Miércoles, 8 de noviembre de 2017

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La cuestión es entre tolerancia e intolerancia

Esta semana todos oímos las acciones y reacciones de la muerte de Viglietti y las declaraciones de Mercedes Vigil, su opinión sobre el personaje, más que sobre el cantor y las destempladas críticas que las mismas levantaron a tal punto que un grupo de ciudadanos comenzó a recoger firmas para que a la escritora se le castigue, retirándole la condición de Ciudadana Ilustre con que el gobierno departamental la honrara.

En lo personal, entiendo que a los muertos hay que darles sepultura y quienes sean sus amistades o colegas ideológicos, lo llorarán o recordarán con afecto y como compañero de sus batallas políticas. Muy respetable.

De la misma forma, entiendo que es tan respetable, que otros no tengamos ese recuerdo y que por el contrario tengamos una opinión muy diferente de la misma persona, de sus prédicas y de sus ideas.

La oportunidad, tal vez no sea la más adecuada para criticar a un muerto, pero si a un ciudadano lo irrita que se revista de heroísmo a quien considera no tiene los méritos, la libre expresión del pensamiento es un valor que está por encima de las personas o de las circunstancias.

Lo que sí me parece incomprensible es la reacción de los amigos de Viglietti juntando firmas para que se le retire a Vigil la condición de Ciudadana Ilustre que le fuera otorgada oportunamente.

Los premios se dan por los méritos de las personas y en el caso, seguramente habrá sido por su extensa obra, por haber logrado ser la autora de los libros más vendidos, y por ende, más leídos, y por haber rescatado, a través de la novela, a tantos personajes de la vida nacional incomprendidos en su tiempo.

Supongo que la intendente Hyara Rodríguez que le entregó a Vigil su condición de Ilustre, lo hizo como resultado de las evaluaciones que sobre la autora realizó algún cuerpo colegiado de asesores con que seguramente cuenta la intendencia para otorgar la referida distinción.

Algo parecido a lo que se hace regularmente para incorporar al nomenclátor de la ciudad el nombre de algún ciudadano que se haya caracterizado por su relieve capitalino, nacional o internacional.

Esos méritos son la única diferencia que reconocen los Derechos Universales del Hombre entre los hombres, y que recoge nuestra Constitución. Son, justamente, “…los talentos y las virtudes” y son éstos los que dan mérito a las distinciones. Única excepción a la igualdad.

Ninguno de esos méritos deja de ser válido por la opinión que un ciudadano ilustre tenga sobre otro ciudadano que hasta pueda haber recibido la misma distinción desde la Intendencia Departamental.

Es que la libertad, es muy difícil de comprender en toda su “extensión imaginable”. Para eso es necesario haber internalizado en el ser, que las diferencias – en este caso de opiniones – son las que precisamente hacen posible la diversidad, que es lo que más nos caracteriza a los seres humanos.

La Libertad que se añora cuando se pierde, la Libertad que tanto desean quienes viven bajo la opresión, cualquiera sea su signo, la que nos permite ser dueños de nuestros actos, la que solo reconoce como límite la Libertad de los demás, la que nos permite convivir sin sentir que unos la tienen en mayor medida que otros.

Es por esa Libertad que se ha caracterizado la historia de nuestra República y de nuestro pueblo, incluso desde antes que fuéramos República. Es la Libertad que permitió que en Democracia convivieran ideologías tan dispares como las del liberalismo político y las del comunismo, el socialismo o el anarquismo.

Es la Libertad que le permitió a Viglietti exhortar a los jóvenes a desalambrar, la que le permitió avivar el fuego de una juventud en rebeldía, es la que permitió que, por la Libertad de unos pocos, la inmensa mayoría de la sociedad, siempre silenciosa y tolerante, tuviera que sufrir las consecuencias desbordadas de militares tan intolerantes como aquellos que catalizaron su toma del poder y que, entre ambos, nos “regalaron” 12 años de dictadura.

Por eso escribo estas líneas, por no seguir silenciando lo que nos molesta, para no repetir antecedentes no deseados, porque es de la sumatoria de estos pequeños actos, que se va formando una sociedad y un tiempo.

Porque quiero para mí y para los que no piensan como yo, un país libérrimo, con cohesión de nación en la diversidad, un país donde se conviva en paz, donde distintos ciudadanos puedan estar orgullosos de contar con Viglietti en la música o con Vigil en la Literatura o criticar a ambos por igual, y volver a ser ciudadanos que prioricemos la armonía social y logremos puentear la grieta ideológica, para alegría general.

Justamente, ha sido ello lo que nos hizo siempre grandes, desde la Guerra Grande al Cambio en Paz.

Lucio Cáceres

Autor: Lucio Cáceres

Ing. Civil, egresado de la Universidad de la República. Vicepresidente de la Academia Nacional de Ingeniería Asesor de empresas de construcción privada y de mantenimiento a partir de 2005. Asesor Regional en Infraestructura (ingeniería de infraestructuras, ingeniería del transporte, evaluación de proyectos, asociaciones público-privadas y concesiones). Realiza Evaluación económica de proyectos de inversión para OEA. Ha trabajado junto a UNOPS en proyectos de infraestructura (aeropuertos , puertos y carreteras), asesorando a gobiernos y los inversores institucionales. -Ministro de Transporte y Obras Públicas entre 1995-2005 -Director Nacional de Vialidad entre 1985-1989 -Profesor de la Universidad de la República , 1975-2010 , UM ( 2011 ) Y -Profesor del curso Máster de la Universidad de Piura, Perú ( 2012-2013 ) , -Consultor para el Banco Mundial, el BID , la CAF y los gobiernos de China, -Paraguay , Panamá , Argentina , Chile, Perú, El Salvador, Honduras y Colombia