circunstancia, aunque no esté en horario de trabajo.

En efecto, la ley Orgánica Policial Nº 19.315, establece que el policía tiene como “Deberes inherentes al Estado Policial” y es el único el funcionario público, obligado a: “Defender los derechos inherentes a la persona humana, aún con riesgo de su propia vida” (art. 36 literal G).

Mientras que el Artículo 41, de la referida ley orgánica, establece la “Permanencia e indivisibilidad de la función policial”, disponiendo que: “La autoridad y el grado jerárquico que inviste el policía son permanentes, no se limitan al tiempo de servicio ni a la repartición a la que está adscripto, está obligado a desempeñar sus funciones por iniciativa propia o por orden superior, a cualquier hora y en cualquier parte del territorio de la República, si fuera necesario …”.

Tristemente, como en otras ocasiones las máximas autoridades del Ministerio del Interior no concurrieron al velorio, ni al sepelio, del policía abatido. Y en este caso tampoco hubo honores fúnebres para el cabo Wilson Coronel. Las autoridades del Ministerio del Interior manifestaron que el policía asesinado estaba haciendo una “tarea no autorizada” por lo que no corresponde un tratamiento honorífico y tampoco aplican los beneficios a los familiares por caído en “Acto Directo de Servicio”.

Claramente no distinguen lo principal de lo secundario. Que cuando hay una víctima fatal, una familia de luto y un criminal prófugo, no corresponde plantear faltas administrativas. Nuevamente se abocan a dar explicaciones y justificaciones de lo que ocurrió, en vez de procurar evitar que estas cosas pasen. Tampoco parecerían entender que la “tarea no autorizada” es no robar, asesinar, rapiñar, copar, secuestrar o violar. Que el único que realmente estaba haciendo algo ilegal y que no debía es el asesino. Parecería que la culpa es del asesinado y del comerciante asaltado. Olvidando que el que delinquió es el asesino y no la víctima. Que lo que se tiene que investigar es el crimen y no a la víctima o el comerciante. Les importa más la forma en que se contrató que el propio homicidio. Parece que la víctima no es el muerto. Aplican sentido administrativo reglamentarista en lugar de sentido de humanidad. Que poca sensibilidad, cuanta frialdad, y penosos comentarios. Todo realmente increíble. Cuando acá el único tema importante es que dos delincuentes robaron y quitaron una vida. Donde el foco debería estar en el trabajador y padre de familia asesinado.

La única declaración que deberían haber realizado las autoridades, hubiese sido señalar que no se descansaría hasta encontrar al asesino y solidarizarse con la familia del policía.

Pero no. En lugar de eso el punto principal parecería ser una irregularidad administrativa. Y con tal decisión Ministerial, no solo se hace una injusticia con un ser humano que dedico toda su vida al Instituto Policial, sino que lo peor, se castiga a su familia por cuanto no podrán percibir varios beneficios como causahabientes de un policía fallecido en “Acto Directo de Servicio”.

El único reconocimiento oficial que recibió el policía ejecutado por el delincuente, fue un minuto de silencio en la sesión del Senado de la República y a iniciativa de la oposición.

A nuestro juicio, el policía abatido, fue asesinado en ocasión o a consecuencia de un enfrentamiento con la delincuencia y ello ameritaría que se le hubiesen brindado no solo honores fúnebres, sino lo que tal vez sea más importante en este momento, todos los beneficios como si hubiese caído en “Acto Directo de Servicio” a fin de atender lo mejor posible la situación de extrema vulnerabilidad en que queda la familia del policía ante tan trágico desenlace. El funcionario no falleció por causas naturales, ni en un siniestro de tránsito, ni en un accidente doméstico. Lo fue enfrentado a delincuentes. Fue sin dudas un acto de servicio.

Los trabajadores funcionarios policiales trabajan arriesgando la vida diariamente. Son la línea de defensa de la sociedad frente al delito. Hay que respaldar y cuidar a quienes nos cuidan. En los últimos años ya han sido asesinados 13 policías. Tan solo en el corriente año van 4.

Los últimos gobiernos prometieron cambiar la seguridad y lo hicieron. Pero lamentablemente fue para peor.

Guillermo Maciel

Autor: Guillermo Maciel

Doctor en Derecho y Ciencias Sociales. Doctor en Diplomacia. Docente de la Universidad de la República; de la Universidad de la Empresa y de otros centros de estudios superiores. Director General del Ministerio del Interior de la República Oriental del Uruguay de 1999 a 2005. También se desempeñó como asesor del Ministro del Interior durante 1998. Asesor del Comité Nacional de Calidad de la Presidencia de la República de 1996 a 1999. Director del Observatorio en Seguridad de la Fundación Propuestas. Consultor especializado en seguridad ciudadana; y autor de varios trabajos publicados sobre la materia.