Domingo, 29 de octubre de 2017

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Lo que una nueva planta nos está mostrando

Hay algo que está pasando inadvertido.

Es lo que nos están diciendo las negociaciones que el gobierno está llevando a cabo con UPM para la instalación de la tercer planta de celulosa en el país.

Lo que nos dicen esas negociaciones está muy a la vista pero nadie habla de ello.

Esas negociaciones y las exigencias, sensatas, de UPM nos dicen que el Uruguay no es viable en las condiciones impositivas y laborales actuales.

También que no lo es con la infraestructura que hoy tenemos.

Me explico.

¿Que está exigiendo o pidiendo UPM para concretar esa nueva inversión multimillonaria en el país?

En primer lugar, según ha trascendido, solicita exoneraciones impositivas.

Pide un régimen de zona franca y exoneración de impuesto al patrimonio para sus plantaciones, entre otras cosas.

Lo que quiere decir que con el actual sistema tributario que tenemos en Uruguay la tasa de retorno no justifica la inversión.

Es lo que vienen afirmando varios sectores productivos desde hace rato cuando señalan que la carga impositiva llegó a un techo ya incompatible con la rentabilidad mínima.

Tan es esto así que UPM si no se le dan esos beneficios no se instala.

Lo mismo sucedió con Montes del Plata, la planta que se encuentra en Conchillas.

Lo segundo que solicita UPM es infraestructura.

Una enorme inversión en infraestructura (tren, caminería, puerto, etc.).

¿Qué es lo que está exigencia nos está diciendo?

Nos dice que la actual situación de infraestructura no es sostenible con un desarrollo y hasta mantenimiento de las inversiones.

Aquí no hay dudas.

Es más, según trascendió, la empresa no decidirá su inversión hasta que, por lo menos, se comiencen y estén financiadas las obras.

No piden que estén terminadas pero si por lo menos iniciadas y financiadas.

Es lógico, sin esa infraestructura los costos y la viabilidad del negocio no existen.

Lo mismo le sucede a gran parte de la producción nacional.

Las rutas y caminos padecen la baja inversión de los últimos cinco o seis años.

Retraso que sufren quienes ya invirtieron en el país pero que quien va a invertir no quiere padecer.

Lo tercero que nos dicen las negociaciones de UPM tienen que ver con las relaciones laborales.

Según trascendió, no pide que se quiten beneficios laborales.

No pide baja de salarios ni quita alguna.

Lo que solicita son reglas claras, que se asegure que no habrá ocupaciones y que los reclamos se resuelvan rápidamente y por un tercero independiente.

El gobierno está tratando de lograr esto.

El reclamo es lógico.

Si se está a mitad de una inversión de esta envergadura y se procede a ocupar o parar la misma, el tiempo juega a favor del reclamante.

Son conocidos los padecimientos que en este terreno existieron cuando se construyó la planta de Montes del Plata.

De lo que se desprende que si no se da algún tipo de garantía de rápida resolución, por parte de un tercero independiente, y no se prohiben las ocupaciones será difícil que se concrete la inversión.

De nuevo, esto nos está indicando que sin esas garantías mínimas es difícil llevar adelante cualquier actividad.

Garantías que se exigen y por ende, va de suyo, hoy no tienen el resto de los que invirtieron en el país.

Estas tres cosas de que se carece hoy, carga impositiva sensata, infraestructura y garantías en materia laboral, son la muestra de las dificultades que tenemos como país para crecer.

A lo que se suma algo nuevo: el secretismo y la confidencialidad de las negociaciones.

Tuve el honor de integrar como Ministro del ramo el gobierno que concretó la inversión en la primer planta de celulosa en el país.

El del Dr. Jorge Batlle.

En aquel entonces no había fase 1, ni fase 2, ni confidencialidad.

Cada ministerio trabajó en el marco de sus competencias, dentro de las leyes vigentes y liderados por el Ministerio de Economía.

La única carencia que se encontró en aquel entonces fue la falta de un Tratado de Protección de Inversiones con Finlandia (que se aprobó con los votos favorables del Partido Colorado y del Nacional).

Pero cuando el gobierno del Frente Amplio negoció con Montes del Plata se dieron otras seguridades.

Por ejemplo que el Instituto de Colonización no haría uso del derecho de prioridad que le da la ley en algunas operaciones de compraventa de inmuebles rurales, o que si se aprobaba una ley que no permitía a los extranjeros ser propietarios de tierras en la frontera se dejaría fuera a Montes del Plata, o la exoneración del impuesto al patrimonio a quien es el mayor poseedor de tierras del país.

Las exigencias de UPM en infraestructura, impositivas y de relaciones del trabajo ponen de relieve  dos cosas.

La primera, que en las actuales condiciones es muy difícil la viabilidad de una inversión a mediano y largo plazo.

La segunda, que el país cambió.

Un republicano como Jorge Batlle no negociaba en secreto y con cláusulas de confidencialidad.

Nos instruía actuar dentro del marco legal, con profesionalismo y celeridad para concretar inversiones como esta.

En ese momento con escasos recursos el Ministro de Transporte y Obras Públicas tenía las rutas en perfectas condiciones y los puertos (en especial el de Montevideo y Nueva Palmira) invirtiendo para crecer.

El Ministro de Medio Ambiente exigía el cumplimiento de las normas ambientales de una forma tan buena que la planta de Fray Bentos ha sido inspeccionada muchas veces sin problema alguno.

Los otros ministerios actuábamos de la misma forma.

Hoy el país cambió.

Se negocia en secreto, la infraestructura ya no es suficiente, la presión impositivas aumentó y las garantías del derecho vigente parecen no ser suficientes como lo eran ayer.

Si, el país cambió.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 57 años.

  • Raul Eduardo Vinas

    ¿Y todo eso para que?

    Otra cosa que nos dicen claramente las “negociaciones” con UPM es que Uruguay no gana con la producción de celulosa en Zonas Francas.

    Les exportamos a esas Zonas Francas Celulósicas madera, (rolos y chips) y ellos producen y venden celulosa en lo que para UPM es su planta más rentable del mundo.

    ¿No será el momento de pensar en mecanismos de promoción industrial y no Zonas Francas a 30 años?

    Son empresas que además se autocompran casi 80% de la madera a sus propias forestales.

    La ley de Zonas Francas de 1987 es un instrumento que debiera usarse para emprendimientos que pueden instalarse en cualquier parte de mundo como los informáticos.

    Nunca para aquellos que procesan recursos autóctonos.

    Me recuerda un poco los enclaves coloniales ingleses procesando los productos de la India, China o África.

  • Juan

    leyendo esto, es como transportarse y ver uruguay desde afuera, y hay que estar jugado mismo para invertir en este pais.