Lunes, 12 de junio de 2017

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Innovación, economía del conocimiento y gobernanza: una grieta o el abismo?

” Si nos chocamos contra la razón, nunca llegaremos a nada”

                                                                                                   Albert Einstein

La innovación tecnología y no tecnología son garantía de inserción en le economía del conocimiento. Y los bienes intangibles son hoy, guste o no, más importante que el capital, la tierra y los bienes físicos. La propiedad intelectual, tan resistida en nuestro país, es la herramienta imprescindible que lleva la innovación al mercado. Me uno a aquellos que suscriben que solo es innovación si llega a los mercados y genera riqueza. Muchos sienten pudor-o hasta rechazo- cuando se menciona generar riqueza porque suponen que esta es capitalista, imperialista y de derecha.

La riqueza no tiene ideología. Cuba genera casi $1.8 billones de dólares por concepto de investigación y patentamiento de biotecnologías. El régimen chavista lleva gastado casi 1 trillón de dólares por concepto de ingreso petroleros desde el inicio de su “Revolución del Siglo XXI”, no ha otorgado ningún patente en 18 años y está quebrado con $10.000 millones de reservas y buscando un “patrocinador”. En Uruguay no hemos calculado cuanto ingreso en los casi 13 años de viento de cola y donde fue invertido. Nuestro PIB se multiplico por 10.

ANCAP despilfarro U$D800 millones de US en todavía no sabemos qué. Y concedió 21 patentes de invención a residentes en 2015 ¿Es importante o no generar riqueza, invertirla en sectores y prioridades estratégicas y salvaguardarla para las generaciones futuras?

Las patentes no son la panacea, pero existe una relación entre patentes y conocimiento que es irrefutable. Y considerando que estamos en la economía del conocimiento, este determina el nivel de desarrollo de un país. El 60% del conocimiento es hoy generado en Japón, Corea y China. Este último todavía no tiene patentes robustas o de calidad, lo cual es fundamental, pero va en el camino de sus vecinos.

No hay que llamarse a confusión. La riqueza que genera la innovación es bienestar, más y mejores trabajos, inversiones, reinversiones, más PYMES, menos trabajos vinculados con el estado y una base tributaria más amplia, entre otros beneficios. La innovación es adictiva. Es ”serial” y disruptiva, como bien dicen algunos.

Pero, sobre todas las cosas, la innovación mejora la calidad de vida de todos. Y nadie parece apreciar que vivimos más y con mejor calidad de vida que nuestros padres y que nuestros hijos y nietos vivirán en un mundo sin cáncer y cuando sean adultos mayores habrá tratamientos y quizás hasta una cura para las enfermedades neurodegenerativas. Eso solo en el campo de la salud y nuevos medicamentos. Imaginen en áreas como la nanotecnología y robótica, en transporte, en producción de alimentos, en plantas aún más grandes que las que ya existen para desalinizar y potabilizar el agua del mar. La imaginación no tiene fin para los innovadores.

Todo es posible. Muchos, sin embargo, se preguntarán si tendrán acceso a esa mejora en la calidad de vida. Es una pregunta valida. Pero la respuesta está en los hechos. Unos países pueden y otros no. ¿Por qué? La innovación no es un mecanismo político que construye la democracia y la buena gobernanza, Ni tampoco previene o reprime la corrupción o la falta de visión-país. Cada Estado debe de tomar las medidas a mediano y largo plazo que le permitan alcanzar la posibilidad de usufructuar los beneficios de la innovación en la economía y sociedad del conocimiento. Depende de ellos. De nosotros. No hay antídoto contra la falta de sentido común. La inacción tiene un precio. Mientras algunos avanzan, otros siguen tomando mate y sol y haciendo pésimos negocios, ahuyentando la inversión, paralizando el país “preventivamente”. La innovación tecnológica no puede reemplazar las decisiones equivocadas.

Como ejemplo de la riqueza (ahora bien entendida) que generan las buenas políticas de innovación e inversión, en mi participación en parte de las negociaciones de Cambio Climático escuche los escenarios catastróficos que nos presentaban las ONGs más fundamentalistas y algunos países con intereses ulteriores. En ese momento ya existían todas las tecnologías necesarias para combatir el cambio climático. Las patentes ya no estaban protegidas. Estaban en el dominio público. La sala enmudeció. El desafío es que, consciente que la trasferencia de tecnología es un “paquete” con el know-how incluido, había y hay que pagar o asociarse, comprar las licencias, franquiciarlas o copiarlas (ya no están protegidas) para adquirirlas. ¿Una vez más, quien es responsable?

Mi opinión muy personal es que todo lo que uno hace en su vida laboral y hasta personal, para tener sentido debe de estar dirigida, de la manera que uno pueda, a mejorar la calidad de vida de todos. Y nunca hay que olvidar esa “dimensión del desarrollo” que es la manera de lograr si no igualdad, al menos equidad. Se necesitan décadas, pero solo se necesita dar el primer paso para estar encaminado, sabiendo que, si no se hace, nos sentenciamos a vivir en la periferia del mundo que se está creando con cambios de paradigmas transformacionales y frecuentes que no alcanzamos a medir las consecuencias. Tiempo de dejar la nostalgia y mirar al futuro.

Carlos Mazal

Autor: Carlos Mazal

Politólogo de la University of the Pacific con una Maestría en Estudios Latinoamericanos y del Caribe de la New York University. Es Consultor Internacional en temas de Propiedad Intelectual, Innovación y Desarrollo y ex Director para América Latina y el Caribe de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Miembro Fundador del Centro de Estudios de Propiedad Intelectual (CEPI) de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Republica. Miembro de Número de la Academia Nacional de Economía. Miembro Consejero del Consejo Uruguayo de Relaciones Internacionales (CURI)