Jueves, 12 de octubre de 2017

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La segunda presidencia de Tabaré Vázquez, a mitad del camino

En setiembre se cumplió la primera mitad del gobierno de Vázquez. Este período, a diferencia de los anteriores, presenta algunas señales que dan cuenta de un contexto político mucho más adverso y desafiante para el oficialismo. Esas señales son fácilmente identificables. Se manifiestan en la agenda de gobierno, la producción legislativa y la opinión pública.

 

La agenda de gobierno

Hay una frase bastante popular en política que se le adjudica a un ex alcalde de Nueva York Mario Cuomo “las campañas se hacen en poesía, pero el gobierno en prosa”. Es una frase que calza perfectamente para analizar lo que ha sido esta primera mitad del mandato. La sensación generalizada es esa; un profundo contraste entre las promesas de campaña respecto a lo que vino después. En buena medida durante la campaña electoral del 2014 ya se avizoraba un horizonte más adverso.

La primera restricción con la que se encontró el gobierno fue una desaceleración de la economía en los años 2015 y 2016 y el incremento del déficit fiscal. Ese contexto se vio reflejado en los permanentes mensajes del ministro de economía pidiendo austeridad y mesura a los distintos sectores de la fuerza política. Ello se tradujo en la aplicación de un ajuste fiscal. También generó enfrentamientos con los sindicatos que, siendo los principales socios corporativos del gobierno, interpretaban esas señales como un freno a la redistribución del ingreso y al presupuesto público.

Por otra parte, el gobierno no pudo concretar una de sus principales promesas, relacionadas con una reforma educativa. El optimismo en cuanto a la aplicación de dicha reforma se reflejaba en la rimbombante metáfora “cambio en el ADN de la educación” a la cual Vázquez solía hacer referencia. Ese punto de su agenda le generó un adversario inesperado: los sindicatos y algunos actores del propio partido de gobierno. A ello se agregó el sector de Mujica que controla la ANEP. Los vetos a la reforma estaban claros.

La otra carta que tenía para mostrar el presidente era el Sistema Nacional Integrado de Cuidados. Fue una de sus promesas de campaña. Una política orientada a regular, proveer servicios de cuidados y formación para distintas poblaciones (primera infancia, personas en situación de dependencia y cuidadores). En este caso se logró avances mediante la votación de la ley 19353 que puso en funcionamiento el sistema, aunque se le recortó de manera sensible el presupuesto.

En el plano de la seguridad pública se planteó como meta bajar sensiblemente los delitos, principalmente rapiñas y homicidios. Si bien, aparentemente comienza a revertirse la tendencia creciente de estos delitos, ello no acontece de forma significativa, por lo cual la percepción de inseguridad de la población sigue en guarismos altos.

Por un lado, ya se avizoraba la existencia de una agenda de gobierno relativamente austera si se la compara con las dos administraciones anteriores del Frente Amplio. Pero a ello se agrega la baja capacidad de concreción de las promesas.

Como si fuera poco, las políticas de mayor impacto vienen por el lado fiscal y tienen que ver con los ajustes de tarifas que han permitido mejorar el resultado de las cuentas públicas. A ello se agrega algunos impuestos (aumento de la tasa consular que se aplica a productos importados, impuesto a la renta de las actividades económicas a la Banca de Quinielas e impuesto a la renta de las personas físicas a los premios de juegos de azar) que se activarán una vez que se apruebe la rendición de cuentas, actualmente en el senado.

 

El gabinete del presidente y la producción legislativa

Los frenos y bloqueos que ha recibido el gobierno han sido importantes.  En especial si pensamos en el veto a la mentada reforma educativa, o la productividad legislativa. Una lectura posible puede darse desde el ángulo de la estrategia gubernamental para distribuir cargos en el gabinete. ¿Por qué?  Básicamente porque en este tercer gobierno Vázquez ha cambiado la estrategia para otorgar los cargos en los ministerios. En los dos anteriores gobiernos del Frente Amplio, tanto Vázquez como Mujica fueron cuidadosos en otorgar cargos ministeriales en función del contingente legislativo de cada sector. En su primer gobierno Vázquez decidió colocar al frente de las carteras a los jefes de fracción, representando a la mayoría de grandes sectores en el ejecutivo. En la actual configuración, en cambio, no se observa un particular cuidado por los equilibrios y representatividad de los sectores políticos, sino que la estrategia es otra. La designación se orienta mayormente a cuidar la expertise técnica y confianza del presidente en los ministros.

En ciencia política se suele utilizar un índice para medir la proporcionalidad con la que se otorgan los cargos. Ese índice, conocido con Índice de Congruencia de partidos en el gabinete relaciona los cargos con la proporción de escaños en el parlamento[1]. Cuanto más cercano a uno, diremos que es más proporcional la asignación de cargos en el gabinete. Su adaptación para el caso de Uruguay, y particularmente para los tres períodos de gobierno del Frente Amplio nos da los siguientes resultados: Vázquez 0,801, Mujica 0,835 y Vázquez dos 0,6[2]. Por ende, vemos que la actual administración es la que presenta una distribución más desproporcional.

