Jueves, 27 de julio de 2017

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La izquierda es la nueva derecha

 

El concepto de ideología

Una de las cosas más graciosas que se escucha de un tiempo a esta parte es gente que declara carecer de ideología, al mismo tiempo que procura alcanzar cargos de liderazgo político. Una ideología es un conjunto articulado de ideas que presentan una visión coherente con relación a cómo se ve el mundo, qué se procura alcanzar a través del poder  y cuáles son los medios disponibles que se privilegiarán para alcanzar los objetivos definidos. Cuando alguien pide el voto, al mismo tiempo que manifiesta no basarse en un conjunto coherente de ideas compartidas, lo que está diciendo a los electores es que transformen el voto en un acto de fe. En la práctica las inexistentes ideologías están allí, pero es políticamente conveniente no hablar de ellas para hacer más sencilla la adhesión de quienes supuestamente detentan ideologías diversas.

Las ideologías son en realidad esenciales para la acción política. Todo gobierno depende de las decisiones que el equipo de funcionarios de confianza política en puestos clave del Gobierno tiene que tomar cotidianamente ante situaciones imprevistas, siendo materialmente imposible consultar al líder qué hacer ante cada una de ellas. En ausencia de ese conjunto de ideas articulador esas decisiones carecerán de la coherencia necesaria.

¿Por qué se ha generado ese rechazo a las ideologías que degeneran en este tipo de planteos? La respuesta es que las ideologías tienen sus patologías, los ideologismos. Los ideologismos surgen de mantener dentro del cuerpo ideológico premisas que la realidad contradice y tomar decisiones sobre esa base. Toda ideología sana está sujeta permanentemente a la validación como instrumento de interpretación y de acción. Cuando se identifica que alguno de los supuestos que la constituyen no resiste esa confrontación con los hechos, se abandona. En ese sentido la metodología de actualización ideológica no es muy distinta a la científica, en la cual – siguiendo a Karl Popper- toda teoría es provisoria, en tanto su validez siempre está sujeta a que no aparezcan hechos que no se ajusten a lo que dice debe suceder.

Siguiendo el paralelismo, Popper sostenía que la formulación de toda teoría científica debería ser seguida por una sucesión de intentos deliberados y tenaces de demostrar su falsedad. En la práctica toda teoría científica que logra éxito genera un conjunto de fieles seguidores que terminan procuran defender la teoría contra viento y marea. Como consecuencia de ello los cambios en los paradigmas científicos son mucho más traumáticos que los aceitados y lógicos proceso que Popper proponía, y suelen estar propiciados por un cambio generacional.

De igual manera, las ideologías se resisten a cambiar, aun cuando la realidad muestre contundentemente que algunos de los supuestos de los que parten son falsos. El proceso de cambio ideológico es mucho más complejo que el cambio científico porque los involucrados son muchos más.

 

El origen de izquierda y derecha

Las categorías políticas “derecha” e “izquierda” tienen su origen histórico en la votación que se llevó adelante en la Asamblea Nacional Constituyente surgida de la Revolución Francesa el 14 de julio de 1789. Se estaba discutiendo un artículo de la Constitución que facultaba al rey a mantener el poder absoluto por la vía de concederle el derecho inapelable a vetar las leyes aprobadas por la futura Asamblea Legislativa. Los diputados que estaban a favor de concederle tal poder al monarca se ubicaban a la derecha del presidente de la Asamblea, quienes estaban en contra, a la izquierda. Fue así que “izquierda” quedó asociado con quienes procuraban el cambio político y social, mientras los de “derecha” eran aquellos proclives al status quo. Es claro que esta terminología se impuso porque era funcional, suministrando una categorización basada en un atributo relevante: cambiar o no cambiar. Su utilidad como herramienta de identificación y su asociación con la actitud ante el cambio queda en evidencia en la decisión del Partido Tory británico en cambiar de nombre a “Partido Conservador” en 1834, fruto de la sugerencia en un artículo publicado por J. Wilson Croker en la revista Quarterly Review en 1830.

