Lunes, 10 de octubre de 2016

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Inseguridad y Convivencia

Todos los humanos tenemos derecho a vivir sin temor y el deber de contribuir a una convivencia digna y segura.
El Uruguay actual constituye una sociedad en la cual muchos reclamamos sin éxito ese derecho en tanto algunos miles han elegido no cumplir con su deber sino violar nuestro derecho.
Delinquen, aún con violencia extrema, para satisfacer sus necesidades básicas y sus vicios, es especial su adiccion a drogas. Rastrillan, rapiñan, copan hogares y con frecuencia, matan a seres indefensos elegidos al azar. Tienen tan incorporada esa conducta que la consideran la forma natural de generar un ingreso.
Quienes incumplen de esa forma su deber de contribuir a la convivencia social segura provienen en general de hogares disfuncionales y carenciados, con antecedentes familiares de delitos cada vez màs graves, de una generación a la siguiente. Así surgen las zonas rojas, las barras bravas, las pandillas, los motochorros, etc. Las cárceles, en lugar de rehabilitarlos, sirven de ‘aguantadero’ gratuito para el aprendizaje y la vinculación con delincuentes más experientes.
Sus víctimas en cambio abarcamos todo el espectro social, aunque quienes soportan mayor riesgo, por razones de cercanía, son los más carenciados.
La incapacidad compensatoria de la Educación Primaria, de la Secretaría Nal de Drogas, del INAU y del MIDES, contribuye a la inseguridad de todos y viola el derecho del propio menor a una crianza feliz que ademàs lo habilite para una vida en sociedad. Llegados al inicio de la adolescencia estos menores carecen de habilidades y de valores que les permitan diseñar y ejecutar un plan de vida acorde a sus preferencias pero dentro de los deberes y derechos inherentes al ciudadano.
Por tanto, miles de adolescentes y jóvenes desconocen las conductas requeridas para vivir en sociedad, carecen de habilidades y destrezas para trabajar y tienen poco para disfrutar en su vida (salvo gratificaciones rápidas y pasajeras, como las drogas o el sexo sin medir las consecuencias).
En esas circunstancias no es de extrañar que sucedan hechos aberrantes, como el asesinato sin motivo de quien del intentó proteger a su amiga de una rapiña o como el del pizzero de La Pasiva de 8 de Octubre y Garibaldi hace cuatro años. Hay cientos de episodios similares ocuridos en nuestro país, sobretodo en el área metropolitana de Montevideo.
Esta realidad inhumana puede y debe cambiar. Podrá explicarse pero no tolerarse, menos aún justificarse! ¿Como se cambia? Hay respuestas de corto plazo (hasta un año) y de largo plazo (hasta diez años).

Las respuestas de corto plazo consisten esencialmente en enfrentar la emergencia de insegiridad disminuyendo drásticamente las chances de delinquir impunemente:
● Aumentar las penas de pérdida de libertad y de trabajo obligatorio productivo a quienes cometen delitos graves o gravísimos;
● Flexibilizar las garantías del debido proceso en caso de reincidencia en la comisión de dichos delitos, recurriendo a mecanismos de excepción previstos en la Constitución;
● Aumentar hasta la saturación las tareas de vigilancia, disuasión y represión policial en las comunidades donde el delinquir es una forma dominante de vida.
● Aplicar penas máximas a quienes comercializan drogas ilegalmente y tratar obligatoriamente a los adictos.

Las respuestas de largo plazo consisten en enriquecer la vida de quienes se crían en situaciones de marginación de forma que tengan “algo propio a defender y disfrutar”. Ello requiere:
● Ser muy creativo, flexible y pragmático en toda la tarea educativa, empezando desde los pocos meses de vida. No puede haber lugar para el fracaso educativo de quienes nada tienen!
● Ser mucho más realista en todo lo relacionado a la tenencia familiar, particularmente en familias con antecedentes de delincuencia. Hay que remover a esos menores de ámbitos que resultan incompatibles con una crianza y una formación para una ciudadanía plena.
● Ser INFLEXIBLES en la exigencia del cumplimiento del deber de todos los adultos, familiares o no, que inciden en la vida diaria de esa niñez uruguaya.

Alfredo Solari

Autor: Alfredo Solari

Médico, especialista en Salud Pública y Administración de Salud, de extensa trayectoria en dichas disciplinas en el MSP y en diversos organismos internacionales. Fue Ministro de Salud Pública en dos oportunidades y Senador de la República en el período 2010 - 2015. Promueve buenas prácticas de crianza apoyando a madres en situación de stress crónico"