Viernes, 28 de julio de 2017

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La laicidad, otra vez

La laicidad volvió a ser noticia. Esta vez por la denuncia de su eventual violación en el liceo Osimani y Lerena de Salto, en el marco de una charla sobre el aborto y los métodos anticonceptivos, organizada por un grupo de madres.

Una diputada oficialista denunció que las organizadoras habían entregado a los estudiantes folletería con imágenes católicas y mensajes contrarios al aborto. La ministra de Educación y Cultura, de visita en Salto, declaró que se había violado la laicidad. El Consejo de Secundaria decidió iniciarle un sumario a la directora del liceo y separarla del cargo con retención de haberes.

A partir de las reacciones que generó, el episodio puede abordarse en dos vertientes: una, la decisión de las autoridades; otra, las discrepancias existentes en cuanto al concepto, el alcance y la práctica de la laicidad.

Teniendo en cuenta los hechos conocidos, puede concluirse que en el caso se violó la laicidad, lo que se confirmaría con el comunicado de los organizadores del evento, en el que se reconoce como “un hecho no previsto” que “…entregaron material adicional…folletos del crecimiento de la vida intrauterina…y… una maqueta en yeso de un feto de 10 semanas”.

Pese a ello, llama la atención la rotundidad de la medida adoptada por el Consejo de Secundaria.

Sin duda que resulta loable que las autoridades sean celosos guardianes de la laicidad. Pero convengamos que no se ha visto la misma rapidez y contundencia en otros casos en que se ha denunciado su violación. Y han sido varios.

Quedó la sensación de que las autoridades reaccionan en defensa de la laicidad cuando la presunta violación va en contra de sus convicciones y posicionamiento ideológico.

Si es así, no se estaría defendiendo la laicidad sino las creencias y los intereses de los gobernantes de turno. No se estaría velando por evitar el adoctrinamiento de los estudiantes sino cuidando que no sean adoctrinados por otros.

Por otro lado, el caso hizo que nuevamente se escucharan voces con interpretaciones a mi criterio equivocadas acerca de lo que la laicidad es y de cómo debe ser ejercida.

Como en ocasiones anteriores, nadie se manifiesta en contra de la laicidad, al contrario, todos se dicen partidarios de ella, lo que dificulta el debate.

Nuevamente se escucharon voces que confunden laicidad con libertad de culto, haciéndola aparecer como contraria a una determinada parcialidad religiosa o enemiga de la religión en general.

Se volvió a sostener que el verdadero sentido de la laicidad pasa por llevar a los centros de enseñanza los debates que se dan en la sociedad, a través de los medios de prensa, el parlamento o el quehacer de las diferentes organizaciones no gubernamentales.

Otra vez aparecieron quienes confunden educar con adoctrinar.

Los centros de enseñanza no deben ser el campo de batalla de quienes tienen opinión formada acerca de algún tema; solo tienen que dar al educando la información necesaria para que pueda formarse su propia opinión sobre el mismo.

Y eso no pasa por organizar debates entre los partidarios de la despenalización del aborto y quienes se oponen y menos recurrir a materiales tendenciosos hacia cualquiera de las posiciones.

La laicidad implica brindar información de calidad, seria y en cantidad suficiente, sin los condicionamientos de la opinión propia del que la brinda, para que cada uno pueda formar opinión fundada. Máxime cuando el auditorio son adolescentes y jóvenes.

La laicidad busca encarar los temas evitando que su exposición se realice a partir deposiciones, a favor o en contra, lo que en general lleva a enfrentamientos y enconos.

La democracia liberal ha reconocido y establecido la neutralidad desde el punto de vista religioso, filosófico y político en la organización de los servicios públicos, y en especial en la educación, ya que en ella se forman los futuros ciudadanos.

Porque como afirmara el prestigioso político socialista francés Jean Jaurès (1859-1914), “el laicismo de la enseñanza se confunde con el principio mismo de la República. El laicismo en la enseñanza es la libertad de la razón en la educación de las conciencias; y sin la razón, sin la íntima libertad de los espíritus ¿Qué sería de la República?

José Garchitorena

Autor: José Garchitorena

Abogado y funcionario. Actualmente es Ministro de la Corte Electoral. Integró el directorio de UTE entre 2010 y 2012. Miembro electo de la Junta Electoral de Montevideo (2000-2005). Integrante de la Asamblea del Claustro de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de la República entre 1987 y 1989. Afiliado al Partido Colorado desde 1983, fue Prosecretario General del mismo. Es miembro de diversas instituciones culturales y sociales. Colaborador de diversas publicaciones periodísticas. Es autor de los libros Manual Práctico de Derecho Electoral Uruguayo y de Historia de un mito, las elecciones de 1971 y la denuncia del Partido Nacional.