La dicotomía derecha-izquierda se extendió durante el siglo XIX, a partir de 1830 también por América del Sur, y desde fines del siglo XIV y comienzos del XX por los países descolonizados de África y Asia.

 

¿Cambio hacia dónde?

Durante el período de la Restauración, en Francia, en el bando de la derecha se encontraban a quienes apoyaban la causa real y se oponían a la Revolución. En la izquierda estaban los liberales, defensores de las libertades individuales y del libre intercambio. En Gran Bretaña, en cambio, los liberales fueron perdiendo espacio a manos del Partido Laborista. En Estados Unidos la bipolarización se dio entre demócratas y republicanos. Quienes originariamente estaban allí del lado del cambio eran los republicanos, siendo su momento culminante la Guerra de Secesión originada en la lucha contra la esclavitud que llevó adelante Abraham Lincoln, primero como senador y luego como presidente. En el siglo XX los papeles se invirtieron, el Partido Demócrata se transformó en el defensor de las minorías  y el apoyo electoral del Partido Republicano pasó a estar en la población rural y protestante.

La izquierda francesa era la defensora de la Revolución Francesa y de los valores que propugnaba: la igualdad y la libertad. La derecha, en cambio, sostenía que las diferencias sociales eran naturales e inevitables.

 

El desdibujamiento de la izquierda

Abandono del cambio

Tal como ya hemos mencionado, la derecha francesa de 1789 estaba constituida por monárquicos que no querían el cambio, e inclusive procuraban volver a la situación pretérita. Consideraban que las prerrogativas de la nobleza eran algo natural y que la igualdad era una ilusión. Durante el siglo XX el cambio propulsado por la izquierda en lo económico estuvo fuertemente centrado en una mayor injerencia del Estado en la asignación de los recursos, en sustitución del papel del mercado. En lo político las aguas se dividieron. Una parte de la izquierda optó por la imposición de dictaduras mientras que otros se incorporaron convencidos al sistema democrático.

Los gobiernos de izquierda en regímenes democráticos fueron aprendiendo por la vía del fracaso los límites que la realidad impone. Su agenda de cambios se fue reduciendo y desdibujando. Descubrieron las carencias del Estado para sustituir a las empresas y al funcionamiento del mercado. Frente a ello muchos partidos de izquierda en regímenes democráticos optaron por una adaptación pragmática que les permitió mantener su vigencia. De la mano en la alternancia en el poder vino la alternancia del cambio. A vía de ejemplo, los grandes cambios que permitieron la integración europea luego de la Segunda Guerra Mundial no vinieron de la mano de la izquierda, sino de los partidos socialcristianos. En los regímenes dictatoriales, en cambio, el inmovilismo fue total y el fracaso se tradujo finalmente en una implosión de los regímenes. Una de las excepciones a destacar es el caso de China, donde optaron por un régimen de libertad económica y monopolio del poder en manos del Partido Comunista. El crecimiento acelerado resultante ha demostrado ser hasta ahora una anestesia poderosa del reclamo de libertades políticas. Es cierto que hay una fuerte represión, pero no hay dudas que sin crecimiento económico la misma sería insuficiente. El otro caso es Cuba, que adoptó un modelo parasitario, primero de la Unión Soviética y luego de Venezuela. El tercer caso emblemático es Corea del Norte, donde la represión llega a niveles inconcebibles.

 

Abandono de la libertad

En aquella misma situación de 1789 la libertad estaba materializada en la libertad de comercio, como la vía para minar los privilegios de la nobleza. Cuando el éxito del libre comercio hizo que el poder económico pasara de la aristocracia a la burguesía, las simpatías por la libertad económica terminaron. Los nuevos poderosos a combatir eran las empresas, y la izquierda, en mayor o menor grado, optó entonces por una mayor injerencia del Estado en la asignación de los recursos de una economía. Para una parte de la izquierda el desapego a la libertad económica vino de la mano del abandono de la libertad política. En los países donde reinó el socialismo real la libertad política pasó a ser allí una ilusión superada: la verdad es una, clara e inequívoca, tutelada por el Partido y el Estado.

