Jueves, 9 de febrero de 2017

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Las políticas públicas en tiempos de dispersión

Las casi dos décadas transcurridas del nuevo siglo no dejan de depararnos sorpresas, convirtiendo los hechos excepcionales, con frecuencia, en eventos normales.

Así, por ejemplo, pudimos percibir que la crisis económica mundial que se registró en el año 2008 interrumpió un proceso de expansión económica internacional que había comenzado en los primeros años del nuevo siglo.

Esto nos llevó a que los países con el antecedente histórico de la crisis de los años 30 reaccionaran de manera presurosa recogiendo las enseñanzas que surgían de ese período álgido de la humanidad.

Así se instrumentaron políticas monetarias y fiscales expansivas con la finalidad de evitar el riesgo de una depresión económica – que aún persiste en forma latente en nuestros días – como forma prudente de enfrentar a los desafíos que promueven los convulsionados nuevos tiempos.

Las amenazas que se generaban a partir de la situación que prorrumpía con intensidad obligaron a generar instancias de coordinación internacional que permitieran desenvolver acciones conjuntas de política macroeconómica y financiera.

El mundo ya conocía por experiencias anteriores – en especial a partir de la segunda post guerra mundial – una serie de variadas formas de colaboración que se habían plasmado en instituciones de amplio espectro para enfrentar los problemas globales.

Así por ejemplo para abordar el problema de la interdependencia entre los países y la necesidad de crear bienes públicos globales, en el transcurso del tiempo se habían implementado entidades financieras multilaterales, tratados de navegación, las pautas para el manejo de las enfermedades contagiosas, la interconexión de las comunicaciones, la creación de la Organización Internacional del Trabajo y una serie de acuerdos internacionales que permitieron expandir los diversos procedimientos de asistencia mutua.

Adicionalmente se procuró satisfacer también las necesidades de generar prestaciones mínimas asociadas para todos los ciudadanos del mundo y la reducción de las desigualdades internacionales derivadas de los diferentes niveles de desarrollo.

Lo evidente es que la nueva realidad de nuestro tiempo ha intensificado las relaciones que se producen a través de las fronteras estatales debido a los movimientos inducidos por el comercio, el turismo, la expansión de las actuales tecnologías ensambladas con el campo de las comunicaciones y una vasta red de relaciones transnacionales entre ciudadanos privados, asociaciones y empresas transnacionales.

De esta manera, si bien el Estado Nación continúa siendo un actor fundamental del nuevo mapa global, los inéditos fenómenos y eventos que se manifiestan ponen en evidencia que la política nacional ha dejado de identificarse con el espacio donde se juega el destino de la comunidad nacional.

Por otra parte estamos viviendo una recomposición de las relaciones internacionales con un nuevo entramado que promueve una distribución del poder entre las distintas zonas geográficas y potencias que procuran afianzar su influencia regional y mundial.

Se constata, a la vez, un proceso de dispersión de fuerzas que se ha vuelto más notoria con el cúmulo de sucesos impactantes acaecidos en el último año como son el Brexit y el posible inicio de la fragmentación de la Unión Europea, las elecciones americanas, el restablecimiento de la expansión de la influencia rusa a través de sus acciones en Crimea, Ucrania y su intervención determinante en el conflicto sirio así como su manejo preciso y dominante en la región del Medio Oriente en la cual su tradicional país oponente ha obtenido más fracasos que éxitos.

Desde una visión mas ampliada observamos que China en su ascendente camino a ser considerada una potencia mundial de relieve generará nuevos acontecimientos que tendrán una señalada influencia en el devenir de la escena internacional ayudada por una nueva administración estadounidense que tras la renuncia del acuerdo transpacífico le cede su espacio en el continente asiático.

En principio sus relaciones con el nuevo liderazgo surgido de las elecciones americanas son impredecibles luego de las definiciones de Trump acusando a los gobernantes chinos de manipulación de variables claves de su economía.

Paradojalmente la República Popular de China defensora del libre comercio frente a los futuros embates proteccionistas americanos será la defensora del statu quo del comercio mundial luego de las experiencias del Brexit y el futuro cerramiento de la economía de la actual primera potencia.

No podrá olvidarse tampoco que las relaciones sino- rusas han avanzado fuertemente en los últimos años y algunos analistas la describen como una era excepcional del relacionamiento de ambas potencias expresada por las declaraciones de Putin que ha manifestado que sus concordancias son algo más que estratégicas y superan a las establecidas hace 20 años entre Yeltsin y Jiang Zemin.

Todos estos eventos de amplia dispersión ponen de relieve la necesidad de contar con instancias de coordinación internacional que permitan acciones conjuntas de política macroeconómica y financiera las cuales eviten el desarrollo de prácticas comerciales desleales y permitan reforzar las políticas nacionales implementadas para atender a las demandas de las economías locales.

En este marco diversas instituciones internacionales en los últimos años han procurado intentar atender a este panorama tan fluido y dinámico procurando alentar medidas tendientes a facilitar la conexión de los distintos emprendimientos nacionales.

Entre ellas se destacan el grupo de los 20, los organismos financieros multilaterales ya sean de alcance global o regional, la Unión Europea, la OCDE, y los diversos tratados que se han implementado entre los diversos países.

