Viernes, 23 de junio de 2017

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Inflación y desempleo

En los años sesenta estuvieron de moda las teorías del economista William Phillips, quien en base a estudios sobre el comportamiento del mercado laboral inglés a fines del siglo XIX estableció una relación inversa entre el aumento de los salarios y la tasa de desempleo. Si subían los salarios disminuía el paro y vice versa. Dada la estrecha relación entre la evolución de los salarios y los precios, esta relación fue derivando a una correlación negativa entre el desempleo y la inflación, conocida como Curva de Phillips.

Milton Friedman se encargó de demostrar que esta relación sólo tiene validez en el corto plazo y a largo plazo no existe ninguna relación entre ambas variables. A largo plazo el único sustento del incremento del salario real deriva de las ganancias de productividad de la mano de obra.

No obstante, es probable que en poco tiempo se vuelva a hablar de la curva de Phillips, ya que la inflación está cayendo, pero al mismo tiempo está aumentando el desempleo.

Lo paradójico es que aumenta la desocupación en un contexto de recuperación económica. Pero a poco que se analice con detención no debería llamar la atención y la inflación, o mejor dicho el descenso de la inflación tiene mucho que ver en ello

Más allá de lo que digan los teóricos de la curva de Phillips, hay razones que explican la caída del empleo. Concretamente las actuales pautas salariales.  Como se recordará la actual ronda de Consejos de Salarios cambió los criterios y pasó de ajustes indexados a la inflación pasada a ajustes nominales. Esos ajustes nominales se establecieron en momentos en que la inflación en la economía uruguaya se ubicaba en el entorno al 8%. A vía de ejemplo, en julio se ajustarán los salarios del tramo medio en el entorno al 9%, 2 puntos más para los salarios inferiores a $ 15.000.

El tema es que la inflación actual está en el 5,6%. Ello determina que en términos reales los salarios tengan este año un aumento muy importante, superior al crecimiento de la economía. Esta evolución no es sostenible y es la que explica el deterioro que muestra el mercado laboral, más allá de que se quiera mostrar el dato de abril como una recuperación.

El dato de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) del INE a abril indica que en ese mes la tasa de desocupación se ubicó en el 8,5%. El comunicado del INE señala que mejora en medio punto porcentual respecto al dato de marzo, cuando se situó en el 9%.

Lo que se quiere mostrar como una buena noticia en realidad no lo es tal. Por el contrario, bien analizados los números muestran que el mercado laboral se está deteriorando paulatinamente y, en consecuencia, el desempleo lejos de caer aumenta, a tono con la evolución de los costos laborales.

A su vez no es correcto extraer conclusiones comparando los datos de un mes con los del mes anterior. Se trata de datos provenientes de una encuesta mensual que tiene un margen de error del 5%. Esa amplitud y la propia estacionalidad de la actividad económica determinan que no sea correcto analizar el desempeño del mercado laboral en base a un dato puntual, y mucho menos compararlo con el dato correspondiente al mes anterior.  Lo más adecuado es comparar promedios de períodos más largos e interanuales, es decir, respecto al mismo lapso del año anterior.

Si hacemos esto comprobamos que al cabo del primer cuatrimestre del presente año la tasa de desocupación promedio se ubicó en el 8,5% frente al 8% registrado en el mismo período de 2016.

Si analizamos el empleo constatamos un comportamiento inverso. En los cuatro primeros meses de este año la tasa de empleo se situó en el 58% de la población en edad de trabajar (mayores de 13 años), frente al 58,6% de 2016.

En resumidas cuentas, el empleo está cayendo y como corolario aumenta la desocupación. Se puede estimar que en el período que estamos analizando se perdieron poco más de 10.000 puestos de trabajo aumentando el desempleo en aproximadamente 7.600 personas. El incremento de los salarios reales, más allá de lo que indican las ganancias de productividad, están detrás de todo esto.

La caída del empleo viene acompañada a su vez por un descenso de las horas trabajadas, lo que determina que la cantidad total de trabajo de la economía esté cayendo. Si se compara con el último trimestre de 2014, que fue el pico máximo de empleo en la economía, la cantidad total de trabajo, es decir cantidad de personas ocupadas por hora trabajada, cayó 5,3%.

El deterioro a partir de 2014 y hasta mediados del año pasado se explican por el estancamiento que sufrió la economía desde entonces. Pero a partir de entonces es difícil entenderlo, máxime cuando los últimos datos relativos al PIB señalan que la economía creció 4,3% en el primer trimestre del presente año.

Es claro que hay una relación directa entre empleo y nivel de actividad. Pero también es cierto que cuando la economía se desacelera destruye empleo. En otras palabras, a la economía uruguaya le cuesta generar empleo, y para hacerlo debe crecer a un ritmo superior al 3%/3,5% por año.

Si vemos el desempeño desde el año 1988 a la fecha ello resulta muy claro.  Entre el año 1988 y 1998 la economía creció a una tasa promedio del 3,6% anual, creciendo el empleo al 0,7% anual.

Con los años de crisis cayó el empleo, pero una vez iniciada la recuperación económica también creció la ocupación. Entre los años 2005 y 2011, coincidentes con precios crecientes de los commodities que alcanzaron máximos históricos hacia 2010-2011, la economía creció al 6,1% anual, aumentando la ocupación al 2,5% por año.

A partir de 2012 se revierte la tendencia de los precios internacionales, la economía uruguaya se enlentece, y desde entonces ha crecido a una tasa promedio del 2,6% al año. En ese período se destruyó empleo a un ritmo del 0,7% al año.

El crecimiento que muestra la economía en el último semestre y las proyecciones para el resto del año permitirían ser más optimistas respecto al empleo en el futuro inmediato. Pero la evolución de los salarios reales estaría contrarrestando este efecto.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.