 

El abandono de la igualdad

La igualdad estaba concebida originalmente como la lucha contra los privilegios económicos y políticos de una élite. En los países del socialismo real la nueva clase dominante pasaron a ser los cuadros partidarios. En los países con regímenes democráticos la consolidación de la clase media generó un cambio sustantivo de la dinámica política.

El surgimiento de la clase media generó un problema no menor a esa visión dicotómica de la realidad. La clase media no se ajusta a la conceptualización de una élite dominante, pero tampoco es una clase dominada. Su surgimiento va de la mano con la progresiva relevancia de una nueva forma de capital: el capital intelectual. Siempre se ha considerado como algo contradictorio el hecho que los países donde se impuso el socialismo real no fueran países con economías industriales –como pronosticó Marx- sino economías agrícolas. En realidad lo relevante no fue el grado de industrialización, sino la ausencia de una clase media que actuara como freno a la imposición de regímenes totalitarios.

 

Izquierda y derecha en Uruguay

Tempranamente, a comienzos del siglo XX, el batllismo fue exitoso en generar una clase media con la cual se consolidó una fuerte institucionalidad democrática. Esta refutación empírica de la teoría del “orden natural” por la vía de la intervención del Estado llevó a un rápido desdibujamiento de las categorías derecha/izquierda porque nadie en el espectro político quiso ocupar el espacio de una derecha tradicional. El debate ha sido entre partidos que comparten la necesidad de una fuerte clase media. Existe un solo partido relevante que se autodenomina de izquierda en Uruguay, el Frente Amplio.

La caracterización de la izquierda como la propulsora del cambio y enfrentada a la derecha,  que lo resiste, no refleja la dinámica nacional. Si analizamos los instrumentos que han permitido las principales transformaciones económicas que ha tenido el país desde 1985, casi todas han sido llevadas adelante por el Partido Colorado y el Partido Nacional: Ley de Zonas Francas, Ley Forestal, Ley de Puertos, desmonopolizaciones, Ley de Marco Energético y Ley del Régimen Previsional Mixto. Los cambios sustanciales introducidos por el Frente Amplio han apuntado fundamentalmente a la redistribución a través del Estado, destacándose los programas del MIDES, la introducción del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas y el FONASA.

El siguiente parámetro de caracterización es la igualdad. Si uno se basa en las cifras respecto de la evolución de la distribución del ingreso en Uruguay uno podría pensar que efectivamente la izquierda es generadora de igualdad. Obsérvese la Figura 1. Es claro que ha habido una mejora en la distribución del ingreso, pero hay que hacer varias consideraciones al respecto. En primer lugar, la distribución del ingreso recién logró llegar en el 2011 al nivel que se había logrado en 1993, lo que refleja la permanente fragilidad de los logros en esta materia.

 

Figura 1 – Distribución del ingreso en Uruguay

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En segundo lugar, mientras que la mejora en la distribución del ingreso antes de la crisis del 2002 se debió a mejoras en el funcionamiento de la economía, en los últimos períodos de gobierno los impuestos y las transferencias han tomado un peso importante. En materia de transferencias, tenemos que se destaca una agresiva y creciente transferencia a favor de los jubilados derivada de la reforma constitucional de 1989. Tal como puede observarse en la Figura 2 las erogaciones del BPS han estado aumentando aceleradamente desde el 2008, lo que ha llevado a un aumento aún más alarmante de la asistencia financiera de Rentas Generales al BPS, tal como puede observarse en la Figura 3.

