Martes, 7 de febrero de 2017

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La laicidad en peligro

Muchas veces sucede que lo más fácil de perder es aquello que creemos o sentimos asegurado.

Pasa con las cosas pero más frecuentemente con las ideas. Tan seguros estamos que ellas son comprendidas y compartidas por todos que dejamos de resaltar sus virtudes, su conveniencia y su necesidad y sobretodo dejamos de preocuparnos por profundizar en su significado y sentido.

Seguramente eso fue lo que llevó a Ulises Gastón Pioli a escribir “La laicidad en peligro”, libro editado por Ediciones B y en venta desde diciembre pasado.

Es común escuchar que la laicidad es un concepto y una praxis aceptados ampliamente en la sociedad uruguaya. Tanto como que todos somos partidarios de la laicidad.

Sin embargo basta preguntar qué significa y de qué manera se la vulnera para entrar en un mar de dudas e imprecisiones.

Muchas veces se la confunde con la libertad de cultos; otras se la define sin tener presente el concepto que se desprende de la Constitución de la República. En cualquier caso y como afirma el autor, “…nuestra laicidad no tiene hoy la misma fortaleza que a mediados del siglo XX, cuando quizás había alcanzado su mayor esplendor, tanto en las aulas como en la vida política y en el plano de la convivencia social de los uruguayos.”

Es que tras casi 100 años de haber sido consagrada constitucionalmente, en 1918, los debates y enfrentamientos que suscitó desde mediados del siglo XIX y que como pocos contribuyeron a conformar la identidad nacional, parecen haber caído en el olvido. Y ya se sabe que olvidar algo o alguien es su verdadera muerte.

Algo de eso parece estar sucediendo con la laicidad y sobretodo con su doctrina, el laicismo. Como dice el Dr. Miguel Semino en el prólogo: “…ciertos hechos que ocurren entre nosotros –y a los que a veces parecería que no se les da la suficiente y necesaria importancia- nos hacen pensar que, en la práctica y al menos en la actualidad, no somos tan laicos como nos creíamos y como nos han visto durante casi un siglo desde afuera, tomándonos muchas veces como ejemplo en el mundo.”

Ese es el punto de partida del libro de Pioli. En un escenario de debilitamiento del concepto y de su práctica, de confusión y de desinterés por los temas ciudadanos y de crisis de valores, algunos sectores de la sociedad, en particular las iglesias y otros vinculados a ellas, aparecen pretendiendo redefinir la laicidad a partir del desprestigio de su base doctrinaria, el laicismo. Ello con un claro y declarado objetivo: recuperar el terreno perdido desde hace, por lo menos, 100 años.

Solemos escuchar a connotados dirigentes religiosos y a no pocos formadores de opinión reducir la espiritualidad a la práctica o pertenencia a alguna de las religiones positivas; a pretender que solo a través de la religión se transmiten valores edificantes; que es preferible tener una religión a no tenerla.

Hablan de una “laicidad positiva” para contraponerla al laicismo o a la laicidad a secas, a los que se asocia arteramente al anticlericalismo a efectos de desacreditarlos.  Olvidan que toda vez que a los conceptos relacionados con la libertad y la tolerancia se les puso apellidos fue para conculcarlos.

Y vaya si la laicidad y el laicismo tienen que ver con la libertad y la tolerancia: garantizar y asegurar su ejercicio y práctica es su propósito y finalidad.

No otra cosa procuraron las medidas que se fueron adoptando desde que el presidente Gabriel Antonio Pereira decretara la secularización de los cementerios, medida llevada a la práctica por su sucesor, el presidente Bernardo Berro, en 1i861.

La creación de un registro de estado civil, separado e independiente de la Iglesia Católica; la reforma escolar vareliana, que suprimió la obligación de la enseñanza religiosa; la consagración del matrimonio civil como único válido en el territorio de la República, la ley de Conventos, la laicización de la Asistencia Pública, que prohibió las imágenes religiosas; la supresión de los honores militares a los símbolos religiosos y de los juramentos religiosos y la prohibición absoluta de la enseñanza religiosa en los institutos públicos desde 1909, fueron medidas, sin duda, que contribuyeron a ampliar el ejercicio y goce de la libertad individual y que facilitaron la integración social a partir de la abstención del Estado ante el fenómeno religioso y la tolerancia en la sociedad.

En ese mismo sentido debe verse la secularización de los feriados nacionales dispuesta en 1919, que pasaron a ser, a partir de entonces, fechas de celebración, recordación y encuentro para todos los uruguayos con independencia de sus creencias religiosas o su posición frente a las mismas. Con independencia de si creen o no, o de lo que creen.

