Lunes, 20 de febrero de 2017

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La inseguridad

Ha sido tremendamente ilustrativa e impactante la columna publicada, en el diario El País el pasado sábado, por parte del Dr. Guilllermo Maciel, titulada “Sin seguridad”. El Dr. Maciel es un distinguido especialista en criminología y un eximio analista de toda la problemática referente a la preservación de la seguridad y el combate contra la delincuencia.

En esa nota, efectúa un estudio comparativo de la tasa de homicidios en Montevideo, en relación con la que ofrecen centros urbanos como Nueva York, Los Ángeles, Madrid y Buenos Aires, que ha sorprendido de manera muy fuerte a aquellos que no teníamos conocimiento cabal del nivel comparativo de la delincuencia uruguaya en relación con otras ciudades del mundo.

Según sus datos, durante el año 2016, la tasa de homicidios en Montevideo fue de 11,2 cada 100 mil habitantes, mientras que en Madrid, fue de 0,6, en Nueva York de 3,8, en Buenos Aires de 3.3 y en Los Ángeles de 7.5.

Si bien es impresionante la relación con Nueva York y con Madrid, quizás lo más sorpresivo tiene que ver con Buenos Aires. Los uruguayos recibimos diariamente una profusa información a través de los canales de noticias argentinos de los crímenes que se cometen en esa enorme urbe y sobre el profundo malestar que existe, en vastos sectores de la población porteña, por la falta de seguridad. Por esa circunstancia, muchos teníamos la convicción de que Buenos Aires era significativamente más insegura que Montevideo y por ello, cuando viajamos a esa ciudad, tomamos providencias preventivas que no adoptamos en nuestra propia capital. Sin embargo, los números estadísticos indican algo muy diferente puesto que la tasa de homicidios cada 100 mil habitantes, en esta “tacita del Plata”, como la llamaba Romeo Gavioli, es un 340% mayor que la de la ciudad de Buenos Aires.

Reiteramos, en Montevideo es de 11,2 por cada cien mil habitantes, mientras que en la urbe porteña es de 3,3.

Decía el Contador José Pedro Damiani, “los números no mienten, mienten las personas”. Y esos números nos están indicando que, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con una población de alrededor de tres millones de habitantes, con decenas de miles de inmigrantes ilegales y una multiplicidad de asentamientos miserables, la tasa de homicidios es muy inferior a la de Montevideo.

El Ministro del Interior Señor Eduardo Bonomi, en la reciente interpelación de que fue objeto, efectuó una larga exposición donde incluso habló, tratando de justificarlo, del enorme déficit que arrojan las finanzas públicas e hizo hincapié de que, en el correr del año 2016, las rapiñas se habían reducido, es decir, que de las 58 rapiñas por día que se verificaban en el año 2015, se pasó a 56 diarias en el correr del año pasado.

Pero ¿No le parece al Señor Ministro del Interior que es muy magro el resultado y muy reducido en el tiempo el análisis que realiza? Obsérvese que cuando el Señor Bonomi asumió, como titular, la cartera del Interior (cierre del 2009) se habían verificado unas 12.000 rapiñas y ha finalizado el año 2016 con 20.000… Es decir, que se registraron 8 mil rapiñas más por año durante el lapso transcurrido desde que asumió la titularidad de esa cartera a la fecha.

Es obvio que para lanzar las campanas al vuelo y vanagloriarse de los éxitos obtenidos, debería haber dicho, por ejemplo: “Cuando yo asumí como Ministro del Interior, las rapiñas que se llevaban a cabo eran 12000 por año. Ahora, después de 8 años de gestión esa cifra se ha abatido y el número está por debajo de las 10.00”. Y la realidad es que lo que ha sucedido es lo contrario, pasamos de 12 mil a 20 mil…

Y el Señor Bonomi no puede decir que no ha contado con el apoyo financiero necesario. En estos doce años de gobierno del Frente Amplio se
le ha votado, al Ministerio del Interior, recursos muy importantes, con los que nunca había contado, en el pasado, esa secretaría de Estado. Ahora el Ministerio del Interior cuenta con helicópteros, aviones, multiplicidad de cámaras de televisión, más efectivos, mejores remuneraciones, mejor armamento y vehículos de todo tipo para desarrollar su difícil gestión.

Pero lo resultados no se dan, salvo que se quiera celebrar con bombos y platillos la débil baja de las rapiñas cometidas en el correr del año 2016. Indudablemente, hay algo que está fallando. Cuando eso sucede en una empresa e incluso en un equipo de fútbol, se cambia al gerente y en su caso, al director técnico. De ese modo se va a intentar modificar el criterio empresarial o la forma de conducir el equipo. Con respecto al Ministerio del Interior, todo indica que si se pretenden cambios radicales, en el combate a la delincuencia, hay que renovar sus autoridades para que las otras, que asuman esa responsabilidad, puedan cambiar la estrategia y utilizar métodos más efectivos para concretarlos.

