Martes, 14 de noviembre de 2017

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La violencia con cara de mujer

“Un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse”. Gabriel Garcia Marquez.

 

 

Nelly, Lucielle, Lorena, Lorena, Carmen, Manuela, Maria Florencia, Melina, Maria Cristina, Fernanda, Sonia…..Patricia.

No son nombres tomados al azar.

Cada una de ellas, y algunas otras, tienen en común que fueron asesinadas este año por sus parejas, convirtiéndose una vez màs en la cara visible de la violencia contra la mujer, y la punta emergente de un enorme iceberg, cuya dimensión muchos desconocemos y que resulta  necesario ir rompiendo su estructura bajo la superficie, para que no existan más esos emergentes.

El 25 de noviembre de cada año, la UNESCO resolvió dedicarlo – luego del brutal asesinato de tres hermanas en República Dominicana (Las hermanas Mirabal en 1981) –  como jornada de sensibilización contra la violencia hacia la mujer en todas sus manifestaciones.

Me sumo a este intento de hacer visible un problema mundial que es muy importante también en Uruguay, y del que se habla bastante poco.

Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada“.

La violencia de pareja se refiere al comportamiento de la pareja o ex pareja que causa daño físico, sexual o psicológico, incluidas la agresión física, la coacción sexual, el maltrato psicológico y las conductas de control. Por su parte, la violencia sexual es cualquier acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual u otro acto dirigido contra la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de su relación con la víctima, en cualquier ámbito.

 


Las mujeres entre 15 y 44 años de edad corren mayores riesgos de ser violadas o maltratadas en casa que de sufrir cáncer, accidentes de vehículos, guerra y malaria, según estadísticas del Banco Mundial.


 

En Uruguay, durante el 2016, 700000 mujeres mayores de 15 años sufrieron algún tipo de violencia por su condición de tales. Reitero, en Uruguay. Esa realidad oculta, submarina, de la que solo se conocieron casi 30 muertes, tiene esa dimensión. Y las consecuencias no solo son personales, sino también transgerenacionales.

Todos los que estamos vinculados a la salud conocemos situaciones extremas como causa de internación sobre niñas, adolescentes y mujeres adultas víctimas de violencia.

También sabemos que muchas no son objeto de noticias públicas, ni siquiera las que sufrieron altos grados de flagelación y mutilación, y que eventualmente podrían haber tomado estado público.

Las mujeres que son internadas, algunas de ellas gravísimas, y que luego mueren o quedan mutiladas, formarían también parte de la punta de ese iceberg. Golpizas extremas, mujeres rociadas con nafta y prendidas fuego, niñas abusadas y mutiladas por su pequeño tamaño son algunos ejemplos de los que he sido testigo directo.

La violencia contra la mujer entonces en primer lugar es una deliberada violación a su derecho a su integridad y a su salud, es una flagrante violación a los derechos humanos.

La extensión de este problema, y la posibilidad de su prevención, nos obliga a toda la sociedad a intervenir para que podamos terminar con ella. Tenemos que convencernos que es inaceptable que en un país de poco más de 3 millones de habitantes, haya tantas que sufrieron violencia en un año, y muchas de ellas con secuelas extremas hasta la muerte.

Si bien la manifestación más ostentosa y frecuente de la violencia contra la mujer es la doméstica, con otro tipo de dimensiones y consecuencias debemos atender la violencia social, y laboral, que por la condición femenina se producen e incluyen en este marco.

La existencia del acoso laboral, el maltrato callejero, la burla, los comentarios irónicos, la exigencia de tomar algunos roles, son algunos de los ejemplos que diariamente muchas mujeres viven. Y la mayoría de ellas, ante estas situaciones de violencia moral, encuentran barreras para su defensa, por razones físicas, emocionales, o laborales, y silenciosamente van sufriendo convirtiendo ese dolor en un espiral de experiencias negativas de perjuicio personal y familiar.

De acuerdo a varios estudios, existen elementos predictivos de ejercer violencia o sufrirla, por lo que resulta pertinente tener en cuenta ¿Qué elementos aumentan para las mujeres el riesgo de sufrir violencia?

En tal sentido, podemos mencionar:

  • un bajo nivel de instrucción (autores de violencia sexual y víctimas de violencia sexual);
  • la exposición al maltrato infantil (autores y víctimas);
  • la experiencia de violencia familiar (autores y víctimas);
  • el trastorno de personalidad antisocial (autores);
  • el uso nocivo del alcohol (autores y víctimas);
  • las actitudes de aceptación de la violencia (autores y víctimas).