 

Figura 2 – Evolución del gasto en jubilaciones

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Figura 3 – Asistencia financiera de Rentas Generales al BPS

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A esto debemos agregar la incidencia de los impuestos y las transferencias. Como podemos ver en la Figura 4 las transferencias del régimen de FONASA han tenido un gran impacto, con un 55%. Luego las transferencias monetarias, con un 31% y finalmente el IRPF, con un 14%.

 

Figura 4 – Contribución de los impuestos y el gasto social en la mejora de la distribución del ingreso.

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Los logros en materia de igualdad se han basado en transferir recursos de los ciudadanos más productivos a los menos, por la vía de impuestos y transferencias. De cada $ 100 que recaudó la DGI en 2016, $ 57,8 provinieron de impuestos al consumo, $ 17,3 del IRPF y IASS, $ 16,7 por IRAE e Impuesto a la Renta de No residentes, $ 6,4 de impuestos a la propiedad, y $ 1,8 provino de otros tributos y también de multas y recargos. Si realizamos una discriminación de los impuestos muy a grosso modo entre personas y empresas, las personas pagaron $ 75,3 y las empresas $ 24,7. De acuerdo a estimaciones realizadas por Espert y Mac Mullen (ver Figura 5) Uruguay es país que, luego de Argentina, impone las cargas más altas sobre los salarios.

 

Figura 5 – Impuesto efectivo al salario

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Ahora bien, ¿en qué medida la mejora en la distribución del ingreso que se ha generado es sustentable? La respuesta es que esta mejora en los resultados finales debe ir acompañada de una mejora en las oportunidades iniciales, de forma que el componente de redistribución debido a la mejora de la productividad de los más desfavorecidos aumente. Los resultados indican exactamente lo contrario. En su análisis de los datos PISA del ciclo 2015 el Dr. Emilio Blanco dice que “Uruguay es uno de los países que traducen con mayor eficacia las desigualdades sociales en diferencias de aprendizaje” y que “… toda falla del sistema afecta más a quienes, despojados de otros capitales, sólo tienen a la educación pública como posibilidad de acceso a la formación”. Un dato, parcial e ilustrativo de este problema podemos verlo en la Figura 6, donde puede constatarse que algo menos de la tercera parte de los jóvenes de 19 años egresa de la educación obligatoria a la edad esperada. Uruguay está en el podio de los países con menos muchachos que finalizan secundaria, con un 29,8%, mientras que la antítesis es Chile, con un 80,1 y Perú, con un 79,7%.

 

Figura 6 – Alumnos que completaron la Educación Secundaria en América Latina

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Es probable que la tendencia del 2014 en adelante a la disminución de la tasa de empleo (ver Figura 7) esté en alguna medida explicada por la carencia de capacidades mínimas que permitan la empleabilidad.

 

Figura 7 – Evolución de la tasa de empleo

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¿En qué medida entonces se está logrando mayor igualdad?, en resultados finales sí, en oportunidades iniciales no, en sustentabilidad del modelo, un enorme signo de interrogación.

Nos queda el último de los parámetros, la libertad. Este parámetro está íntimamente vinculado al anterior, que es la generación de igualdad de oportunidades iniciales. La carencia de capacidades no sólo genera un problema económico grave, sino que genera todo un grupo social dependiente del mantenimiento y profundización de políticas de transferencias que aminoren las consecuencias de la incapacidad para brindar una formación que permita una adecuada inserción laboral.

Entre las razones por la cuales la presión tributaria se concentra cada vez más en las personas más productivas está el hecho que las personas se mueven menos de país por cuestiones de presión tributaria que las empresas, especialmente las grandes. Es por eso que el tratamiento tributario que recibiría la segunda planta de UPM se encuentra en las antípodas en materia de presión fiscal.

