Viernes, 26 de enero de 2018

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La inclusividad no es para todos

Nervioso es poco.  Como estoy de vacaciones le pedí a una suerte de amigo que se llama Pepe Sacapuntas que me escribiera el artículo de este mes en mi ausencia. Este personaje es una suerte de mercenario de las letras. Un inmoral sin retorno. Pero, lamentablemente, es mi amigo y al toque me dijo:

-Bengoa, estás en las mejores manos. Dame dos Juanas de Ibarbourou que ando pelado y listo el asado. No te preocupes que la gente del Telescopio va a quedar super satisfecha.  Es un artículo bien científico sobre la inclusivididad.

Y así quedó sellado el pacto.

Días más tarde llegó la nota de la inclusión cuya autoría , redactor responsable y todo lo demás es de Pepe Sacapuntas.

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Jornada  de calor tremebundo. Estrepitoso. El termómetro de ese día de enero se había clavado en 43 grados a la sombra y no quiso seguir subiendo porque la estadística oficial no lo permite. Es que al igual que la inflación, si se va demasiado para arriba la aguja, le inventan algún  giro para que el número se quede por ahí “quietito como cusco en bote”.

Yo estaba en la cola de la Intendencia Montevideana Inclusiva Progresista y Polisexual Ambivalente ,  con no más de tres o cuatro parroquianos escasos por delante,  esperando para hacer mi trámite.

Una empleada municipal, que era el doble de Flora (la empleada pública que da vida el genial Antonio Gasalla) entre  toses, pucho y expectoraciones múltiples con una voz muy femenina, del tipo de la Alberto Kesman,  le preguntó a un grandote con bucles  coloreados a pura  agua oxigenada y cloros varios;

-¿Usted para qué viene?

-Mi nombre es Waldemar  Peloche, tengo 32 años, soy del barrio “El Empuje”, mi  signo es  Virgo, desocupado de lunes a jueves, mi “Jovi” es pescar castañetas en los lagos del Parque Rodó, tengo ojos color  fogoso. Juego de back derecho en el club  barrial  “Rapiñeros”, pero como la liga de verano se suspendió porque los muchachos de varios equipos están procesados,  me vengo a anotar para el concurso de Reina del Carnaval con el nombre de ; “Yenny la Traviesa”.

Un caballero tan  enjuto como  engominado, bien empilchado y que portaba un singular  traje color  cremita , tercero en la cola de los beduinos de la capital, saltó como El Senador Agazzi contra las manifestaciones populares rurales (ahora que es gobierno, antes las promovía y las integraba).

-¡Perdón Señor, pero ese concurso es para damas! Y usted es un caballe..

Antes que terminara su frase, la Señora Waldemar , es decir  La Traviesa ,  se desmayó entre sillas y taburetes que estaban a nuestros costados,  al grito moribundo de:

-¡Un “dotor” que  este  degenerado me partió el alma, me partió !  ¡Es que me están discriminando! ¡Otra vez   me niegan la identidad de género! Y entre  esos gritos desaforados, de humillación injustificable,  casi se traga el escarba dientes que llevaba de forma muy sensual al estilo “boquilla” ,  en la comisura inferior de su  labio izquierdo en una onda muy Marlene Dietrich.

La Flora municipal no esperó un segundo y con mucha educación lo encaró al desubicado de la gomina:

-Decime una cosa ¡tarado! ¿ vos no sabes que esta Intendencia es inclusiva  e integradora? Si la señorita Waldemar considera –con todo derecho- que es la dama de las camelias. Es Margarita Gautier  y punto. Se acabó. The end. Te quedó claro ¿blanco pillo? Porque eso debes de ser vos, si hasta pinta de oligarca latifundista tenes.

El caballero desubicado y golpeador de sueños de género hizo mutis, (tal vez por el foro batllista). Y pasó el siguiente de la cola. Era un gauchito que traía un gallito bataraz y le dijo a Flora;

-Vengo a apuntar a  “Cocorito”  para el concurso de toros Hereford astados  del próximo Prado 2018, pesa 680 kilos, tiene el lomo tapado, una superficie escrotal que mete miedo y puede atender 35 vacas al toque.

El violento de la gomina , en forma desubicada y algo temeroso inquirió:

-¿Perdón pero no es un gallo? Si fuera así no debería poder…

-¡Cállese la boca atrevido! le dije yo,  sin hesitar. En el país de Daniel y las maravillas cada uno es lo que quiere, por el tiempo que le guste y chau pinela. Si el gallo quiere ser toro, ¿qué carajo le importa a Usted? No sea fascista y castrador de utopías. Y antes que siga preguntando estupideces le voy a decir que yo me vengo a apuntar para el concurso de ayudante de ayudante de ayudante de asistente de Portero del Zoológico del Parque Lecoq, zona oeste,  y vengo a pelear un puesto por la cuota afro.

-¡Me parece bárbaro! me dijo en tono sonriente, Flora. Y si además querido señor, usted es de los “nuestros” , como me parece, puede optar por el concurso “compañero”, una creación del MPT (Movimiento de Participación Truchelli). Y guiñándome el ojito me acotó: -Venite esta nochecita por casa que te doy todas las respuestas, mientras me frotas la espalda “papito”. Ya te dejo mi celu atrás de la inscripción. ¿Tamos?

Pero como uno es digno hasta la médula le aclaré  en alta voz;

-Gracias,¡ mamita! pero solo te voy a pedir las respuestas que no sé. Porque uno debe ser honesto a carta cabal. Y al  engominado le voy a aclarar que si bien exteriormente no soy afro, y hasta parece que tuviera ojos claros, mi finada abuela a la hora de la siesta me decía: “¡Negrito! Si seguís haciendo ruido te voy a curtir el lomo a chancletazos.”   O sea soy afro descendiente y perseguido desde niño. Y seré curioso; el caballero entrometido, de ultra derecha que tanto pregunta ¿se puede saber a qué viene?

El devorador de ilusiones se acomodó el saco. Tragó saliva de los nervios que tenía y con mucho tacto me contestó:

-Me llamo Enjundioso López. Tengo en propiedad con dos hermanos un campito en Caraguatá de trescientas hectáreas, heredados de mi abuelo Cristalino. Dicen que soy estanciero pero en realidad no sacamos más de cincuenta mil pesos “limpios” por mes. Estoy embargado porque no pude pagar la cuatro por cuatro  Ford de 1985 que necesito para entrar al campo embarrado los días de lluvia. Me venía a apuntar para pedir hora para renovar la libreta. Pero luego de lo que he presenciado,  me gustaría saber si el subsidio para los travestis perseguidos en la dictadura está vigente y lo puedo pedir… Es que  veo que esto es un verdadero festival y no quisiera perderme la “volada”.

La compañera Flora lo miró fijo. Acto seguido le preguntó;

-¿Caraguatá  dónde queda?

-En Tacuarembó, en la octava sección judicial, le contestó Enjundioso con orgullo indisimulado.

– Y venís acá ¡a sacar la libreta y pedir el subsidio de los travestis montevideanos! ¡Pero sos un inmoral! ¡No tenes vergüenza! ¡Tomátelas, descarado!  le dijo la compañera Flora con absoluta ética y prístina voz.

Y yo me quedé pensando.

No hay caso; al que nace oligarca y barrigón “es al ñudo que lo fajen pa ´ incluirlo”.

Pepe Sacapuntas

Autor: Pepe Sacapuntas