Todo esto es lo que en definitiva está en juego cuando se pretende desnaturalizar o directamente neutralizar a la laicidad y al laicismo.

El “balde laicista” al que hiciera referencia el Cardenal Sturla, lejos de ser un obstáculo para la vivencia de las creencias y opiniones de cada uno, como lo presentó el prelado,  debe ser visto como la protección de esas creencias y opiniones personales.

Las iglesias, en general, tienen vocación evangelizadora y la libertad religiosa de que gozamos los uruguayos hace que puedan desarrollarla ampliamente.

Lo que no pueden pretender es involucrar al Estado en ese propósito como tampoco colonizarlo con sus cosmovisiones particulares. Y eso incluye al espacio público, ámbito de encuentro laico por excelencia.

Por todo esto no corresponde que haya una capilla católica en el Hospital Militar, ni que se instale una imagen de la Virgen en la rambla de Montevideo ni que se declare un feriado nacional por Iemanjá o Yom Kippur.

Vivimos en un tiempo en el que las iglesias han vuelto a competir, desembozadamente, por los fieles, lo que las lleva a buscar visibilidad pública e influencia social.

Ante el fenómeno, la única actitud compatible con la laicidad y el laicismo y en especial con la Constitución de la República que deben observar el Estado y las autoridades públicas es la abstención y la prescindencia.

Cualquier otra actitud, aún las mejor intencionadas en una equivocada concepción de la tolerancia y la libertad, no haría otra cosa que contribuir a enardecer los ánimos y a profundizar las diferencias. A hacerle el juego a los fundamentalistas, entre los que debe contarse, por cierto, a todos los que en nombre del pueblo e invocando mayorías (siempre circunstanciales) no dudan en avasallar a los que piensan diferente.

A todas estas cosas alude Gastón Pioli en su libro “La Laicidad en peligro”, porque a ellas se refiere y aplica el concepto de laicidad y su doctrina, el laicismo.

Un libro que nos ayudará a comprender el alcance, la importancia y los desafíos que enfrentan la laicidad y el laicismo en el Uruguay de este siglo XXI.

José Garchitorena

Autor: José Garchitorena

Abogado y funcionario. Actualmente es Ministro de la Corte Electoral. Integró el directorio de UTE entre 2010 y 2012. Miembro electo de la Junta Electoral de Montevideo (2000-2005). Integrante de la Asamblea del Claustro de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de la República entre 1987 y 1989. Afiliado al Partido Colorado desde 1983, fue Prosecretario General del mismo. Es miembro de diversas instituciones culturales y sociales. Colaborador de diversas publicaciones periodísticas. Es autor de los libros Manual Práctico de Derecho Electoral Uruguayo y de Historia de un mito, las elecciones de 1971 y la denuncia del Partido Nacional.

  • Dr.Gabriel Galán Imola

    Discrepo totalmente con los conceptos vertidos, en Uruguay se ocultan los temas a mi por ejemplo n i siquiera en la enseñanza pública me platearon desde la escuela en adelante la posibilidad que existiera un Dios o Dioses, o siquiera historia de las religiones sus valores, críticas etc….En cambio se me llenó la cabeza con el “afrancesamiento mental” político, cultural y masónico.- Casi todos los libros de texto que estudié especialmente los de histpria y las autoridades de la Enseñanza fueron Masones..QUE SON UNA SECTA RELIGIOSA A SU MANERA POR LO QUE ES FALSO QUE EL ESTADO SEA LAICO EN EL SENTIDO CONSTITUCIONAL.- En los cargos del Estado especialmente en determinado poder si no se es Masón no se progresa.- Nuestro Presidente actual es manifiestamente y declarado públicamente Masón.- Entonces a no rasgarse las vestiduras con los dichos de tal o cual “Prelado” cuando que solapadamente y otras veces descaradamente se enseña en nuestras escuelas la falsedad del Marxismo la gloria de la Revolución Cubana..el Che Guevara …los beneficios de la droga marihuana, y se habla de “opciones sexuales” sin enseñar que hay otras opiniones y estudios al respecto,.- Así que estimados es falso que el Estado no tiene religión y que no fomente adoctrinamiento en la Enseñanza ( escuchar solamente al los gremialistas dirigenrtes de la Enseñanza en los informativos basta..!!!!).- Dr.Gabriel Galán Imola, Dr. en Derecho y ciencias sociales y Profesor Titulado egresado del Instituto de Profesores Artigas, Montevideo Uruguay.-