 

El futuro que se nos avecina

De la mano del avance tecnológico el mundo está entrando aceleradamente en una fase de transformación de los procesos productivos cuya envergadura es equiparable a la que se dio con la Revolución Industrial. La producción, que en lo que va de la humanidad fue siempre el resultado de la combinación de capital y trabajo, pasará a ser fruto de la combinación de capital físico y capital intelectual. Esto abre nuevas oportunidades, pero también implica enormes desafíos. De acuerdo a un estudio del Centro de Economía, Sociedad y Empresa del IEEM el 54% de los puestos de trabajo corren alto riesgo de desaparecer a manos de la automatización en los próximos 10 a 20 años, tal como se detalla en la Figura 8. En compensación surgirán nuevos puestos, pero los mismos plantarán demandas en materia del capital intelectual de quienes pretendan ocuparlos que serán sumamente exigentes.

 

Figura 8 – Riesgo de pérdida de puestos de trabajo en Uruguay

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¿Qué hacer frente a los nuevos desafíos? Frente a ese escenario lo racional es abrazar el cambio, priorizando el dotar a cada ciudadano de las herramientas que permitan su inserción en la nueva economía. El dotar de las capacidades requeridas es priorizar la búsqueda de la igualdad de oportunidades para todos. Si se lograr exitosamente avanzar en ese sentido los ciudadanos avanzarán en libertad, en tanto los nuevos procesos de producción cada vez son menos dependientes de grandes empleadores.

El Frente Amplio, en cambio, apuesta a la preservación del modelo actual, un modelo en donde las empresas se construyen alrededor del capital físico y donde los puestos de trabajo son altamente dependientes del empleador. En la medida que la educación no sólo no cumple su función de mecanismo privilegiado de movilidad social ascendente, sino que por lo contrario, amplifica  las desigualdades sociales, procura lograr la igualdad por la vía de la intervención del Estado. La exigencia de una mayor presión fiscal enfrenta el escollo de la necesidad de generar condiciones atractivas para la inversión, por lo cual la presión se orienta a los trabajadores. Es así que se diseñan instrumentos tendientes a generar transferencias de los trabajadores con mayor nivel de ingresos a los menos, por la vía de impuestos y subsidios (algunos explícitos, otros no). Los altos niveles de ingresos salariales en una economía de mercado están asociados a una mayor productividad, la cual a su vez es fruto de una mayor capacitación, con lo cual el sistema lo está penalizando.

En síntesis, se actúa como si existiese un orden natural contra el cual no se puede ir, procurando exprimir los beneficios de las reformas heredadas y agradeciendo un viento de cola que no termina de soplar. La actitud es de resignación ante la mayor de las desigualdades, la de la falta de educación, lo que conlleva pérdidas de libertades para quienes pasan a vivir en situación de permanente fragilidad laboral, o a ser dependientes de las políticas sociales del Estado, pero también pérdida de libertades para quienes son productivos y se encuentran que una parte creciente de los frutos de su esfuerzo es exigida por el Estado.

Leonardo Veiga

Autor: Leonardo Veiga

Contador Público, Universidad de la República; Licenciado en Administración, Universidad de la República; Master en Dirección y Administración de Empresas, IEEM; CPCL, Harvard Business School, EE.UU., PhD Universidad de Navarra. Es profesor de Gestión de la Innovación y de Economía Política (IEEM/UM) y de Prácticas Desleales de Comercio y Defensa Comercial (CEA/ADAU). Es miembro del directorio del Centro de Innovación Tecnológica SEPÉ. Fue consultor del Programa Nacional de Desburocratización (PRONADE), del Plan de Desregulación del Comercio Exterior y las Inversiones (PLADES), miembro del Board del Global Entrepreneurship Monitor, Director del MBA del IEEM/UM y Coordinador de la carrera de Contador Público en la FCCEE/UM.

  • Ricardo Alba

    Excelente artículo del Cr. Veiga

  • Roberto Xavier

    Excelente el aporte del Cr. Veiga, sobre un tema del que muchos hablan mucho, aunque sabiendo poco y mal.

  • Roberto Xavier

    Este trabajo es un valioso aporte sobre un tema importante del que muchos hablan mucho, pero con escaso conocimiento y basados en prejuicios. Sería quizá interesante ubicar este tema en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial.