Viernes, 21 de julio de 2017

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La economía no enamora

El pasado martes, dando inicio al ciclo de entrevistas en el informativo central de canal 12, Emiliano Cotelo recibió al Ministro de Economía, Danilo Astori. Una de las preguntas fue sobre si el gobierno se había quedado sin agenda y estaba todo supeditado a la concreción de la tercera planta de celulosa. El ministro respondió que no, que el gobierno tenía una vasta agenda y señaló como una reforma fundamental a la bancarización. Ante esta respuesta Cotelo le señaló que esa es una reforma que no enamora a la población.

Lo mismo se puede decir sobre la marcha de la economía. Es innegable que la economía rebotó en el último semestre, y de seguir a este ritmo podría llegar a crecer un 6% en el año. Por distintas razones de índole estadístico, ello no acontecerá y el crecimiento se ubicará en la mitad de esa cifra. Pero es un crecimiento que se ubica en la tendencia de largo plazo de la economía.

Es una buena noticia. Sin embargo, volviendo al título, no se palpa alegría en la calle. No digo volver a los tiempos que tan bien reflejase aquella propaganda que hablaba del nuevo uruguayo, pero no el desánimo que uno encuentra cuando habla con distintas personas en ámbitos diversos.

Las encuestas lo reflejan con claridad. Más allá de que están influenciada por el abundante ruido que generan los propios integrantes del gobierno, también reflejan el desánimo.

Algo así como una sensación térmica que es inferior a la temperatura reinante. La primera vez que escuché esta expresión fue allá por el año 1998. Por aquellos tiempos sucedía algo similar, la economía crecía, pero también lo hacía el descontento de la población.

Algunos analistas están haciendo un paralelismo entre ambos momentos. Hay aspectos en común, como ya señalé, pero otros que creo que son distintos. Los años noventa, o más concretamente el período que va desde el retorno a la democracia a la devaluación brasileña de enero de 1999, que con el nuevo relato histórico que se quiere imponer se asocian al neoliberalismo salvaje, fueron ferméntales en reformas estructurales. Ninguno de los grandes éxitos, de las grandes reformas que se anunciaron en los últimos años, ni los cambios en la matriz energética y la matriz productiva, como se les denomina actualmente, hubieran sido posible sin los cambios normativos llevados a cabo en aquellos años.

Ley de Zonas Francas, Ley Forestal, Ley de Puertos, desmonopolizaciones, como en materia de generación eléctrica que posibilitó la instalación de los parques eólicos, etc., fueron todas mediadas llevadas a cabo en aquellos años. Incluso los cambios en la normativa bancaria, que llevaron a la mayor fortaleza que exhibe el sistema financiero en la actualidad, fueron acciones implementadas en momentos en que se estaba saliendo de la crisis.

Sin olvidar a la profundización de la apertura económica y medidas en materia monetaria que restringieron el financiamiento del sector público por parte del BCU, lo que contribuyó al descenso de la inflación a niveles de un dígito. Ni que hablar de la reforma de la seguridad social, que despejó el horizonte de largo plazo de las finanzas públicas y posibilitó la obtrención del grado de inversión.

Fueron muchas las reformas llevadas a cabo. Todas ellas apuntaron a modernizar el país y ponerlo a tono con un mundo globalizado. Como toda transformación, máxime cuando es verdaderamente revolucionaria genera incertidumbre en la población. En particular, el pasaje de una relativa estabilidad, que era lo característico de la economía uruguaya hasta aquellos años a un mundo más cambiante y competitivo determinó que muchos uruguayos no se sintiesen del todo cómodos. En algunos casos con razón, por ejemplo, quienes perdieron su empleo por el cierre de determinadas actividades. Pero en otros casos por temor a lo nuevo y desconocido. Esa al menos es mi interpretación de la baja sensación térmica manifestada en aquellos años.

Pero ahora la situación es distinta. En primer lugar, porque el crecimiento efectivamente no está llegando a toda la población. De hecho, se trata de un crecimiento rengo, con algunas actividades que efectivamente lo experimentan, pero otras que no.

A su vez, aquellas actividades que crecen lo hacen de una forma que derraman poco al resto de la sociedad. Tal el caso de las comunicaciones. Se trata del sector que más creció a lo largo de la última década, pero que en materia de empleo no aporta mucho.

Por otra parte, los cambios brutales que experimentó está actividad determinan que su incidencia esté sobre valuada, aunque parezca una contradicción. En efecto, para calcular la variación real del PIB hay que hacerlo a precios constantes, es decir depurados de la inflación. En el caso uruguayo el PIB se calcula con base en el año 2005. O sea que el PIB total a pesos constantes es la suma del PIB de cada una de las actividades. En el caso de las comunicaciones se calcula multiplicando las cantidades físicas por los precios del año base, como en las restantes. Pero los precios de las comunicaciones son actualmente la cuarta parte de lo que eran en el año base, lo que sobre estima su participación.

Ello y la aparición de nuevas actividades desde el año 2005, claramente la celulosa, amerita un cambio de base. El BCU está en ello.

Otra actividad que creció, pero tampoco derramó es la generación eléctrica.

La otra actividad que crece es el comercio. En este caso cabría espera un derrame positivo, fundamentalmente en materia de empleo, pero en los hechos no es así. Y no es así porque también en este caso se trata de un crecimiento rengo.

El gran impulso se lo dio el ingreso masivo de turistas argentinos, atraídos por un diferencial de cambio que los favorece. Se acaba de informar que en el primer semestre ingresaron un millón y medio de turistas argentinos. Un incremento muy importante, pero que depende de un mercado muy inestable.

Si bien crece el consumo asociado al turismo, el de los uruguayos no crece tanto, y lo hace de forma despareja. Así lo refleja el índice de confianza del consumidor, que se ubica en el rango de moderado pesimismo. Y es lógico ya que el mercado laboral muestra que el empleo cae y sube el desempleo.

Las dificultades que se observan en el mercado laboral están estrechamente ligadas a las rigideces existentes que atentan contra la competitividad, no ya del sector exportador, sino del propio sector comercial.

Un allegado a una importante cadena de supermercados me comentaba que tenían problemas, ya que la inflación está subiendo al 5,3% (una aproximación a sus ingresos), pero los salarios suben al 12% por el convenio vigente.

No debe extrañar entonces que empiecen a aparecer tímidamente cajas en los supermercados sin cajeros.

Se habla de la venta de automóviles 0km, que está creciendo. Es cierto, pero también se trata de un consumo rengo. Dado el comportamiento del dólar, el valor de los vehículos se abarató. Lo mismo acontece con los viajes al exterior. Pero quienes se están aprovechando de ello son quienes tienen capacidad de ahorro, pese a la suba que sufrieron en el pago de IRPF.

Los problemas de competitividad que enfrentan los restantes sectores, fundamentalmente los transables son conocidos y les impiden crecer.

En este contexto es entendible que pese al crecimiento haya descontento. Hasta aquí la similitud con los años noventa.

Pero en aquellos años se estaban procesando transformaciones estructurales fundamentales que ayudan a entender en buena medida al país actual. En estos momentos no vemos grandes cambios en marcha. Y si la gran reforma es la bancarización, como dijo Cotelo, no enamora.

Queda todo supeditado a la concreción de UPM2. Para que se materialice el gobierno debe invertir cuantiosos recursos que no tiene en infraestructura. Para ello recurrió, en una medida por lo menos discutible, al Fondo Energético. Si llega a salir, ¿el fideicomiso de los cincuentones tendrá el mismo destino?

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.