Quien ha querido asumir una mayor posición de liderazgo entre estos organismos es el grupo de los 20 que luego de la crisis del 2008 tuvo un papel destacado que lo llevó a coordinar los esfuerzos fiscales y monetarios globales y que tuvo éxito en frenar a la tendencia descendente en los álgidos momentos de la recesión internacional.

Posteriormente, una vez superado lo peor de la crisis este grupo tendió a debilitarse en la medida que se iban planteando visiones distintas de sus países miembros.

En particular se hizo evidente esta situación durante la denominada “guerra de las monedas “en la cual las políticas monetarias propiciadas por los países desarrollados llevaban a que se apreciaran las monedas de los países emergentes y se manifestara una alta volatilidad de los flujos de capitales.

Esto produjo cierta reacción en algunos países subdesarrollados que intentaron limitar el ingreso de los capitales concepto que originalmente no era aceptado por los organismos financieros multilaterales los cuales posteriormente variaron sus ideas sobre el tema y aceptaron ciertas restricciones.

Complementariamente algunos organismos internacionales procuraron aportar conceptos que redefinieran el contexto actualmente emergente en el cual se ha hecho evidente que es preciso enfrentar algunos efectos perniciosos de la globalización y en particular cabe mencionar a la UNCTAD, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo, que plantea la necesidad de establecer una mayor cooperación internacional para mitigar las asimetrías que caracterizan al sistema económico internacional de las cuales destaca las más importantes, a saber:

  • Las tecnológicas y productivas, que se relacionan con el hecho de que el progreso tecnológico se ve altamente concentrado en unos pocos países desarrollados, y su difusión es imperfecta y más costosa debida al pago de derechos de propiedad intelectual.
  • Las financieras y macroeconómicas, que se vinculan al hecho de que el sistema monetario mundial se basa sobre las monedas nacionales o regionales de los países desarrollados y que existe un grado significativo de segmentación del mercado financiero que limita el espacio de maniobra de los países en desarrollo para adoptar políticas macroeconómicas contracíclicas.
  • Las asimetrías en el grado de movilidad de los factores de producción, en particular la limitada movilidad de la mano de obra no especializada respecto de la especializada, y sobre todo, del capital

Es evidente que las decisiones políticas públicas en estos tiempos inciertos, dinámicos y altamente volátiles en los cuales se reconfigura un escenario de poderes dispersos en el cual la economía mundial terminará adaptándose al mismo – probablemente desde una visión microeconómica empresarial alentada por el nuevo liderazgo americano – no pueden ser enfrentados sino con una visión abarcadora de todos estos fenómenos
Esto requerirá, desde ahora, una visión prospectiva de nuestro país para no perder pie en la marcha oscilante del contexto universal y la acción de las instituciones globales.

Y esa visión deberá atender a la dinámica impresa por los nuevos eventos así como a la reconfiguración de las instituciones internacionales que también deberán replantear sus objetivos.

Lo que surge de nuestra realidad es otro enfoque: Podemos comprobar que habitualmente el diseño de políticas públicas adolece de escasa profundidad estratégica e insuficiente perspectiva de largo plazo. Ello limita la posibilidad de aprovechar oportunidades o contener riesgos a tiempo.

Como ejemplo a tener en cuenta numerosos países desarrollados de Europa y Asia han fortalecido estas capacidades creando las instituciones apropiadas. En particular, estos países abordan los temas de gobernabilidad, desigualdad, productividad, integración y alianzas internacionales, desarrollo sustentable y cambio climático.

Cuando profundizan sus análisis toman decisiones sobre aquellas áreas que ameritan un seguimiento permanente, incluyendo en sus proyecciones las estrategias y políticas de las naciones avanzadas e innovadoras.

Es decir que técnicas para afrontar estos tiempos confusos y dispersos ya existen y no se trata de ningún secreto ni siquiera bancario.

Como se ve se trata de observar todo el panorama global y no entusiasmarse con la participación ocasional en alguna subcomisión de los tantos organismos débilmente legitimados que abundan en la escena internacional, salvo que queramos instalar un club de fans de alguno de ellos.

Ya lo ha dicho Xi Jinping en la reciente reunión del Foro Económico Mundial en Davos cuando criticó a dichas instituciones mundiales por “inadecuadas” ya que son poco representativas.

¿Dudaremos de sus palabras progresistas?

Isaac Umansky

Autor: Isaac Umansky

Contador Público y Economista (UdelaR). Desempeñó el cargo de Contador General de la Nación y Director de la Comisión Nacional de Informática en el período 1985-1990. Profesor Economía, Finanzas Públicas y Administración en la F.C.C.E.E. (Udelar). (1969-1984). Consultor nacional e internacional en proyectos de Administración Financiera Pública y Gestión Pública (BM, BID, CEPAL, Agencia de Cooperación Sueca y la Unión Europea en Chile, Costa Rica, México, Bolivia y Cuba (Desde 1990 hasta la actualidad). Ex Presidente de la Asociación Uruguaya de Contabilidad y Presupuesto (ASUCYP) durante varios períodos. EX Vicepresidente de la Asociación Internacional de Presupuesto Público (ASIP) 2 períodos. Miembro del Consejo Internacional que emite las Normas y Estándares del Sector Público (IPSASB) de la Federación Internacional de Contadores (IFAC). Período 2010-2012.