Jueves, 21 de julio de 2016

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La crisis del MERCOSUR y su impacto sobre el sistema universitario

Una nueva crisis sacude al MERCOSUR. A esta altura ya a casi nadie se sorprende que se intente la expulsión de un parlamentario corrupto del MERCOSUR por sus propios correligionarios sin darle ninguna garantía, una canciller intente ingresar a una reunión a la que no fue invitada y otros se escondan en el baño, o tal vez no. Lo que sí sorprende es que haya una iniciativa, en el marco del MERCOSUR, que siga funcionando regularmente, sea valorada por los involucrados, y mejore el conocimiento y el intercambio entre las instituciones universitarias de la región. Es el mecanismo ARCUSUR de acreditación de carreras universitarias.

El mecanismo de acreditación de carreras universitarias que nació en el marco del MERCOSUR, ya tiene más de una década de funcionamiento. A esta altura, participan del mismo todos los países de América del Sur salvo Perú, lo que tal vez sea una de las razones por la que los problemas del bloque no le han afectado tan gravemente. La participación de Chile y Colombia ha sido muy importante, porque ambos países tienen agencias especializadas en los temas de evaluación y acreditación universitarias sólidas, y amplia experiencia en estos temas a nivel nacional.

Así como se ha ido expandiendo en el número de países participantes, también lo está haciendo en las áreas disciplinarias comprendidas. Comenzó por Agronomía, Ingeniería (en todas sus ramas incluyendo civil, eléctrica, electrónica, industrial, mecánica, etc, salvo la informática) y Medicina. Luego se amplió a Arquitectura, Enfermería, Veterinaria y Odontología. En el ciclo que se está iniciando este año, se van a acreditar carreras de Economía, Química y Geología, y se han incorporado a una lista de posibles carreras a considerar Educación y Derecho.

Para Uruguay, el proceso de acreditación en el MERCOSUR es el instrumento de política de educación superior más importante con que cuenta el país. Si no fuera por esta iniciativa, el país no tendría ninguna experiencia en el campo del aseguramiento de la calidad de su oferta universitaria. Esto lo han comprendido la Universidad de la República y también las universidades privadas que apoyan significativamente la iniciativa, a pesar de su muy endeble marco institucional. Esto ha implicado designar académicos de las instituciones para que dediquen tiempo en participar de la Comisión que administra el proceso, contribuir con especialistas para el diseño de los instrumentos para la evaluación de las carreras, y apoyar económicamente a sus docentes para que participen en procesos de formación como pares evaluadores en talleres tanto en el país como en el diversos países de la región. El Ministerio de Educación y Cultura, ámbito donde opera la Comisión de Acreditación que gestiona estos procesos, aporta el lugar de reunión y la secretaría ejecutiva, pero dispone de muy escasos recursos para sustentar el importante esfuerzo logístico que iniciativas como ésta requieren.

El posible traspaso a Venezuela de la Presidencia Pro Témpore del bloque, arroja un manto de incertidumbre en un momento importante de desarrollo del ARCUSUR. En cada semestre se desarrolla una reunión de todas las Agencias de Acreditación que gobiernan los procesos, así como otras instancias de coordinación y formación. Es muy dudoso que se puedan celebrar reuniones en Caracas y menos en otras ciudades de dicho país, no solamente por los problemas logísticos de vuelos que eso implica, sino porque en este tema como en otros, el país caribeño carece completamente de una institucionalidad seria. No ha participado de las reuniones del año 2015 y lo que va del 2016, siempre con la excusa de las dificultades logísticas, pero también ha cambiado en los últimos años los interlocutores institucionales, todas oficinas con nombres rimbombantes pero escasamente efectivas, así como también de personas a su cargo. Este panorama se agrava al escuchar a los directivos de las principales universidades venezolanas, permanentemente hostigadas por el Gobierno de Maduro, por simplemente intentar la función básica de una universidad que es defender la libertad de expresión del pensamiento y la libertad de cátedra.

La Cancillería y el Ministerio de Educación de nuestro país deberían tener un plan de contingencia frente a este escenario. Más allá del debate diplomático sobre el traspaso de la Presidencia del bloque, no debería escapar a las autoridades que dejar en manos de Venezuela el proceso ARCUSUR seguramente implique congelar por seis meses una iniciativa muy importante para el sistema de educación superior uruguayo. Otros países han sido más proactivos en aprovechar el impulso regional para desarrollar los procesos de acreditación a nivel interno, como es el caso de Paraguay, que ha creado una Agencia de Evaluación y Acreditación sólida, y ha impulsado un ordenamiento significativo de su extendida oferta universitaria aprovechando el conocimiento y la experiencia de académicos de los países de la región, incluyendo muchos uruguayos.

Para el Ministerio de Educación no hay tarea de mayor importancia en el campo de la educación superior que pensar seriamente cómo lograr que Uruguay consolide su institucionalidad y su experiencia en materia de aseguramiento de la calidad de su oferta universitaria. Pero claro, esto parece no estar en la agenda de una Ministra que se dedica a denostar a quienes fueron sus colaboradores y a dejar enojados a los actores con los que debería estar trabajando por la mejora de la educación en el país.

Entre los negros nubarrones del MERCOSUR y los problemas de liderazgo de las autoridades del Ministerio de Educación, es difícil ser optimista respecto a que el proceso ARCUSUR tenga un impacto relevante para que el país, de una vez por todas, logre una institucionalidad adecuada y un desarrollo significativo en el campo de la promoción y el aseguramiento de la calidad en la educación superior.

Pablo Landoni

Autor: Pablo Landoni

Master en Administración y Políticas Públicas por Cornell University (Estados Unidos). Doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de la República (Uruguay). Profesor de Ciencia Política e Investigador del Programa de Estudios en Educación Superior en la Universidad Católica del Uruguay.