Viernes, 28 de abril de 2017

MENU

La fiesta de Ancap resultó muy cara y la resaca demora en irse

El daño que le produjo al país el manejo de Ancap en las dos administraciones anteriores ha sido inmenso. No se lo debe medir en el monto de la capitalización que debió efectuársele, sino que es mucho mayor.

La comisión parlamentaria que analizó el caso encontró abundantes elementos que demuestran razonablemente que el manejo de la empresa petrolera no fue del todo transparente, lo que ameritó la presentación de denuncias ante la Justicia. De ahora en más cabe aguardar su dictamen.

Pero más allá de que se dictamine o no algún delito y si sus responsables sean o no castigados, el castigo infligido a la sociedad a través de distintas decisiones que distorsionan el buen funcionamiento económico es muy grande. Ese se traduce en pérdidas de competitividad, dificultades pare el sector productivo y por extensión, al mundo laboral. En resumen, una pérdida de bienestar general.

Comencemos por lo más obvio, el precio de los combustibles.  Uruguay presenta los mayores precios de combustibles de la región. De hecho, todos los combustibles derivados del petróleo y gas, salvo el supergas, cuestan más que si se los importase, agregando todos los impuestos a correspondientes. Las naftas (uruguayismo que refiere a las gasolinas) se ubican actualmente un 11% por encima de su precio de paridad de importación. En el caso del gas oil la brecha es aún mayor y trepa al 50%

Ese sobre precio que pagamos los uruguayos por el combustible que consumimos, responde a las necesidades de la empresa petrolera estatal de recaudar para recomponer la caja que vaciaron las administraciones anteriores, incurriendo en gastos excesivos e inversiones que no fueron rentables y en algunos casos, resultaron en grandes pérdidas, sino totales.

Pero este sobre precio apenas alcanzó en el último año para empatar las cuentas y arrojar un pequeño superávit de US$ 15 millones. Es decir que todavía no hay margen para adecuar las tarifas al precio internacional. Lamentablemente y tal como se vislumbra el mundo en el mediano plazo, el petróleo subirá de sus niveles actuales, por lo que cuando la empresa equilibre sus cuentas seguramente tenga que ajustar las tarifas al alza.  De esta manera los uruguayos nos vimos privados de experimentar y disfrutar de una baja en el precio de los combustibles en momentos en el que el valor del crudo se desplomó.

Los ecos del mal manejo de Ancap también los escuchamos en otras áreas distintas al combustible, concretamente en el portland. Este negocio pierde US$ 25 millones al año. Hace pocas semanas el Directorio de la empresa anunció un programa de ajuste para abatir los costos y equilibrar las cuentas. Como en todo arden de la vida los ajustes son dolorosos, pero en este caso, además de necesarios parecen muy lógicos. La planta de Paysandú contrata un número muy elevado de jardineros y vigilantes y se propuso no contar más con sus servicios.

Nunca es agradable recortar la plantilla, ya que atrás de cada una de esas personas hay una familia que en mayor o menor grado depende de esos ingresos que se perderían. Pero esos trabajos tienen que ser productivos, es decir generar valor y no destruirlo. Y en este caso se trata de tareas que no contribuyen al corazón del negocio.

Por el momento se frenó la reestructura por orden del Presidente de la República, atendiendo a este y otros reclamos del gremio de trabajadores de Ancap. Entre esos reclamos está la instalación de un nuevo horno en Paysandú.

Ese horno fue adquirido en las épocas del frenesí inversor del ente. Según trascendidos de prensa costó aproximadamente US$ 70 millones, y los más interesante es que su instalación costaría aún más, otros US$ 100 millones. Y más interesante aún es que esa mayor producción potencial que permitiría alcanzar el nuevo horno no tiene mercado. No habría ni que hablar de la instalación, pero parece ser unos de los temas a discutir con el sindicato.

Esta danza de millones es la que está detrás del sobreprecio de los combustibles, que incide directa y negativamente en la competitividad de la producción uruguaya.

Y los efectos de Ancap y el resto del elevado gasto público también impacta en las restantes tarifas, muy particularmente en la de UTE. A comienzos de este año se ajustó al alza su tarifa en un 8%, levemente por debajo del nivel de inflación acumulado en el año anterior.

Se lo quiso presentar como una ajuste nominal y no real, pero en los hechos no fue así. En primer lugar, porqué los costos de UTE en el año anterior aumentaron tan sólo 4%. De hecho al ajuste superó el aumento de los costos y significó un “tarifazo” encubierto. Que fue mayor aún dado que la empresa está en un proceso de reestructuración de la tarifa.

La cuenta de UTE consta de dos componentes, el cargo fijo y el consumo mensual de energía. El primero está asociado a la conexión a la red y refleja todos los gastos asociados. El consumo al costo de generación de la energía. El ajuste de la tarifa respondió a este último ítem, pero no al cargo fijo, cuyo valor aumentó en un porcentaje superior.

El tarifazo no tuvo otra razón que mejorar no ya el resultado de UTE que fue muy bueno en 2016 por las abundantes lluvias, sino el de las empresas públicas (EEPP) en su conjunto, contribuyendo así a la mejora del resultado global del sector público. Y esa necesidad de mayores recursos se debe en buena medida a Ancap.

Por cierto, que no sólo apuntó a mejorar el resultado global, sino también a mejorar la caja del Ministerio de Economía.

El superávit de las EEPP contribuye a mejorar el resultado global del sector público, pero no son recursos disponibles por parte de la Tesorería para financiar el gasto corriente del gobierno. Se trata de dinero de las propias empresas, que éstas lo utilizan para amortizar deuda o, llegado el caso, si es una situación permanente, pueden bajar las tarifas.

El gobierno capta parte de estos recursos a través de los aportes que realizan las EEPP. Estos aportes reflejan los dividendos que las compañías realizan a su accionista (en este caso el gobierno). El gobierno los fija a principio de cada año, y en el caso de UTE, la empresa debía realizar aportes mensuales por aproximadamente US$ 6 millones. En diciembre se le solicitó a la empresa un aporte adicional por aproximadamente US$ 155 millones.

Si bien ese aporte no cambia el resultado global del sector público, ya que reduce el superávit de UTE y mejora el del gobierno central, sí contribuye a financiar el gasto corriente. Otra prueba más del ajuste encubierto a través de las tarifas públicas.

El impacto sobre el sector productivo es muy negativo y contribuye a sus problemas de competitividad, los que transitoriamente pudieron taparse por una relativa y transitoria mejora de los precios internacionales, pero que en las últimas semanas volvieron a quedar de manifiesto ante el descenso que están experimentando los principales rubros de exportación.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.