Viernes, 13 de julio de 2018

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La batalla por la pesca y los océanos comenzó. ¿De qué lado estamos?

Tiene poco sentido combatir la contaminación marina a menos que se aborde la contaminación de origen terrestre. ¿Cuál es el propósito de recoger plásticos y basura en general si en 5-10 años a partir de ahora estará, de nuevo, allí? Tiene más sentido, al menos para mí, luchar contra la contaminación de las ciudades, los municipios, la pobreza, las industrias y otras fuentes, en cada río, arroyo o vía que desemboca en el mar sin tratamiento. La tecnología está ahí. Y están fuera de patente. En el dominio público. No hay excusas.

Pareciera entonces que, una vez más, fallamos en corregir las causas y abordamos las consecuencias como resultado de la falta de prevención y de sentido común. Aun así nos dejamos seducir por el canto de sirenas y el sensacionalismo generados por las ONG extremas impulsando agendas secretas y por algunas agencias, algo confundidas, de la ONU que buscan los reflectores. Debería saberlo, vengo de la ONU.

La batalla por el control y la gobernanza de las pesquerías y los océanos ha comenzado. Los fondos, estimados en $1.9 mil millones de US en 2017) Su objetivo, inequívocamente, es participar en la toma de decisiones como un socio igualitario de los gobiernos. Absolutamente no. Son entidades que funcionan secretamente, opacas, no elegidas y no responden a nadie ni se hacen responsables ante nadie, su “ciencia” está hecha a medida y sus objetivos son, entre muchos otros, cerrar el 30 por ciento de nuestros océanos para la pesca. 90% de los fondos de las ONGs en América Latina provienen de Fundaciones Filantrópicas en países industrializados.

Las áreas de gestión marina (MMI), sin embargo, con un acceso estricto y bien regulado, serían más apropiadas y científicamente más sólidas desde una perspectiva de gestión. ¿Qué porcentaje de especies sub, sobre y plenamente explotadas habitan en ese 30 por ciento de “zonas sin capturas”? ¿Alguien sabe? ¿Qué sucede si, desde un punto de vista biológico, quienes gestionan la pesca no pueden continuar explotando plenamente el 60% que la FAO nos dice que es la situación actual y científicamente ideal? ¿qué pasaría con las especies subexplotadas que están en un 12-18 por ciento? Porque es muy claro, al menos para mí, que un porcentaje más alto se uniría a la lista de especies y poblaciones plenamente explotadas y elevaría el total a un 70-75%, haciendo que la explotación pesquera global llegue a una situación más saludable. Y no, la “explotación” en términos de manejo u ordenamiento pesquero no es lo mismo que “explotar” a la humanidad, como algunas ONGs me han mencionado en su ignorancia supina en temas de ordenamiento pesquero, donde fui elegido Director Ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Desarrollo Pesquero (OLDEPESCA) por los Ministros Responsables del sector por tres periodos consecutivos. Plena explotación es, desde cualquier punto de vista, el estado ideal de manejo pesquero.

Dicho esto, los gobiernos, la industria, los científicos y las organizaciones regionales de ordenamiento pesquero (OROP) también deben reafirmar su compromiso con la sostenibilidad y predicar con el ejemplo. Todo empieza en casa si uno quiera salir a enfrentar estos desafíos. Los esfuerzos para limitar la pesca ilegal e indocumentada deberían realizarse de manera cooperativa entre los países, dentro de las OROP. Llegar a un acuerdo sobre la llamada Pesca Ilegal, no Reportada y no Documentada (IUU como es conocida en Ingles) en el marco de la FAO no fue fácil, pero finalmente fue adoptado por la comunidad internacional. No dejemos que fracase. Eliminar la pesca ilegal y aplicar sanciones ejemplares contra los responsables es nuestro compromiso.

Para poder cumplir con los compromisos, los Estados deberían de contar con las herramientas legales, la infraestructura y los recursos para hacer cumplir sus leyes dentro de su Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) y cooperar en alta mar. Uruguay hoy logro extender su plataforma continental a 350 millas (de las 200 que establece la Convención del Derecho del Mar de la ONU). Sin duda, un logro. Pero hay que hacerse responsable de las obligaciones que exige el ejercer la soberanía en esas 350 millas y los recursos no aparecen.

Y sí, la pesca es solo un trampolín como lo era la caza de ballenas. Estas últimas muestra una abundancia cada vez mayor de especies y poblaciones. Hasta el punto de que los científicos comienzan a preocuparse por sus números y la falta de manejo y se llegue a una sobrepoblación que, junto con pinnípedos, aves marinas y cetáceos, compitan con los humanos por comida.

Uruguay tiene el dudoso honor de tener la segunda colonia del mundo de leones y lobos marinos con un estimado de aproximadamente 290 mil individuos. No solo compiten con los pescadores artesanales, sino que destrozan sus artes de pesca y se transforman en dependientes, perdiendo así sus instintos de caza. Mi opinión es para mantener una población sustentable se debería de sacrificar un tercio de la población o aun a la mitad. El “sacrificar” es un concepto que se traduce mal y viene del término “culling” lo que es un método utilizado y aceptado mundialmente por países desarrollados y en desarrollo, cuando no hay otra alternativa. Se hizo en la región de Victoria en Australia con los simpáticos koalas en 2017 con 689 ejemplares o como hace Estados Unidos cuando los ciervos o cualquier especie comienzan a destruir sembradíos y se transforman en plagas como los jabalíes en Uruguay o hasta los simpáticos wallabies en Australia.

¿No deberíamos priorizar el 17 por ciento de las personas que dependen de los océanos para obtener sus proteínas y los millones de empleos en el sector artesanal e industrial? La sobreprotección y las zonas prohibidas son un error científico. Está negando alimentos a las personas que lo necesitan y socavará el ecosistema. El uso y la conservación sostenibles, dos caras de la misma moneda, y la estricta aplicación del Código de Conducta para la Pesca Responsable, son la respuesta.

El siguiente objetivo de estas ONGs es atacar a la industria de la carne. ¿Las armas a utilizar? El miedo. “Cáncer” y “cambio climático” (este último muy conveniente ya que cubre y sirve para todo). Si triunfan, fracasan. Le quitaran las proteínas y generarían un problema de desnutrición, lo cual se traducirá en una generación con más jóvenes con problemas de desarrollo cognitivo.

Carlos Mazal

Autor: Carlos Mazal

Politólogo de la University of the Pacific con una Maestría en Estudios Latinoamericanos y del Caribe de la New York University. Es Consultor Internacional en temas de Propiedad Intelectual, Innovación y Desarrollo y ex Director para América Latina y el Caribe de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Miembro Fundador del Centro de Estudios de Propiedad Intelectual (CEPI) de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Republica. Miembro de Número de la Academia Nacional de Economía. Miembro Consejero del Consejo Uruguayo de Relaciones Internacionales (CURI)