Lunes, 20 de junio de 2016

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La ideología encubierta

El término ideología fue acuñado por el filósofo francés Destrutt de Tracy[1] a comienzos del siglo XIX y está compuesto de dos palabras de origen griego: éidos, que significa “idea”, y lógos, que puede interpretarse como “discurso racional”. En su concepción, la ideología era la “ciencia de las ideas”. El término pasó desapercibido hasta que fue popularizado entre las dos guerras mundiales por las obras de Karl Marx[2] y Karl Mannheim[3].

Fue Karl Marx quien conceptualizó a la ideología como un conjunto sistemático de ideas y doctrinas a través de las cuales el mundo se interpreta. Para Mark las ideologías son una herramienta de control social y están supeditadas a los modos de producción vigentes. Su objetivo es generar una falsa conciencia sobre las condiciones materiales de existencia del hombre, privándolo así de su libertad y fomentando su sumisión a regímenes opresivos. La ideología entonces, era para él una herramienta de control social.

En contraposición a las ideologías, lo que Marx decía proponer era una ciencia. Frente a la mentira –las ideologías- surgía la verdad – la ciencia marxista-. Paradójicamente, si hay un caso en que hubo una ideología que se ajusta perfectamente a la descripción de Marx de herramienta de opresión, esa fue el marxismo y sus variantes, el marxismo-leninismo y el stalinismo. El éxito de la Revolución Bolchevique en 1917 llevó rápidamente a los dirigentes comunistas a olvidarse de enfocar el marxismo científicamente, lo que hubiera implicado el someterse al cuestionamiento permanente de toda hipótesis, cosa que era intolerable para el régimen. Todos los regímenes comunistas han tenido en común la relevancia asignada al adoctrinamiento y la tendencia a transformar a sus líderes circunstanciales en profetas laicos, cuyas palabras deben ser atesoradas como verdades reveladas. Marx llegó a ver en vida cómo su pensamiento se transformaba en un catecismo al amparo del cual se justificaba cualquier cosa. Marx era un hombre de mente abierta que se veía a sí mismo como un científico. No fue una broma cuando le dijo a su yerno Paúl Lafargue: “lo cierto es que yo no soy marxista”.

La pretensión de dar un aval científico a las ideologías fue una práctica que no fue monopolio de los comunistas. Los nazis fueron muy influidos por los marxistas. Tomando por buena la visión despectiva sobre las ideologías del marxismo, los nazis preferían hablar de su ideología como una “cosmovisión” o Weltanschauung. También ellos procuraron dan fundamento científico a su ideología. El racismo “científico” nazi se basa en las ideas del diplomático y poeta francés conde Joseph Arthur de Gobineau[4] (1816-1882), cuyas ideas fueron expandidas por Houston Stewart Chamberlain[5] (1855- 1927), un inglés que migró a Alemania admirado por la música de Wagner, y que terminó nacionalizado alemán y casado con la hija de Wagner. A esto los nazis agregaron el “darwinismo social”, supuestamente basado en las ideas de Darwin. Uno de los primeros promotores del darwinismo social en Alemania fue Ernst Häckel[6] (1834-1919), un profesor de zoología en la Universidad de Jena (Turingia). Häckel utilizó la teoría de Charles Darwin[7] para desarrollar una filosofía universal que se aplicaba a fenómenos no sólo biológicos sino también psicológicos y sociales. De acuerdo con los darwinistas sociales, la organización de la civilización moderna sobre la base de principios humanitarios tenía por efecto favorecer al débil y con ello se impedía el saludable efecto de regulación social de los procesos de selección natural. Ahí surgieron las ideas de los principios de la selección, “el descarte” y el “derecho del más fuerte”, que luego fueron aplicados por los nazis como una fundamentación supuestamente científica de sus actos.

Creo que la convicción de cada una de las grandes ideologías del siglo XX (comunismo, nazismo, fascismo, capitalismo) en cuanto a la existencia de fundamento científico que las avalaba fue la razón por la cual generaron grandes movimientos sociales y políticos que no dudaron en usar la violencia para imponer sus ideas. Las ideologías perdieron ese carácter de religiones laicas por su incapacidad para lograr sus objetivos, y con ello, también perdieron la fe de sus seguidores.

En el siglo XXI se rechaza la pretensión de las ideologías de explicar la realidad social a partir de categorías rígidas, legitimaciones omnicomprensivas y a la concepción de la razón como una forma de dominio. En buena medida esto se debe a la necesidad de las corrientes de izquierdas a adoptar nuevos enfoques luego de la caída del comunismo, en el contexto de un capitalismo que muy rápidamente luego de la Revolución Industrial fue transformándose en una economía social de mercado. Aquellas corrientes de izquierda que en mayor o menor medida abrevaban en las fuentes del marxismo han adoptado nuevos enfoques ideológicos. Algunos se volvieron socialdemócratas, esto es, aceptan la organización sobre bases capitalistas pero con un peso relevante del Estado en la organización de la economía. Otros siguen siendo anticapitalistas y marxistas, pero no explicitan su marco teórico en su discurso político, lo que doy en llamar “las ideologías encubiertas”. Los grupos de ideología encubierta se encuentran muy difundidos en América Latina.

