Miércoles, 20 de abril de 2016

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Lo que Dolores me enseñó

El 15 de abril de 2016 queda definitivamente en la historia de las catástrofes climáticas del Uruguay. Centenares de compatriotas ven sacudidos sus posesiones, con ellos sus sueños y expectativas. Y lo más desastroso es que algunos de ellos perdieron la vida de seres queridos o enfrentan dolencias de salud, agudas, de diferente entidad. Definitivamente además, muchas personas necesitarán una ayuda en su salud mental para superar el stress post traumático que naturalmente sufrirán de alguna u otra manera.

Esta gran tragedia nos ha demostrado también cosas positivas, que vale la pena destacar. Son innumerables las iniciativas solidarias a las que hemos sido convocados desde ese momento, por centros educativos, grupos de diversa procedencia, organizaciones sociales, entre otras. Solidaridad para donar elementos de construcción, de manera de reparar las pérdidas de infraestructura domésticas y todo tipo de elemento necesarios para  que los damnificados puedan tener una vida digna y poder recomenzarla de la mejor forma posible.

Muchas personas ofrecen también su propio trabajo, mayoritariamente de manera honoraria, para poder levantar esas casas, curar a los enfermos o ayudar emocionalmente.

Me he enterado que se han hecho cirugías de personas heridas, en ciudades cercanas, con profesionales de Montevideo, así como otros colegas han llegado desde otros puntos del país. Todo el apoyo es naturalmente bienvenido para paliar una situación tan grave y que necesita el esfuerzo y compromiso de todos, tal como está aconteciendo.

Sin dejar de reconocer que hoy la prioridad es esta tragedia, los invito a reflexionar en algunos puntos que yo he reflexionado y quiero compartir con ustedes.

De acuerdo al último censo publicado por el INE hay 21.385 personas cuyas casas no tienen condiciones de habitabilidad en nuestro país. Este indicador se define como “aquellas viviendas que se construyen con materiales de desecho y piso de barro, sin piso ni contrapiso”.  Si analizamos cuantas personas no viven en viviendas con espacios habitables razonables, esa cifra llega a más de 300.000 uruguayos a lo largo y ancho de todo el país.

Los números generalmente no transfieren la percepción de una foto o de visitar esos lugares. Pero si se visitan algunos barrios muy cercanos a la periferia de cualquiera de las principales ciudades del país, estos números significan viviendas con algunas chapas y techo de cartón o chapa, piso de tierra que se moja o inunda con cada lluvia, sin baño, con suerte “colgados” de luz eléctrica de alguna luminaria pública cercana o de algún vecino, con una o dos camas para toda la familia, y tantas otras cosas dolorosas. Son las viviendas que algunas veces son noticias porque en invierno se incendian por la precaria calefacción (vela o fuego) y porque desgraciadamente muchas veces conocemos  – los que trabajamos en la salud – por las consecuencias trágicas, no solo por fuego, sino por graves infecciones por el frío y tantas otras enfermedades. Y las personas que sufren esas contingencias, cuando algún canal va a ver qué requieren de ayuda y lo publican, piden “algunos palos y chapas”, no más, porque es lo que seguramente piensan que “merecen”.

Existen en definitiva miles de uruguayos que viven como si un huracán permanente pasara por sus vidas.

De acuerdo al censo de 2011 el 31% tienen alguna necesidad básica insatisfecha, pero concretamente lo de la vivienda, que es asimilable en primera instancia a la emergencia en que hoy se encuentran nuestros compatriotas, además de los descriptos al principio de la columna, son algunas decenas de miles.

En salud, conocemos que el acceso a especialistas y en particular algunos de ellos, es más difícil o al menos más dilatado que en Montevideo, aunque en la capital sucede lo mismo para algunos segmentos de población, o algunas instituciones.

Esta tragedia movilizó a decenas de especialistas hacia el lugar. Es trascendente que sucediera. Y muy honorable que ofrecieran sus servicios en forma gratuita, lo que refleja la gran solidaridad de todas las personas involucradas.

Pero siguen largas colas de espera en tal vez algunas de esas mismas especialidades para más personas en el interior, o en algunas instituciones en Montevideo.

