Viernes, 16 de febrero de 2018

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La culpa y el resentimiento

Pasada la mitad del tercer gobierno del Frente Amplio, se han acumulado una sucesión de episodios que a otra fuerza política ya la habrían marginado de la posibilidad de un cuarto gobierno. Sin embargo, la posibilidad de reeditar un triunfo del multicolor conglomerado no parece descartada.

En virtud de estos acontecimientos surge la pregunta: ¿por qué motivos al Frente Amplio la ciudadanía le perdona cosas que a los otros no?

La respuesta a esta pregunta por supuesto que no es sencilla, pero queriendo ensayar una, con las implicancias que toda simplificación tiene, se podría decir que son dos las razones que motivan a muchos ciudadanos a vacilar a la hora de “cruzar” ese ficticio muro que separa al Frente Amplio de la oposición. Estas razones son la culpa y el resentimiento, dos sentimientos manipulados con envidiable astucia por parte de la cúpula y los operadores políticos del partido de gobierno, con los que logran retener a una porción importante del electorado.

La culpa, sentimiento históricamente utilizado para la manipulación de los individuos, ha sido el mejor método para retener a los “moderados”, afines al Astorismo o al Partido Socialista, votantes de mayor raigambre e identificación con la fuerza política, generalmente los más instruidos, son quienes mayormente sufrieron deterioro en su calidad de vida, cargando el peso de la “redistribución”. Este grupo fue, y seguirá siendo, el gran perdedor con las reformas estructurales instrumentadas por el Frente Amplio. Ejemplos de ello son la reforma tributaria, con el IRPF como buque insignia, o la reforma de la salud. Este colectivo, asalariados mayormente, con trabajos bien remunerados para lo que es el promedio del país, en muchos casos profesionales, funcionarios públicos, etc., son el primer grupo sobre el cual el partido de gobierno echa mano a la hora de hacer ajustes para cubrir el déficit fiscal. Pero tras de cuernos palos, porque además de sufrir en su bolsillo los inagotables embates del equipo económico, han sido denostados por la otra ala del Frente Amplio, que en muchos casos los ha tildado de privilegiados y egoístas. Anhelan que Danilo Astori o Daniel Martínez sean los candidatos, y les produce escozor el sólo pensar que nuevamente terminarán resignándose una vez más votando a Mujica.

El resentimiento es el otro medio para capturar votos. La figura del ex presidente Mujica sin dudas es la que mayor capacidad tiene para seducir a buena parte del electorado con su discurso. Esta premeditada práctica, que se ha aplicado en muchos países de América Latina desde el inicio del siglo, convoca a las masas apelando a un mensaje de carente de coherencia, de corte populista, pero singularmente efectivo. Los adalides de la justicia obran de modo parecido, llámense Lula, Cristina Fernández, Evo Morales, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Rafael Correa, etc. Se establece un antagonismo entre buenos y malos, represores y reprimidos, discriminadores y discriminados, abusadores y abusados, que desemboca en que solamente líderes con características mesiánicas pueden oficiar como escudo protector de los eternamente postergados. En el Uruguay además se debe agregar dos grandes aciertos mediáticos del anterior gobierno, como fueron la aprobación de la ley del matrimonio igualitario, y la liberación del consumo de marihuana, que permitieron a la figura de Mujica adquirir una visibilidad inusitada para un presidente del Uruguay en el mundo.

¿Es sostenible la convivencia de la culpa y el resentimiento en forma perpetua?

Por supuesto que la respuesta es no. El final está más cerca que el principio, frase que parece una obviedad, pero no por ello deja de ser veraz. El Frente Amplio ha visto mermado su electorado elección tras elección desde 2004, y seguramente las próximas elecciones ratifiquen esta tendencia. El tema es si esa merma es suficiente para impedir que alcance el gobierno. Lo que parece claro es que al multicolor conglomerado cada vez se le hace más difícil poder retener a toda su masa electoral, dado que en el fondo son incompatibles las visiones del conjunto. ¿Por dónde se dará la fuga? ¿Serán los “culpables”? ¿Serán los “resentidos”?

Obviamente la respuesta es que el Frente Amplio va a perder gajos por ambos lados, sin perjuicio de ello, los votantes “nuevos”, los que llegaron por el resentimiento, parecen ser los más difíciles de retener, porque a diferencia de los “culpables”, continuarán demandando beneficios, surgirán siempre nuevas reivindicaciones, y cada vez las arcas del Estado parecen tener menos espacio para contemplar todas las solicitudes. Los últimos que entraron, el día que vean que la vaca no da más leche, van a ser los que menos inconvenientes van a tener para soltar amarras, y es que en el fondo, los culpables, aunque más instruidos, son más fáciles de adoctrinar que los resentidos.

¿Vos cómo la ves?

Ciro Mata

Autor: Ciro Mata

Ingeniero Electricista (Universidad de la República, UdelaR, 2003). Postgrado en Administración de Empresas (2004) y Maestría en Administración de Empresas (MBA) (2006), Universidad Católica del Uruguay. Postgrado en Metodología de la Investigación, Universidad de la Empresa en (2012). Ejerció como docente en la Facultad de Ingeniería de la UdelaR y actualmente se desempeña como docente de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad de la Empresa y la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica del Uruguay. Profesionalmente se ha desempeñado en UTE como subgerente del Área Planificación.