Lunes, 24 de abril de 2017

MENU

Las tendencias que nos marcarán

El debate sobre la naturaleza del crecimiento económico en nuestros días – caracterizado por profundos y acelerados cambios- ha entrado en una nueva fase acorde a los desafíos que se plantean en los escenarios actuales

El rápido desarrollo de las tecnologías ha motivado que ingresen nuevos actores en la escena pública y como consecuencia de ello se ha comenzado a configurar una nueva lógica relacional.

Se ha establecido una cibercultura la cual está conformando una renovada realidad transformada en la que ingresan entidades colectivas inesperadas, y en que los vínculos interindividuales han sido impactados fuertemente, lo cual permitió ampliar el universo cultural del ciudadano moderno.

Hay autores como Jeremy Rifkin que nos están advirtiendo desde la década del 90 del siglo anterior sobre el fin del trabajo debido al advenimiento de las nuevas tecnologías y es interesante que este mismo autor en su libro sobre el acaecimiento de la reciente revolución industrial nos señale que “cada vez resulta mas evidente que necesitamos un nuevo relato económico que nos transporte a un futuro mas equitativo y sostenible “.

En ese sentido él destaca que las nuevas tecnologías – las de energía, la biotecnología y las comunicaciones en especial – conducen a una suerte de economía colaborativa adicional a la que ya existe y que se plasmaría en un modelo de emprendurismo social.

Y refuerza este concepto con estas consideraciones : “ Si hace 25 años nos hubieran dicho que al cabo de un cuarto de siglo la tercera parte de la humanidad se estaría comunicando – intercambiando audio, videos y textos – mediante inmensas redes mundiales que conectarían centenares de millones de personas y que el conocimiento combinado de todo el mundo sería accesible desde un teléfono móvil, así como que cualquier persona podría dar a conocer una idea, presentar o expresar un pensamiento a mil millones de personas al mismo tiempo, y que el costo de hacerlo sería casi nulo, nuestra reacción habría sido de incredulidad. Y resulta que ahora, todo eso es una realidad “

Esto lo lleva a escribir un voluminoso texto denominado “La sociedad de coste marginal cero “donde expone el gran cambio de paradigma del capitalismo de mercado y propone un gran número de alternativas enfatizando sobre el necesario capital social a construir.

Sostiene que existe una aproximación a un coste marginal cero y la posibilidad de producción de algunos bienes y servicios casi gratuitos como un resultado de los avances de la productividad.

Si bien esta es una visión generada en países desarrollados de punta su argumento principal no deja de tener interés como una posible tendencia a considerar.

Reflexiona que el aumento sostenido de la productividad será posible porque la naciente Internet de las cosas es la primera revolución de la historia basada en una infraestructura inteligente que conectará cada máquina, cada empresa, cada vivienda y cada vehículo en una red penetrante y lucidamente imaginativa formada por una Internet de las comunicaciones, una Internet de la energía y una Internet de la logística integrados en un único sistema operativo.

Si bien esta visión puede apreciarse como que está basada en un exceso de confianza en el desarrollo de las tecnologías no deja de ser provechosa en el sentido de marcar ciertas tendencias predominantes en los países mas avanzados.

Pero lo cierto es que en este enfoque subyace un principio de cuestionamiento acerca de la naturaleza del crecimiento económico en nuestro tiempo.

A su vez se observa una fermental actitud por parte de los analistas económicos que entienden que nos estamos introduciendo en una nueva fase de desarrollo de las actividades económicas y financieras que exigirá el replanteo de los variados instrumentos de la disciplina.

Los temas emergentes que demandan nuevas respuestas son caracterizados de tal manera que implican un primer reconocimiento: son diferentes de los que se han desenvuelto en las últimas décadas de forma tal que asoma una sensación inminente relacionada con la necesidad de transformar el marco referencial que orientará la discusión del progreso económico.

Una primera evidencia es que – como sucede habitualmente – comienzan a manifestarse distintas opiniones entre los economistas.

Y en ese sentido parece abrirse paso la economía de la complejidad que consiste en la aplicación de la ciencia de la complejidad a los problemas de la economía. Se percibe a la economía no como un sistema en equilibrio, sino como uno en movimiento, perpetuamente construyéndose de nuevo. Se suele utilizar el análisis computacional y no matemático para explorar cómo se forma y reforma la estructura económica, en continua interacción con el comportamiento adaptativo de los agentes en la economía.

Sin embargo la economía tradicional no pierde pie y reivindica los instrumentos clásicos para abordar los nuevos fenómenos que se procesan cada vez con mayor celeridad y extensión.

Así por ejemplo Dani Rodrik ha expuesto un pensamiento que se plasma en una afirmación que denota un creciente pesimismo en especial para los países en vías de desarrollo dado que entiende que el progreso tecnológico tenderá a decrecer y esta situación se dará en forma concomitante con las pérdidas que sobrevendrán a posteriori lo cual afectará a estos países que verán disminuidas las ganancias obtenidas por las ventas de sus materias primas de los últimos tres lustros.

Sin embargo los economistas que hacen predominar el enfoque tecnológico no se dejan arredrar por estos pronósticos y sostienen que el inicio de una cuarta revolución industrial bastante similar a lo que plantea Rifkin logrará compensar los efectos negativos vislumbrados por economistas como Rodrik.