Un elemento que ha contribuido enormemente a la adaptación de muchas de las ideologías a su nuevo carácter y rol ha sido el progreso de la economía como ciencia. A medida que el conocimiento científico en esa área avanza, esta toma para sí lo que antes era un componente ideológico. El resultado es que se generan consensos entre personas con ideologías diversas. Contrariamente a lo que se suele pensar, esos consensos no son originados por convergencias ideológicas, sino por “adelgazamientos” ideológicos y “fortalecimientos” científicos. Los ejemplos abundan, también locales. Si uno mira lo que sostenían los principales dirigentes de izquierda uruguayos en temas tales como inserción económica internacional, política monetaria, política cambiaria, papel del mercado hace cuatro décadas, y lo que sostienen ahora, el cambio ha sido notorio. Pero no hay que equivocarse. Las ideas que sostenía, por ejemplo, Astori, en la época de la fundación del Frente Amplio, eran ideas con una fuerte base ideológica de corte marxista. Sus opiniones en esas mismas materias al día de hoy están basadas en la ciencia económica, la misma que la mayoría de sus colaboradores profundizaron durante sus estudios doctorales en Estados Unidos.

La dinámica política entre “ideologías adelgazadas” está centrada en valores, capacidad de gestión y susceptibilidad a las presiones de grupos de interés. En materia de valores, por ejemplo, hay quienes defienden la igualdad de oportunidades iniciales para todos los ciudadanos y otros hacen énfasis también en la igualdad de resultados finales. La capacidad de gestión va adquiriendo un peso creciente a medida que se produce una convergencia en los valores de la ciudadanía. El último de los componentes es la susceptibilidad a las presiones de los grupos de interés. En particular, los dos grupos de interés que más incidencia tienen en la dinámica política son los sindicatos y los grupos empresariales.

¿Cómo intervienen en la dinámica política las ideologías encubiertas? A diferencia de la izquierda reconvertida, su retirada es de carácter estratégico. Como consecuencia se niegan a reconocer la necesidad de abordar determinados temas con una perspectiva científica, anteponiendo un enfoque ideológico/dogmático. Las ideologías subyacentes de mayor peso son el marxismo, el corporativismo y el nacionalismo. La Argentina en la época de Néstor Kirchner y Cristina Elisabet Fernández es un buen ejemplo de cómo estas ideologías operan y sus efectos. Es también un buen ejemplo de la imposibilidad del diálogo con el resto del espectro político; en muchos temas, mientras las ideologías encubiertas manejan un tema como ideológico, para las ideologías adelgazadas ya es un tema científico, técnico y profesional.

El lector que haya seguido este desarrollo probablemente se estará formulando pregunta: si esto fuera así, ¿por qué sobreviven las ideologías encubiertas? La respuesta es que siguen existiendo gracias a múltiples factores. Específicamente en el caso de América Latina el “viento de cola” de la última década contribuyó grandemente a su sobrevivencia. La enorme mayoría de los ciudadanos no son capaces de discernir ante una situación de prosperidad, si esta se debe al gobierno o es a pesar del gobierno. Otra de las razones es el comportamiento de las ideologías adelgazadas. En algunos casos grupos con ideologías adelgazadas priorizan la obtención del poder y para ello realizan alianzas con grupos de ideologías encubiertas. En otros casos los grupos de ideologías adelgazadas cometen la tontería de mantener como un componente de apariencia ideológico lo que ya está fuera de ese ámbito. Si esos grupos lo reconocieran, ello habilitaría la explicitación ante la ciudadanía de una coherencia en las propuestas de diversos grupos políticos en un componente de peso creciente: la competencia en la gestión.

El debate político maduro en el siglo XXI es un debate de valores. Se discuten cuestiones tales como qué es justo y qué no, o cuál debe ser el equilibrio entre libertad e interés general. Una evidencia de nuestro subdesarrollo es que todavía hay temas que son objeto de manipulación ideológica cuando en las sociedades más avanzadas ya han sido sustraídos del debate político, transformándolos en consensos que apuntalan el progreso.

 

 


 

[1]     de Tracy, D. (1825). Projet d’éléments d’idéologie, à l’usage des Ecoles centrales de la République française, Didot l’aîné, An IX, in-8. Eléments d’idéologie, 1825-1827.
[2]     MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. La ideología alemana [1845]. México, Ediciones de Cultura Popular, 1979.
[3]     Mannheim, K. (1936). Ideology and Utopia: An Introduction to the Sociology of Knowledge, trans. Louis Wirth and Edward Shils. New York: A Harvest Book, Harcourt, Brace and World.
[4]     De Gobineau, A. (1884). Essai sur l’inégalité des races humaines. Finuin-Bidot.
[5]     Chamberlain, H. S. (1899). Foundations of the Nineteenth Century, trans. John Lees, 2, 388-89.
[6]     Haeckel, E. H. P. A., & Litrán, C. (1905). Historia de la creación de los seres organizados: según las leyes natuales. F. Sempere y Ca..
[7]     Darwin, C. (1859). The origin of species. Reprint. New York: Modern Library.

Leonardo Veiga

Autor: Leonardo Veiga

Contador Público, Universidad de la República; Licenciado en Administración, Universidad de la República; Master en Dirección y Administración de Empresas, IEEM; CPCL, Harvard Business School, EE.UU., PhD Universidad de Navarra. Es profesor de Gestión de la Innovación (IEEM/UM) y de Política Económica Internacional (IEEM/UM), de Administración General (FCEE/UM) y de Prácticas Desleales de Comercio y Defensa Comercial (CEA/ADAU). Fue consultor del Programa Nacional de Desburocratización (PRONADE), del Plan de Desregulación del Comercio Exterior y las Inversiones (PLADES), miembro del Board del Global Entrepreneurship Monitor, Director del MBA del IEEM/UM y Coordinador de la carrera de Contador Público en la FCCEE/UM.