Se ha insistido, por parte de gobierno del Presidente Dr. Tabaré Vázquez, que las críticas que ha recibido el Señor Ministro del Interior tienen un propósito exclusivamente político puesto que no se asientan en la realidad. No es así. Las críticas resultan de los números, de lo que sucede día a día en nuestro país con relación a la criminalidad. Incluso, muchas de ellas tienen un propósito patriótico puesto que van acompañadas con recomendaciones que si fueran atendidas podrían coadyuvar con el esfuerzo del Ministerio del Interior para alcanzan mejores resultados. Una eventual reducción de la criminalidad va a beneficiar a toda la población incluyendo al propio partido de gobierno que lograría, de ese modo, una relevante victoria ante este flagelo, lo que sin duda acrecentaría su prestigio y el número de sus eventuales electores. Si se tratase sólo de una maniobra política electorera y bastarda, a los que la practican, les convendría más que continúe el Ministro Bonomi para que todo siga

como está y se acentúe el descontento a fin de que, de ese modo, la opinión pública sea cada vez más adversa al partido de gobierno.

Desde otro punto de vista, ¿no le parece al Señor Presidente de la República que, en esta materia, se requiere una política de Estado? ¿Qué es imprescindible que todas las fuerzas políticas estén involucradas en el combate contra la criminalidad? ¿Qué personalidades como las del Escribano Guillermo Stirling y el Dr. Didier Opertti Badán que ocuparon con destacada gestión, el Ministerio del Interior, deberían ser consultadas? ¿No considera conveniente continuar dialogando con los dirigentes políticos de la oposición, examinando, sin prejuicios, ni consideraciones mezquinas, las propuestas que los mismos han formulado para cambiar este estado de situación?

El artículo 168 de la Constitución de la República, en su primer inciso, le impone al Presidente de la República, actuando con el Ministro o Ministros respectivos, o con el Consejo de Ministros, la obligación de conservar el orden y la tranquilidad en lo interior de nuestro país. Los datos estadísticos señalados indican que no ha cumplido a cabalidad con ese compromiso fundamental. El derrotero que ha seguido el Dr. Tabaré Vázquez no le permitió hacerlo pero está a tiempo de dar un golpe de timón y cambiar el rumbo para alcanzar ese objetivo antes de que finalice su mandato. Confiemos en que, algún día, la historia lo recuerde por su trayectoria de prestigioso oncólogo y por haber sacado campeón uruguayo al Club Progreso en 1989, pero, sobre todo, por el éxito que tuvo siendo Presidente de la República, en el combate contra el tabaquismo, por la distribución de las ceibalitas, por haber cambiado la matriz energética del país y, en especial, por haber reducido, significativamente, la delincuencia que azotaba a la sociedad uruguaya en los tiempos en que él desempeñó la máxima magistratura de la República Oriental del Uruguay.

En cuanto al Frente Amplio, con el cual el Dr. Tabaré Vázquez ha tenido tantas divergencias, un éxito en el combate contra la criminalidad, le permitiría atenuar el malestar existente, en la enorme mayoría de la población de nuestro país, por algunos gruesos errores de gestión entre los que se destacan, el enorme déficit que arrojan nuestras finanzas, el aumento increíble de nuestra deuda externa y del número de funcionarios públicos, el fracaso del sistema educativo, el barril sin fondo del FONDES, el FONASA, lo acontecido con PLUNA y Alas Uruguay, el escándalo de ANCAP, la regasificadora, los negocios con Venezuela y el puerto de aguas profundas.

Edison González Lapeyre

Autor: Edison González Lapeyre

• Catedrático de Derecho Internacional Privado, Derecho Internacional Público y Derecho Diplomático en la UDELAR • Profesor de Derecho Internacional Marítimo de la Academia de Derecho Internacional de La Haya. • Asesor Letrado, Director del Instituto Artigas del Servicio Exterior, Director de Asuntos Culturales, Director de la Consultoría Jurídico - Diplomática • Embajador ante los gobiernos de República Dominicana, Barbados, Haití y Granada y representante Permanente ante la OEA. • Negociador en el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, el Estatuto del Río Uruguay, el Tratado para el desarrollo de la Cuenca Hidrográfica del Río Cuareim y el Acuerdo de Extradición y Cooperación Judicial con EEUU. • Integró el equipo legal del Uruguay en el juicio ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya en una primera etapa. • Autor de más de 150 publicaciones de su especialidad.