Las poblaciones más vulnerables en todos los casos, de acuerdo al censo mencionado, es la infantil y adolescente. Ellos considerando el lugar de donde provienen, tienen diferentes causas de mortalidad, cosa que las estadísticas generales no reflejan. Porque esas condiciones de vida, hace que mueran de infecciones especialmente respiratorias más que de cáncer, traumatismos, u otras enfermedades que la globalidad de niños menores a 5 años fallecen. Hay innumerables trabajos científicos que así lo han demostrado.

De acuerdo a lo demostrado también en el censo 2011, proporcionalmente las poblaciones más vulnerables están en el norte del país. Son Artigas, Salto y Rivera. En Montevideo hay predominan en los barrios Casabó, Tomkinson, Casavalle, Pajas Blancas, Manga.

Días como el de hoy, domingo 17, que estoy escribiendo esta columna, con la copiosidad de la lluvia, seguramente estarán salvando lo que puedan de ropa y muebles para volver a hacer sus casitas, porque el barro que es su piso, debe haber destruido todo y el cartón que es su techo, no los ha podido proteger, al menos donde viven más de 20000 personas, sin contar las que viven en zonas inundables pero que no aplican para el INE como hogar con necesidades básicas insatisfechas.

Una vez más la vida, y la experiencia de la tragedia de compatriotas, nos da una nueva oportunidad.

En primer lugar, la disposición de todos los partidos políticos en colaborar para paliar la situación lo más rápido que se pueda. Aquí no hay colores, aquí hay compatriotas. Y necesitan ayuda urgentemente.

Luego, los colectivos ciudadanos que espontáneamente se han unido para pedir cualquier tipo de aporte desde ropa, portland, pañales, alimentos no perecederos, para los damnificados. Esto lo vemos frecuentemente en las grandes inundaciones, y merecen sin dudas un reconocimiento especial.

Leía ayer que de los primeros en llegar al lugar, porque es su función, más allá de la solidaridad que seguramente tengan por la gente, fue el ejército. Esos soldados y oficiales que la mayoría también tienen las mismas necesidades básicas insatisfechas, porque están totalmente sumergidos desde el punto de vista salarial, sin embargo dejan la vida en estas causas. (Aprovecho a recordar aquí a un gran amigo, compañero de escuela, el A/N Claudio Peluffo, oficial de la Armada, que en inundaciones del 97  en el litoral, con 27 años, murió al caer el helicóptero que pilotaba ayudando a la gente. Seguro, como él,  hay muchos más)

Y deje al final, a propósito, la ayuda médica. Por su trascendencia, sin dudas. No por ser mis colegas, sino porque pueden prevenir y paliar situaciones emergentes. De una gran importancia esta actitud. Y están asistiendo, aunque llegando desde Montevideo, en instituciones regionales, incluso quirúrgicamente.

Entonces me pregunto….en Dolores viven 17000 personas que perdieron todo, y que hoy son emergencia nacional, y es absolutamente justificado y eficiente abordar el problema en forma concentrada.

En este sentido, una vez que la emergencia pase, y que todas las situaciones que se viven en este momento comiencen a normalizarse ¿no es posible ayudar con portland a los 20000 ciudadanos que quedan en viviendas de precariedad en forma permanente? ¿O con ropa y alimentos no perecederos a muchos más que esos? ¿O integrar las fuerzas de salud y planificar una “puesta al día” de los que necesitan ciertos especialistas médicos para que no esperen más asistiéndolos cerca de sus ciudades y en Montevideo si la tecnología lo requiere?

Entonces, lo que nos enseña esta tragedia es que somos esencialmente solidarios. Que no vemos colores, ni religión, ni distinción de especie alguna cuando se trata de ayudar a compatriotas.

En definitiva, esta tragedia nos enseña que podemos sumar esfuerzos, que ello es posible para que  cada cual de acuerdo con sus posibilidades contribuya en la solución de problemas que día tras día se presentan en nuestra sociedad.

 

 


 

Infografía del censo 2011: http://www.ine.gub.uy/c/document_library/get_file?uuid=53e1cc75-480e-4442-bec2-3541bad10161&groupId=10181

Cecilia Hackembruch

Autor: Cecilia Hackembruch

Doctora en Medicina. Especialista en economía de la salud y calidad de servicios de salud. Health senior manager. Directora de ISALUD URUGUAY, Escuela de Gestión de Ciencias de la Salud.