Entre los factores asociados específicamente a la violencia de pareja cabe citar:

  • los antecedentes de violencia (autores y víctimas);
  • la discordia e insatisfacción marital (autores y víctimas).
  • las dificultades de comunicación entre los miembros de la pareja.

Y entre los factores asociados específicamente a la violencia sexual destacan:

  • la creencia en el honor de la familia y la pureza sexual;
  • las ideologías que consagran los privilegios sexuales del hombre; y
  • la levedad de las sanciones legales contra los actos de violencia sexual.

La desigualdad de la mujer con respecto al hombre y el uso normativo de la violencia para resolver los conflictos están estrechamente asociados tanto a la violencia de pareja como a la violencia sexual ejercida por cualquier persona.

Consecuencias para la salud de la violencia domestica

Además de ser un tema trascendente en derechos humanos, la violencia hacia la mujer y la violencia doméstica en particular tienen varios efectos en la salud de ellas y de quienes de ella dependen.

La violencia de pareja y la violencia sexual producen a las víctimas supervivientes y a sus hijos graves problemas físicos, psicológicos, sexuales y reproductivos a corto y a largo plazo, y tienen un elevado costo económico y social.

A saber,

  • Consecuencias mortales, como el homicidio o el suicidio.
  • Puede producir lesiones, y el 42% de las mujeres víctimas de violencia de pareja refieren alguna lesión a consecuencia de dicha violencia.
  • Si ocurre durante el embarazo, aumenta la probabilidad de aborto involuntario, muerte fetal, parto prematuro y bebés con bajo peso al nacer.
  • Causa de depresión, trastorno de estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad, insomnio, trastornos alimentarios e intento de suicidio. Las mujeres que han sufrido violencia de pareja tienen casi el doble de probabilidades de padecer depresión y problemas con la bebida. El riesgo es aún mayor en las que han sufrido violencia sexual por terceros.
  • Entre los efectos en la salud física se encuentran las cefaleas, lumbalgias, dolores abdominales, fibromialgia, trastornos gastrointestinales, limitaciones de la movilidad y mala salud general.
  • La violencia sexual, sobre todo en la infancia, también puede incrementar el consumo de tabaco, alcohol y drogas, así como las prácticas sexuales de riesgo en fases posteriores de la vida. Asimismo se asocia a la comisión (en el hombre) y el padecimiento (en la mujer) de actos de violencia.

También y como si lo anterior fuera poco, se generan daños en los niños que viven en contexto de violencia doméstica, ya que pueden sufrir diversos trastornos conductuales y emocionales, así como mayores tasas de mortalidad y morbilidad en los menores de 5 años (por ejemplo, por enfermedades diarreicas y malnutrición).

El abordaje entonces de estas situaciones son transversales, interdisciplinares, y multidimensionales.

Las primeras barreras de contención están en la educación, en la seguridad pública, en la comunidad, como agentes promotores de educación para detectar problemas y para evitarlos, como remedio contra la indiferencia. También es necesario que nos involucremos en cada uno de los niveles posibles de la prevención, tomando conciencia del tema y denunciando situaciones que puedan estar en nuestro conocimiento.

Existen algunos de los instrumentos institucionalizados para poder ayudar a la mujer víctima de violencia, ya que poder referirla es un comienzo, por lo que brevemente y para finalizar esta columna los mencionaremos.

  • INMUJERES – División de Violencia Basada en Género por el teléfono 2400 0302 int. 5060
  • PROYECTO “ALTERNATIVAS HABITACIONALES TRANSITORIAS PARA MUJERES EN PROCESO DE SALIDA DE SITUACIONES DE VIOLENCIA DOMÉSTICA”
  • CASA DE BREVE ESTADIA PARA MUJERES CON RIESGO DE VIDA
  • ASISTENCIA A MUJERES VICTIMAS DE EXPLOTACION SEXUAL Y TRATA
  • Para solicitar información o ayuda a INMUJERES, se puede hacer telefónicamente al 0800 7272
  • Servicio gratuito de orientación y consulta, de la Intendencia de Montevideo con cobertura Nacional: 0800 4141,desde celular los 365 días del año * 4141. De lunes a viernes de 8 a 24 hs. Sábados y domingos de 8 a 20 hs.
Cecilia Hackembruch

Autor: Cecilia Hackembruch

Doctora en Medicina. Especialista en economía de la salud y calidad de servicios de salud. Health senior manager. Directora de ISALUD URUGUAY, Escuela de Gestión de Ciencias de la Salud.