Viernes, 21 de agosto de 2015

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La recompensa está en la clasificación

No fue tan perfecta como su antecesora, ni siquiera tuvo el lustre que había aparecido por la firme postura de ir en la búsqueda del gol, pero igual dejó una recompensa muy grande para el fútbol uruguayo. Es así, a esta semana de Copa Sudamericana a lo mejor no la lustraron las lujosas combinaciones ofensivas, ni los exitosos embates a la red, pero terminó con la clasificación de tres equipos uruguayos a la segunda ronda.

Y no es poca cosa. Sobre todo cuando hubo que hacerle frente a uno de los problemas mayores que tienen los jugadores uruguayos cuando les toca actuar de visitante: la altura de Bolivia.

Allá arriba, cuando el oxígeno no llega de la forma que se espera, cuando las órdenes que emite el cerebro toman un camino tan sinuoso y complicado que las piernas parecen sordas, no queda otra que contar con un arquero maravilla o con hombres que se conviertan en leones para impedir el desmoronamiento total.

Allá arriba, donde las nubes son como collares de las montañas y por más que te esfuerces para evitar el ahogo hay minutos en los que después de un par de piques no sabés si estás en La Paz, Potosí o en la luna, no te queda otra que confiar que los rivales van a perderse inmejorables oportunidades de gol. No hay más remedio que creer que vas a conseguir hacer todo el tiempo del mundo pese al pelotón de alcanza pelotas que se acomoda al costado de la cancha para no permitirte ni una pequeña avivada criolla.

Allá arriba, primero a los 3.600 metros de altura de La Paz, Defensor Sporting tuvo un fenomenal arquero que se debatió contra los adversarios y contra los problemas de reacción que tuvieron sus zagueros. Solamente así, con la monumental actuación de Martín Campaña la violeta del Parque Rodó pudo sostener la plata que tenía en el banco tras los tres goles anotados en el estadio Franzini.

Volando, achicando, jugándose la ropa en el mano a mano, Campaña rechazó no menos de siete acciones que pudieron contribuir para que Bolívar lograra como mínimo la posibilidad de forzar los penales.

Allá arriba, también, pero a los 4.000 metros de Potosí, la gran historia de Juventud la construyeron los muchachos que pudieron aguantar los últimos 20 minutos de juego sin recibir un gol más. Después del cabezazo de Gilbert Álvarez, que puso el 2-0, la altura más importante de todas la tuvo el equipo de Jorge Giordano para despejar cuanto balón cayó al área y para cerrar todos los caminos que iban hacia el puesto de Fabián Carini.

Aunque los pulmones buscaban más aire del que entraba después de una corrida, el esfuerzo volvía a aparecer en la jugada siguiente. Y luchando, palmo a palmo, dando todo para beneficio del objetivo colectivo, hasta hubo un par de acciones que pudieron dar un tranquilizador 1-2 que erradicara del horizonte la amenaza de eliminación que supo tener a su favor el dueño de casa.

Es verdad que los dos partidos terminaron con derrota para los equipos uruguayos (lo que no deja de ser una señal para las próximas Eliminatorias mundialistas), pero lo relevante del asunto es que en este choque directo, en este frente a frente, el techo del mundo no pudo frenar las ilusiones de Juventud y Defensor Sporting.

Acá abajo, en tanto, sabiendo que solamente una hecatombe podía frustrar el pasaje a la nueva instancia continental, Gustavo Munúa determinó hacer muchas variantes en la integración titular de Nacional.

A lo mejor también colaboró el hecho de que Oriente Petrolero no se había mostrado como un equipo de temer en ataque. Lo que pasó es que el tricolor terminó siendo tan light como su opositor, por que faltaron los administradores del juego.

Si bien hubo, principalmente, en el primer tiempo posibilidades de adueñarse del marcador del partido, todo fue por obra de los desbordes o los centros que realizó Carlos De Pena. El resto no pudo entrelazarse como venía haciéndolo y los bolivianos terminaron jugando mejor que en Santa Cruz de la Sierra.

Por cierto, el partido terminó desdibujándose tanto que los arqueros tuvieron menos trabajo que los alcanza pelotas. Igual, con el 0-0, Nacional adentro, que era el principal objetivo de esta revancha.

El único que no pudo sonreír, el que mantiene la frustración deportiva por Copa Sudamericana, fue Danubio. El gran problema no fueron los antecedentes, ni siquiera el resultado adverso recogido en San Carlos de Apoquindo, porque el 1-0 podía ser remontado. El problema estuvo en el shock anímico que significó meterse un autogol en un partido que se presentaba parejo. Tras la peinada de De los Santos que descolocó a Torgnascioli, Danubio no consiguió pararse bien en los primeros 45 minutos y esa mitad se le escapó como agua entre los dedos.

El ingreso de Carlos Grosmüller le dio a los franjeados otra vitalidad en la gestación de juego, mejor utilización del ancho de la cancha y varios toques en corto que hicieron que el juego fuera más incisivo. El empate con golazo de Olivera y el remate del propio Grosmüller en el caño izquierdo de Toselli permitieron creer que el milagro era posible, pero Universidad Católica recuperó el control del partido gracias al destacado trabajo de sus volantes y la noche montevideana congeló el alma de los chicos de la Curva de Maroñas.

Edward Piñón

Autor: Edward Piñón

Periodista desde 1983. Comentarista de Fox Sports, FSRadio Uruguay y de A Fondo. Comentarista de Radio Cero 104.3 y ex editor de Deportes de El Observador y El País. Columnista de El Telescopio.