Es razonable pensar que dicha desproporcionalidad puede generar ciertas disconformidades en los sectores que no recibieron las carteras que aspiraban obtener en función de sus votos, y que por ende se vean en la necesidad de ser ciertamente hostiles en la negociación interna del trámite legislativo.

De hecho, si miramos la producción legislativa, en términos comparados con las anteriores administraciones del Frente Amplio, se verifica un proceso de ralentización en la productividad. Durante esta primera mitad de la legislatura se han votado 208 leyes. En la primera mitad de la legislatura 2005-2009 se habían votado 314 leyes, mientras que en la legislatura pasada se votaron 318. Tal es así, que previo a la renuncia del vicepresidente, Vázquez le había ordenado mayor efectividad legislativa a Sendic[3]. Recordemos que el vicepresidente es quien preside la Cámara de Senadores y oficia de intermediario entre el ejecutivo y el parlamento.

Ahora la vicepresidenta es Lucía Topolansky. A juzgar por sus primeras alocuciones parece llegar con el objetivo de efectivizar la sanción de varios proyectos de ley estancados en el parlamento. Entre ellos ha mencionado el proyecto que atiende a la situación de los “cincuentones”, afectados por el sistema de Afaps (Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional), la reforma de la caja militar de jubilaciones, proyecto sobre discapacidad en el trabajo, tipificación del femicidio entre los más destacados.

 

Opinión pública

Finalmente, las señales de alerta para el gobierno también se manifiestan en la opinión pública. La lectura que hace la ciudadanía sobre la “prosa” del gobierno revela el descontento. Estamos lejos del cambio de ADN en la educación, de la mejora en la calidad de varios de los servicios, de la accesibilidad de las viviendas para estratos bajos y medios bajos, o de la baja significativa en homicidios y rapiñas. En su lugar las notas destacadas del gobierno han sido el ajuste fiscal, el avance en el proceso de inclusión financiera, y la pelea que está dando por la venta de marihuana en farmacias.

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Fuente: Cifra Consultores

 

En el gráfico se aprecia la trayectoria de largo plazo de la aprobación del gobierno. El registro actual es el más bajo de la serie y se ubica en 32% tanto para el año 2016 como 2017.  El promedio total ha sido de 50%. Si la trayectoria siguiera el patrón de la administración Mujica cabría esperar para el año 2018 un repunte en la aprobación de la gestión. Para ello el gobierno deberá trabajar en zurcir las divisiones internas que se han generado por la renuncia del vicepresidente y plantear una agenda atractiva para la ciudadanía.

 

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La intención de voto también refleja el estado de ánimo de la ciudadanía. Como puede apreciarse, el desempeño del partido de gobierno tiende a correlacionar con la aprobación de la gestión del gobierno. En estos momentos se encuentra en los valores más bajos de la serie (24%), quedando por debajo del opositor Partido Nacional. Según la empresa consultora estos datos pueden varias, ubicando al Frente Amplio por encima o por debajo del Partido Nacional. Pero lo que se corrobora es una tendencia a la baja en la intención de voto al oficialismo

 

La otra mitad del camino

El balance parece ser bastante claro. La situación de esta mitad de mandato respecto a las dos anteriores presenta mayores complejidades para el gobierno. Falta de punch en la agenda, baja producción legislativa, y una opinión pública que muestra desempeños históricamente bajos para el Frente Amplio.

Sin perjuicio de ello, igualmente hay algunos factores que pueden contener o revertir esta situación. Por ejemplo, el arribo de una nueva inyección de capital en el rubro de la celulosa. Las negociaciones parecen estar avanzadas y no en vano el gobierno se juega a todo o nada por ese proyecto. En el horizonte no se ve mucho más, pero sería un logro que puede favorecer la imagen del gobierno y dinamizar la economía.

Sobre este último punto, la economía, también hay señales favorables al oficialismo. Hace unos días el ministro de economía Danilo Astori señaló que el indicio de crecimiento en el segundo semestre del año les da muy alineado a las previsiones del gobierno de crecimiento en el entorno de 0.5% para el 2016. Las proyecciones de las consultoras privadas mantienen perspectivas de crecimiento del PIB (3% para 2017 y 2018) a lo cual se agrega la proyección de suba del salario real. De ser así el gobierno estaría manteniendo uno de sus caballos de batalla más importantes, la redistribución del ingreso.

Finalmente, en lo que refiere a la opinión pública, no se puede perder de vista que las pérdidas del Frente Amplio en intención de voto siguen yendo mayormente a parar a los indecisos. Es decir, la oposición mantiene serias dificultades para tornarse en una oferta atractiva para desencantados con el gobierno.

 


 

[1] Véase Octavio Amorim Neto, 1998.
[2] Datos elaborados por el autor.
[3] http://www.elpais.com.uy/informacion/vazquez-ordeno-sendic-mas-efectividad.html

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.