Martes, 11 de abril de 2017

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Insertarse en la economía del conocimiento: Uruguay en su encrucijada

“Si no chocamos contra la razón nunca llegaremos a nada”

Albert Einstein

Uruguay es un país de 3.3 millones de habitantes y 176.000 km2. Su Población Económicamente Activa (PEA) alcanza a 1.7 millones de personas. Sus tierras son ricas y aptas para explotación ganadera, agrícola y forestal; su sector marítimo tiene hoy 83.999 km2 más en virtud de la extensión de su plataforma marina hasta las 350 millas lo que ofrece la oportunidad de investigar los fondos marino y aprovechas responsablemente sus riquezas para distintos fines incluyendo minería, farmacéutica, química, energías renovables, maricultura y la explotación pesquera sustentable, este último sector atravesando una crisis insólita que esperamos sea pasajera.

Nuestra economía es, fundamentalmente, agropecuaria con poco valor agregado pero con un enorme potencial de innovación tecnológica y no tecnológica como es en el caso de la trazabilidad de la carne; exportar soja sin valor agregado es un grave error ya que la misma tiene múltiples usos y propiedades como, por ejemplo, un suplemento rico en vitaminas del grupo B, proteínas, ayuda a que los diabéticos, genera productos dietéticos, reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares y regula el colesterol.

Hay sectores claves como el software donde se exporta más de U$D1000 millones al año lo que nos convierte en el primer país exportador per cápita de América Latina y el Caribe; el desarrollo forestal que venimos fortaleciendo desde hace más de tres décadas donde si, finalmente, se instala UPM pasaríamos a ser el tercer país en importancia de la región y podríamos dar pasos para agregar más valor a las exportaciones de celulosa y, eventualmente, también papel y madera trabajada; posibilidades importantes en sectores como el audiovisual.

El turismo genero más de U$D1000 solo en el primer trimestre del 2017; se puede y se debe concebir un plan despolitizado, desapasionado, a menor escala y amable al ambientalismo como lo es UPM, y extraer hierro. El petróleo es una duda y los precios bajos del mercado quizás no justifiquen hoy su extracción, pero mañana posiblemente sí.

No intento, con estas cifras resumir el estado de situación del país y su potencial, pero un país de 3.3 millones de habitantes donde la extensión territorial, en el marco de la economía del conocimiento, ya no es importante. Basta con reiterar que Singapur en 699 km2 es una potencia en temas de conocimiento y que Israel con 20.000 km2 invierte 4.8% de Producto Bruto Interno (PIB) en investigación y desarrollo siendo hoy uno de los países mas innovadores del mundo. Suiza tiene 40.000 km2, una cuarta parte aproximadamente que Uruguay. Dinamarca 42.000 km2. Así que “paisito” no. La economía del conocimiento, la cual se basa en la innovación, acabo con la supremacía del capital, mano de obra y tierra. Hoy no toca no solo insertarnos en dicha realidad, pero hacerlo con una buena gobernanza, y una mejor gestión.

Lo bueno de todo esto es que no hay opción y eso simplifica las decisiones. Podemos discutirlo ad-infinitum, pero con un mercado de 3.3 millones donde 1.2 millones son jubilados y pensionados, 350.000 tienen un vínculo laboral con el Estado y 60.000 mil hogares son beneficiados por el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) a Uruguay solo le queda abrir su economía, mejorar su competitividad e insertase en cadenas de valor y en la economía del conocimiento. Diría el Subsecretario de Relaciones Exteriores, José Luis Cancela, “A Uruguay le va la vida” en sus relaciones internacionales. Por más cambios de paradigmas a nivel mundial, hay objetivos que Uruguay está llevando a cabo y otros donde debería de haberse avanzado con mayor rapidez.

¿Que nos falta? Mucho. Falta reflexionar sobre qué país queremos a 10-15 años máximo. Los chinos planifican a 40 años. Nosotros no nos podemos dar el lujo. La reflexión debe concluir no solo con una visión la cual, de alguna manera, está esbozada en el PLAN ESTRATÉGICO NACIONAL DE CIENCIA TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN (PENCTI) por el entonces Gabinete Ministerial para la Innovación con apoyo de la Agencia Nacional de Innovación (ANII). Hoy, a 7 años de ese esfuerzo, quizás fuera oportuno actualizar el PENCTI y adaptarlo a las nuevas realidades nacionales, regionales y globales conscientes que cualquiera sea el resultado se limitara a una visión y que esta se debe volcar en un documento programático siguiendo la experiencia del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de desarrollar programas y proyectos sobre la base de prioridades nacionales acordadas, objetivos claros, plazos concretos, resultados tangibles, análisis de riesgo y mitigación, costos, monitoreo y evaluación periódicos. La gobernanza debe de ser transparente e inclusiva y los términos de referencia de los actores participantes solo pueden ser estrictos.

(http://www.uy.undp.org/content/dam/uruguay/docs/Manual%20DEX%20Uruguay/dex%20cap2/undp-uy-%2006-capitulo2-marco-programatico-2014.pdf.)

¿Podemos? Sí, tenemos lo que se necesita y no hay más opciones. Un país sin grandes adversidades como el nuestro que, afortunadamente, no ha sufrido guerras devastadoras ni desastres naturales como terremotos, tsunamis, deslaves, ni esta geográficamente ubicada en una región hostil y mañana siempre sale el sol, no tiene los “incentivos” que aquellos que figuran en los primeros 20 puestos de cualquier ranking de innovación, competitividad, educación, desarrollo humano, entre otros. ¿Que los une? Todos ellos sufrieron y se sobrepusieron a situaciones traumáticas que desataron su creatividad y la encausaron, todos juntos y tirando en la misma dirección, a transformarse en sociedades desarrolladas donde la calidad de vida fuera la primera prioridad. Su manera de decir “Nunca más”.

Es de esperar que quienes, por ignorancia, desconocimiento, razones ideológicas, dogmáticas o las que se esgrimiesen, se oponen a la apertura y a la competitividad sin reconocer nuestra propia realidad y aceptar la interdependencia global de la economía y del conocimiento, se informen, dejen de lado ideologías perimidas y se sumen al desafío de abrirse al mundo y dar ese salto al vacío.

No existiendo posibilidad real de acuerdos multilaterales, hay que dar el próximo paso y, sin desestimar ningún sector, firmar acuerdos de libre comercio bilaterales, plurilaterales, regionales, de alcance parcial, de complementación económica o de preferencia fija para salir al mundo, destruir barreras, aumentar las inversiones las cuales mejoran la distribución de la riqueza y generaran empleos calificados. O, por el contrario, no hacer nada y que se hagan cargo de su responsabilidad histórica.

Carlos Mazal

Autor: Carlos Mazal

Politólogo de la University of the Pacific con una Maestría en Estudios Latinoamericanos y del Caribe de la New York University. Es Consultor Internacional en temas de Propiedad Intelectual, Innovación y Desarrollo y ex Director para América Latina y el Caribe de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Miembro Fundador del Centro de Estudios de Propiedad Intelectual (CEPI) de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Republica. Miembro de Número de la Academia Nacional de Economía. Miembro Consejero del Consejo Uruguayo de Relaciones Internacionales (CURI)