Lunes, 12 de febrero de 2018

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La salud publica en las redes sociales

Existen dos perspectivas para el estudio de la salud, que se interrelacionan entre sí pero que son de diferente abordaje y alcance. Estas son la salud individual y la salud pública o poblacional.

El estudio y análisis de la salud individual ocurre en los actos donde los protagonistas son el binomio médico paciente. El médico analiza la información disponible que tiene de su paciente y decide la conducta a tomar.

El caso de la salud poblacional, es abordada por la epidemiologia, la que establece entre sus cualidades – que por razones de extensión y alcance de esta columna no detallaré todas – la situación de salud de las personas en forma global, los riesgos a los que se exponen, las recomendaciones para prevenir o actuar sobre estos riesgos, aportando elementos al médico para llegar a un adecuado diagnóstico en el marco de la consulta individual.

El alcance que tiene la epidemiología y su impacto sobre el análisis de la salud de la población debe implicar a toda la comunidad, teniendo en cuenta el interés común de la información que esta provee.

A modo de ejemplo, cuando hay una epidemia (aumento de frecuencia de casos esperables) de enfermedad infecciosa (originada por un agente infeccioso, que llega a la persona por determinadas vías de transmisión sobre las que eventualmente se puede actuar), es recomendable que la información sobre la prevención de la misma llegue a todos los rincones de la sociedad.

Lo mismo ocurre para el caso de enfermedades frecuentes que determinan fallecimientos o afectación de calidad de vida en las personas aunque no sean enfermedades transmisibles. En nuestro país, las enfermedades no transmisibles son las más frecuentes y la primera causa de enfermedad y muerte de la población, entre ellas encontramos las cardiovasculares, las respiratorias crónicas, los accidentes y las oncológicas. En todos los casos hay factores de riesgo (elementos que aumentan la probabilidad de padecer una enfermedad) que al ser conocidos pueden prevenir la ocurrencia de las mismas.  Así como las enfermedades infecciosas o transmisibles pueden ser prevenibles controlando su agente patógeno, o su vector (el “vehículo” que encuentra el agente para llegar a la persona y enfermarla) o realizando una inmunización a través de las vacunas. Para el caso de las enfermedades no transmisibles la forma de evitarlas o prevenirlas es a través del control de sus factores de riesgo, por tanto, la mejor manera de que esto ocurra es conocerlos a cabalidad, sabiendo actuar sobre ellos.

Una dimensión no menor en estas situaciones es identificar para la población general la magnitud y gravedad de un problema.

Esto, también resultado de los análisis epidemiológicos, se logra conociendo elementos como la morbilidad (cantidad de enfermos como resultado del agente en el caso de la infección o cantidad de casos presentes en el caso de las enfermedades no transmisibles), la mortalidad ( el mismo caso anterior pero tomando en cuenta los fallecimientos), ambas cualidades siempre referidas a la población que está expuesta a la enfermedad que se analice. A modo de ejemplo, para los recientes casos de infección por Vibrio vulnificus, debe analizarse el problema relacionando las personas enfermas con la cantidad de expuestos a esta bacteria, que fueron los que se bañaron en el mar.

Otro elemento importante es, ante la exposición, cuantas personas enferman y cuantas mueren. Esto también dimensiona la entidad de la enfermedad y por tanto la preocupación que debemos tener frente a elementos que sugieran la misma.

Un ejemplo de enfermedad no transmisible y de alta morbilidad y mortalidad son los accidentes de tránsito. En Uruguay en 2017 la tasa de mortalidad por accidentes fue de 13.5/100000 habitantes y los lesionados fueron 27600 personas, 13% de ellos lesionados graves. Conociendo cifras de otros países, por ejemplo España, que tiene mortalidad por accidentes de tránsito de 2.5/100000 hab., podemos identificar aúnmás la dimensión del problema que es para nuestro país la situación de los accidentes de tránsito.

Las otras enfermedades no transmisibles comparten factores de riesgo, algunos de ellos altamente prevenibles a través de conductas saludables.

Para las dos categorías de enfermedades la población debe contar con información que puede ayudarlos a anticipar la enfermedad (prevención primaria), prevenir el agravamiento a través de diagnóstico oportuno (prevención secundaria).

En los últimos años estamos asistiendo a una gran revolución de intercambio de información a través de internet, redes sociales, etc. En Uruguay el acceso a internet es casi universal, por consiguiente, la accesibilidad a la información y las redes sociales es masiva.

Los organismos encargados de la información que estaba mencionando antes tienen canales en todas las redes, además de sus propias páginas de internet, donde alertan sobre situaciones emergentes, e instruyen para esa prevención primaria y secundaria. Las medidas para prevención de Dengue a través de la eliminación del vector (Aedes Aegypti), las primeras medidas de intervención ante un caso de mordedura de ofidio, o la promoción de la vacunación contra la gripe o la fiebre amarilla en caso de viajeros, son ejemplos de información ampliamente difundidos por los canales propios y los medios de información masiva.

Ahora bien, ¿cuánto de esa información es replicada por el resto de los ciudadanos, tal como sucede por ejemplo con otras situaciones que se publican más a menudo? Y me refiero al ciudadano común y el canal de las redes sociales.

Es frecuente ver que en las redes sociales se replica información sobre alertas climáticas, variaciones en vías de tránsito, además de las noticias diversas que tenemos a diario. Algunas son compartidas con propósito de información para prevención y otras para compartir el análisis de pensamientos sobre la noticia de que se trate.

No es nada frecuente que esto suceda en los casos de la salud pública y es una preocupación que parece oportuno transmitir. Aun existiendo canales de información precisos, comunicaciones para la prevención, estas no son entendidas como información necesaria de compartir.

La información es la “vacuna” más acertada para infinidad de cosas, la salud pública incluida. Por lo dicho, es pertinente insistir en la responsabilidad que tenemos todos los ciudadanos de cuidarnos unos a otros, y esto será posible en la medida de que cada uno de nosotros sea una caja de resonancia de las comunicaciones que los encargados de velar por nuestra salud realizan.

Por tanto, sumemos a toda la información y análisis que publicamos diariamente en las redes con gran reacción y velocidad, las recomendaciones que presentan los canales del MSP, de la UNASEV, de la OPS, entre otros. Recomiendo seguir esas cuentas y compartir lo que se informe por el bien de todos.

La salud de todos es cosa de todos. Comuniquemos, informemos, comprometámonos en mejorar las posibilidades de salud de todos los uruguayos. 

Comparto el link que se refiere a las recomendaciones del MSP para esta semana, especialmente sobre las situaciones excepcionales que pueden darse teniendo en cuenta el clima y las costumbres de salida de los uruguayos en estos días http://www.msp.gub.uy/comunicado/recomendaciones-del-ministerio-de-salud-pública-para-la-semana-de-carnaval

Cecilia Hackembruch

Autor: Cecilia Hackembruch

Doctora en Medicina. Especialista en economía de la salud y calidad de servicios de salud. Health senior manager. Directora de ISALUD URUGUAY, Escuela de Gestión de Ciencias de la Salud.