Este cuarto movimiento industrial no se expresa por la aplicación de las tecnologías emergentes sino por la transformación que se puede dar a partir del aprovechamiento de la revolución digital precedente que es considerada como la tercera gran transformación de la historia económica.

Se basa en sistema ciberfísicos, que combinan infraestructura material, mecánica y energética con software, sensores, bio y nano tecnología así como el continuo avance de las comunicaciones.

No solo la manufactura se transformará de un modo radical que tendrá enormes repercusiones en el mercado del empleo sino que a su vez se potenciarán numerosas actividades a partir de la ingeniería genética y las neurotecnologías

Existen tres razones por las cuales no se debe visualizar estos fenómenos como una prolongación de los cambios generados por los sistemas informáticos y comunicacionales de los últimos años: la velocidad, el alcance y el impacto de los inéditos y emergentes eventos que harán diferente al escenario de los próximos años.

En particular la velocidad no encuentra punto de referencia en otros acontecimientos históricos vividos hasta el presente.

Ahora bien, echando una mirada a nuestra realidad podemos observar que estas señales de fuerte transformación también han llegado a conmover a nuestra administración gubernamental.

Y así podemos ver dos tipos de iniciativas de la misma que se buscan expresar a través de la aprobación legal de la puesta en marcha de un gran consejo de la competitividad sistémica integrada por un variado número de ministerios y agencias, así como una propuesta de llevar estos temas a una entidad que en el ámbito de las negociaciones laborales oriente la discusión del cambio tecnológico.

Tratando de reconocer cuales son las posibilidades de implementación que se pueden plasmar a través de estos proyectos debemos admitir, en primer lugar, que la competitividad sistémica no es un tema que pueda resolverse a través de un voluntarismo normativo dado que sus condicionantes son mayormente económicos y si hay un momento en que las limitaciones para conseguir el propósito enunciado son mas desfavorables podríamos decir es el período actual en que las contradicciones existentes en las variables básicas se manifiestan mas ostensiblemente

Por otra parte una administración publica como la actual en la que muchas veces procurar coordinar las acciones de los distintos niveles de una institución gubernamental ya sean divisiones, departamentos o secciones es una tarea estéril de la cual tenemos sobrados ejemplos, el intento de crear una supercomisión compuesta de varios ministerios para conjugar mancomunadamente los enormes desafíos de los cambios que se procesan es una tarea que linda con la ficción administrativa.

Si queremos atender a los problemas a solucionar en lo que refiere al ámbito laboral podemos tener como ejemplo la no implementación desde hace años de las recomendaciones de la OIT referidas al derecho de huelga y las ocupaciones en las empresas privadas debido a la intransigencia del sector obrero respaldado por las autoridades oficiales.

Si finalmente echamos un vistazo a la velocidad con que deben implementarse las decisiones tendríamos que referirnos a la inercia, diferimiento, irresolución de nuestros temas mayores (valga el ejemplo de la educación) para conocer nuestras remotas posibilidades de seguir el ritmo de la nueva era.

No es que no podamos abordar al tren que se está acelerando a nivel global, se trata de que ni siquiera conocemos la estación donde subirnos.

Cabe entonces citar a un analista de nuestro tiempo que nos recuerda que una sociedad no se define tanto por sus contradicciones sino por sus líneas de fuga.

Y de esas podemos exhibir una enorme cantidad. Nuestra sociedad tiene un inventario de ellas:

Por ejemplo no exigir responsabilidades políticas y administrativas en el ámbito público, no enfrentar temas claves que hacen al funcionamiento y futuro del país, exigir que se tomen las decisiones necesarias por encima de las corporaciones aún cuando tengan costos políticos ( para eso se eligen los gobiernos ) , demandar una agenda de mediano y largo plazo para tratar los temas relevantes que están hipotecando nuestros horizontes, y transparentar el accionar de todo el sector público del cual carecemos de información fundamental del denominado Estado paralelo.

Estas fugas no se agotan en estos temas pero indican como huimos cuando se trata de abordar nuestras responsabilidades colectivas.

Y para eso no basta con que el gobierno disponga de uno de los aparatos de comunicación más engañoso del que pueda recordarse en nuestra historia.

Isaac Umansky

Autor: Isaac Umansky

Contador Público y Economista (UdelaR). Desempeñó el cargo de Contador General de la Nación y Director de la Comisión Nacional de Informática en el período 1985-1990. Profesor Economía, Finanzas Públicas y Administración en la F.C.C.E.E. (Udelar). (1969-1984). Consultor nacional e internacional en proyectos de Administración Financiera Pública y Gestión Pública (BM, BID, CEPAL, Agencia de Cooperación Sueca y la Unión Europea en Chile, Costa Rica, México, Bolivia y Cuba (Desde 1990 hasta la actualidad). Ex Presidente de la Asociación Uruguaya de Contabilidad y Presupuesto (ASUCYP) durante varios períodos. EX Vicepresidente de la Asociación Internacional de Presupuesto Público (ASIP) 2 períodos. Miembro del Consejo Internacional que emite las Normas y Estándares del Sector Público (IPSASB) de la Federación Internacional de Contadores (IFAC). Período 2010-2012.