  • Alejandro

    Todo depende del concepto de laicidad. Garchitorena (y Sanguinetti con él), conciben la laicidad como la prohibicion de divulgar la religion de uno. La laicidad es justamente la contrario: la libertad para expresar publicamente la religion de uno sin temor a represalias. Claro que el Estado no sostiene religion alguna. Pero eso no obliga a los particulares a callarse la boca sobre que religion profesan.
    Por cierto: éste es el único país (con excepcion de Israel, los paises arabes y los regidos por el comunismo) en que el 25 de diciembre no se llama Día de Navidad. Gravisimo error. Por que el hecho de que el Estado sea laico no implica ignorar que es de tradicion y origen cristiano

  • Jose Garchitorena

    Estimado, nunca afirme que la laicidad sea “la prohibición de divulgar la religión de uno” . Eso sería atentar contra la libertad de culto.
    Por otra parte, no se debe confundir la laicidad, que solo se aplica para el Estado, con la libertad de culto, que se aplica a las personas no al Estado. Son conceptos complementarios pero distintos y lamentablemente se los suele confundir arribando así a conclusiones en mi opinión equivocadas.
    En cuanto a la fiesta del 25 de de diciembre, nada obsta que para un católico sea y la celebre como Navidad.
    Pero como no todos los uruguayos son católicos el Estado reconoce la fecha como dia de la familia para dar cabida a lo fe u opinión de todos.
    Gracias por sus comentarios

  • Cdmazal

    ” Secta Religiosa” ? ” afrancesamiento mental” ? Lo primero es falso y lo segundo es resultado del pasaje de Batlle por Francia que hizo de la nuestra una de las sociedad mas avanzadas y progresistas del mundo. La culpa este en otro lado. Buscala.

  • carlos

    Estimado, a pesar de la regularización Batllista de las conmemoraciones religiosas,muy pocas personas ( no conozco a ninguna) en el Uruguay, llama al 25 de diciembre, día de las familias sino Navidad como en todo el mundo. Ademas esta fecha la festejan sin darse cuenta personas de otras religiones.
    Apoyo su idea que no solamente a través de la practica religiosa se trasmiten valores, pero, lo que si es cierto, es que a través de la verdadera practica del cristianismo se trasmitieron y se trasmiten los valores que han hecho la cultura de occidente que nos enorgullece.
    Asimismo creo que la caída de valores, de la que tanto se habla en nuestra sociedad, es consecuencia de la aplicación de un laicismo como ideología (no laicidad), que lleva al hombre a la búsqueda de logros materiales por falta de pensamientos de trascendencia espiritual.
    Quizás mi pensamiento liberal cristiano me lleve a preferir que en las escuelas en vez de NO nombrar a Dios se enseñen TODAS las grandes corriente deistas del mundo , asi como las diferentes teorías de la creación o existencia primitiva del ser humano sobre nuestro planeta, eso sería laicidad.
    Yo no se que problema se hacen con las religiones y no denuncian ,en serio ,no pour le gallerie, las desviaciones de laicidad en la enseñanza, que le permite a algunos profesores y maestros apoyar diferentes ideologías políticas frente a los alumnos…yo creo que hacia alli tendría que apuntar los cañones y no hacia las religiones que enseñan valores de vida.

  • carlos

    Nadie puede discutir los avances sociales que imprimió el Batllismo a nuestra sociedad, pero el resultado al final de estos 100 años no creo que haya sido el mejor . Quizas fueron muchos logros en un pais rico y que nos transformaron en hijos de nuevos ricos sin amor a lo conseguido con sacrificio. No se olvide que nosotros no pasamos por la era industrial que tuvo europa en el siglo 19, donde el hombre trabajaba de sol a sol en industrias extractivas o fabricas de producción .

  • Cdmazal

    Entendido Tocayo. Igual, mis abuelos que vinieron del norte de Italia a principio de siglo XX de una pobreza que cuando viaje a conocer como vivían quede sin palabras. Mi abuela, me contaban, con un solo vestido y medias en la nieve y los vecinos tirando en una olla con brasas todo lo que podían juntar. Ni querés saber que era. Así que vinieron y si trabajaron de sol a sol. Y ojo, todos tenían oficio o profesión pero sobretodo, se mataron trabajando en Uruguay. Y lo de ¨secta¨ me parece innecesario.

  • Cdmazal

    Excelente Jose.

  • Michel Varren

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  • Jose Zorrilla

    El laicismo en Uruguay es negar el origen cristiano del paìs, e imponer un trasnochado positivismo, que como el comunismo ya fue barrido en el mundo. El odio a los cristianos de Batlle, depues que la iglesia le dijo estaba mal haberse quedado con la mujer de su amigo, que vivia en su casa cuando su amigo estaba en Europa. Y no está en ninguna Constituciòn, cuando se recurre a la mentira para tapar el sol con la mano, es una confesiòn racional de su error. Ojalá lea una historia real de una santa como Santa Teresa, y pueda decir como Judith Stein: “Esto es la verdad”.