Domingo, 12 de agosto de 2018

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Las nuevas Funes

El debate por la forma en que debemos hablar los uruguayos llegó esta semana al Senado.

Tratábamos la ley que regulará el Estatuto del Funcionario del Servicio Exterior cuando el tema se planteó.

El primer artículo establecía que “los funcionarios del Servicio Exterior están al servicio de la Nación“.

Se aprobó por unanimidad.

Luego llegó otro artículo que establecía que “los funcionarios del Servicio Exterior deben guardar absoluta reserva“ en determinadas circunstancias.

Tampoco hubo problemas.

Se siguió adelante con el articulado hasta que se llegó al artículo 6o.

La propuesta de redacción del oficialismo hablaba del cargo de Tercer Secretario/a.

Además expresaba que ese cargo sería ocupado por “ciudadanos y ciudadanas de menos de 40 años y con título universitario expedido por una universidad nacional“.

Acto seguido, en el mismo artículo se decía que también podía ser ocupado ese cargo por “ciudadanos con títulos expedidos en el extranjero“.

Me permití señalar un par de incongruencias.

La primera que tal cual enseña la Real Academia Española no es correcto utilizar el Secretario/a.

Al decir Secretario todos entendemos que es tanto para hombres como para mujeres.

De la misma forma que cuando se habían aprobado los primeros artículos y se había dicho “funcionarios“ no se había escrito funcionarios/as.

La segunda que, siguiendo el mismo razonamiento, no era necesario que el artículo dijera “ciudadanos y ciudadanas“.

Bastaba con ciudadanos.

Además en el mismo artículo en un inciso se decía ciudadanos y ciudadanas y en el siguiente sólo ciudadanos.

Ello generaba la duda de si en el segundo caso se había querido dejar fuera a las mujeres.

El tema, desde el punto de vista jurídico, no era menor.

Si quien quería redactar la ley de esta forma perseguía el interés de ayudar a las mujeres, las estaba perjudicando.

El intérprete de la misma al leer en una parte ciudadanos y ciudadanas y en otra sólo ciudadanos consideraría que en el segundo caso el legislador quiso dejar fuera a las mujeres.

Es decir se estaría estableciendo una discriminación.

Me sorprendió la reacción de las legisladoras (no los legisladores) del oficialismo.

Esgrimieron la existencia de un “manual de lenguaje inclusivo“.

De acuerdo al mismo nos dijeron que “no es necesario poner en todos lados ciudadano, ciudadana,  etcétera“ puesto que “lo que se busca es mostrar la voluntad del uso del lenguaje inclusivo“.

Siguieron adelante diciendo que “la regla del senador Bordaberry de que si se usa o/a una vez debe usarse en absolutamente todas las palabras no vale para los manuales de lenguaje inclusivo“.

El problema es más grave de lo que nos imaginamos.

No es ya solamente que nos pretenden decir como tenemos que hablar y le asignan al lenguaje una función que no es la de él.

El problema hoy es que pasan, ya con desprecio, por encima de la correcta forma de redactar las leyes.

Olvidan que las mismas serán interpretadas y que cuando su tenor literal es claro, no se puede recurrir a su espíritu, historia de su sanción o manual de lenguaje inclusivo para interpretarlas.

Si una ley dice, por ejemplo que la mujer gozará de seis meses de licencia por el nacimiento de un hijo no es lo mismo que si dijera que la mujer y el hombre gozarán de seis meses de licencia por tal hecho.

Si una ley dice que los funcionarios y funcionarias (hombres y mujeres) deberán acreditar estudios en una universidad nacional y además dice que los funcionarios también pueden acreditar estudios en una del exterior, el intérprete entenderá que se quiso privar a las mujeres de ese derecho.

La cuestión deja de ser oponernos a los fundamentalistas (¿o debo decir los y las fundamentalistas y fundamentalistos?) que nos pretenden imponer la forma en que debemos hablar.

La cuestión pasa por hacer lo que hay que hacer que es pensar en la persona que interpretará y aplicará la norma legal que aprobamos.

La ley requiere precisión.

Está se logra utilizando las palabras y el lenguaje en la forma en que todos los entendemos. Es lo que hace la Real Academia de la lengua. No crea palabras ni formas de hablar sino que recoge la forma en que lo hacemos y entendemos.

La reacción en la Comisión fue virulenta.

De enojo.

Luego de expresar cosas como que tener esta discusión generaba impaciencia (una clara muestra de la falta de tolerancia) y que un republicano de todo lo que proviene de “Real“ (por la Real Academia) quiere poco, nos enteramos que lo que estábamos haciendo no era sólo aprobar una ley.

Nos dijeron que estábamos “construyendo una nueva realidad con el lenguaje inclusivo“.

Su preocupación ahora es como hablamos, nos quieren imponer como hacerlo, esa es su prioridad.

Mientras se llenan la boca con su manual de ciudadanos y ciudadanas, secretario/a, etcétera, el Ministerio del Interior quieren dejar de custodiar mujeres amenazadas de violencia doméstica y no tiene presupuesto para comprar tobilleras electrónicas.

Mientras ello sucede, el gobierno municipal de Salto cierra la casa de acogida para las mujeres que denuncian violencia y no quieren volver a un hogar donde esta el violento que las puede asesinar.

Mientras esto pasa, el 40% de las mujeres en el Uruguay perciben, a igual tarea, capacidad y dedicación, menos remuneración que los hombres y no tratan un proyecto de ley que presentamos para solucionar esto.

Quedan bien con sus conciencias diciendo uruguayos y uruguayos, ciudadanos y ciudadanas, mientras aprueban normas que redactadas como las quieren redactar perjudicarán a las propias mujeres.

Funes, es un personaje memorioso de un cuento de Borges.

Recordaba todo y todo tenía un nombre distinto. Un pájaro tenía un nombre cuando lo había visto hace una semana, otro para cuando lo había visto ayer y otro cuando lo había visto hoy.  Así con todas las cosas.

Sin embargo, Borges sospechaba que tanta información y tantos nombres no le permitían a Funes  razonar con claridad.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 57 años.

  • Manuel Patrón Mederos

    Barranca abajo

    El viernes tres de agosto el diputado Ope Pasquet presentó un proyecto de ley sobre uso y enseñanza del idioma español.
    Contó con cuatro artículos y una Exposición de motivos dividida en 14 párrafos.
    El artículo segundo estableció:“En caso de duda acerca de la identificación o interpretación de las reglas del idioma,se consultará a la Academia Nacional de Letras”.
    O sea,es tal el desaguisado que quiere perpetrar el Frente Amplio con el uso del idioma—y ya lo está haciendo,factótum— que el diputado Ope Pasquet se vio obligado a escribir una verdad de Perogrullo.

    Sin embargo,los adalides del lenguaje inclusivo dejan huellas por doquier de su sempiterno desprecio por la verdadera inclusión:llamados públicos donde se pone tope de 35 o 40 años para poder participar de ellos,exigencias de presentar certificados de traumatólogos como pasó en un reciente llamado del Palacio Legislativo,desprecio sin par por el intelecto de la ciudadanía como cuando la diputada Susana Pereyra declaró que la policía a nivel internacional “no hubo elogios que no tuvieran con el país”.Y la frutilla del amasijo de palabras:los exabruptos de Lucía Topolansky y Rafael Michelini proferidos en sala donde se olvidaron de usar el lenguaje inclusivo(*).

    No sorprendería si en los llamados públicos para contratar personal el tribunal examinador le diera unos puntitos más,bajo cuerda,a los que viendo como viene la mano y desesperados por un trabajo,usan lenguaje inclusivo en las pruebas escritas.

    Si estos y otros hechos forman parte de la inclusión más vale no enterarse del momento en el cual se comience a practicar la exclusión.◘

    (*)Crónicas del Este.“Erode Ruiz anda bien acá en Maldonado:tiene todo controlado”.27/07/2018.-

  • Manuel Patrón Mederos

    Propiedad privada

    La senadora Constanza Moreira preside la Comisión de Asuntos Internacionales donde se trató el proyecto de ley sobre el Estatuto del Funcionario del Servicio Exterior.
    En la discusión sobre el uso del lenguaje inclusivo la senadora Moreira afirmó que “esto es muy serio;no es para tomarlo a la ligera”.

    Quienes sí parece que lo toman a la ligera o no comparten los desvelos de la senadora son los encargados del portal de la Presidencia de la República Oriental del Uruguay.
    En un artículo publicado el 25 de noviembre de 2015 se lee:“Alfonsina Maldonado,con la Sra.María Auxiliadora Delgado de Vázquez”.
    Y en otro artículo de fecha 11 de mayo de 2017 se repite el lenguaje excluyente:“María Auxiliadora Delgado de Vázquez se reunió con la primera dama italiana,Laura Mattarella”.

    En cambio,no aparece ninguna nota donde para referirse al Presidente de la República se escriba:Tabaré Ramón Vázquez Rosas de Delgado.
    Con seguridad la senadora Moreira habrá llamado repetidas veces al Presidente para exclamar:¡Para cuándo,Tabaré,para cuándo,para cuándo vas a ser de Delgado…! ◘

  • alejandro1962

    Hay normas sobre el femenino de profesiones y titulos. Pero se aplican EXCLUSIVAMENTE cuando nos estamos refiriendo a una persona concreta que ocupa el cargo y es de sexo femenino. En todos los demás casos se usa el masculino. Por cierto: entre esas reglas figura que cuando el masculino termina en a no hay femenino. Eso no es así en todos los idiomas: hay idiomas sin género gramatical (como el
    90% del inglés, el finés, el coreano, el turco o el japonés) o con
    posibilidad al género neutro (como el alemán)